Narel

Eddy Bonneville

Volver a pisar New York después de haber dicho que no volvería, es una realidad de la que quiero escapar, pero de la cual no puedo.

Alexander se ha convertido en padre.

¡Ja! ¿Quién lo diría?

Después de tanto, por fin encontró al amor de su vida.

¿Y yo? Yo a mi alma gemela.

Están destinados a encontrarse, mas no a estar juntos.

Suspiro mientras me adentro al auto que me llevara a donde Alexander.

Han pasado tres años, tres años después de la tragedia, tres años en los que me juré terminar mis sentimientos por ella, pero mentí.

No puedo.

Salgo del auto para adentrarme por los pasillos del hospital, y al doblar la esquina, la veo.

No ha cambiado en nada.

Sigue siendo la misma chiquilla de hace tiempo.

Observó su cabello recogido en una cola alta, tan sedoso y brillante.

Los recuerdos me inundan como olas en el mar.

Cada sonrisa, beso, abrazo, lagrima y cada te quiero…

Que tortura.

Espero a que desaparezca junto con su compañero de trabajo, Andrés.

He observado como la mira, y lo entiendo, es inevitable.

Pero no soy nadie para querer interrumpir en su vida.

Y guardando las ganas que tengo por acercarme, me voy sin mirar atrás.




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