4 días antes del secuestro.
Alena Ferrer
—Después de que se usara el santuario de Robert Stein, se mandó un equipo de los nuestros a cuidar el lugar, pero…
—¿Pero...?
—Ella es Sivdra, aproximadamente tiene 4 meses de nacimiento, el método que uso esta ves fue un poco diferente y más cauteloso, también, los agentes en cubierto no dieron con el asesino porque fueron sometidos por alguna extraña razón. Como podrás ver aquí —señala una imagen en especial—, ya el equipo forense está buscando algún rastro de ADN por medio de la mordida, también, en la parte izquierda de su ojo…
—No hay piel —digo con pesar.
—Así es, hay una pequeña posibilidad de que ¿Este comenzando con una fascinación por la carne humana, lo que ya es mucho por decir… en lo poco que me menciono Squiapelli, la destrozo, aunque la hubiésemos encontrado al tercer o cuarto día, no había nada por hacer?
>Tiene rastros de penetración muy toscos, en el informe estará todo detallado, pero… fue el. —Suspira— También, dejo un moño color negro y al lado una nota con sus iniciales.
E.N
—Y si miras detrás…
Tranquila detective, antes de que se fuera, me encargue de hacerla mujer.
—Trae a Alexander y al preso 0154, también llama a la madre de la niña… la chica del centro comercial.
🍼🧸
—¿Encontraron a mi bebe? ¿Dónde está? Por favor, respondan…
—Señora, le pedimos que se tranquilice, Alena vendrá en un momento y le dará la información suficiente.
—¡No! Yo necesito saber donde esta mi hija… por favor. —suplica y mi corazón se agrieta.
Suspiro abriendo la puerta de mi despacho. —Suleima, pasa por favor.
—Nadie me ha querido dar información sobre mi hija, por favor… ¿la tienen aquí? Ella… ¿Esta bien? —pregunta con ilusión.
—Necesito que tomes asiento y te tranquilices, ¿de acuerdo?
—No me pida calma cuando nadie me ha dado noticias de mi hija. ¿Dónde esta?
—Ella…
—Lamento la demora. —menciona Alexander mientras entra.
—Toma asiento por favor, mejor dicho, tomen asiento —hacen caso y tomo una gran bocanada de aire—, como saben, Sivdra fue secuestrada el 08 de diciembre en tu propiedad —señalo—, encontramos muy pocas pistas, y estas nos llevaban a lo mismo de siempre: nada. Teníamos un sospechoso —abro una carpeta y se las paso—, él es E.N, un asesino serial al que le llevamos la pista desde hace mas de dos años, pero siempre logra escapar y dejarnos en un callejón con la misma respuesta, y si nos remontamos al 30 de noviembre que fue cuando encontramos los mas de veinte cuerpos en la propiedad de Robert Stein, las pruebas iban dirigidas a el, hasta hace poco.
—¿Quién es?
—Royce Stteven, nacionalidad rusa, mide 1,96, tez blanca… lleva en prisión mas de ocho años por haber asesinado al violador de su esposa e hija, ¿a que viene esto? Todas las pruebas apuntan a él, pero, en esos días en las cámaras de seguridad se logra ver que estaba ahí en su celda, en ningún momento fallaron las cámaras.
—¿Posible aliado?
—Lo es, —suspiro pesadamente posando la mirada en Suleima—, dejando eso de lado… encontramos a tu hija-
—¿Dónde está? Quiero abrazarla por favor…
—Acompáñame. —asiente con lagrimas en los ojos.
—Alena —escuchó a Alexander y al verlo, niego.
Pasamos las oficinas yendo hacia la salida para poder ir l lugar en donde se encuentra su hija.
El camino es tenso, por mas que intento encontrar palabras, no puedo.
No es fácil.
Una ves estacionamos en el lugar, un pequeño gemido de dolor se escucha, pero decido ignorarlo y salir hacia la entrada.
—Por favor… —la oigo murmurar.
—Señorita Morgan, por aquí por favor. —comenta Squiapelli pasándome el folder en donde viene la autopsia.
Cuando pasa esto, de que las madres vienen a buscar a sus hijos, nadie dice nada.
Todo se queda en silencio.
Silencio que da la respuesta a su peor pesadilla.
El pasillo es largo, fúnebre, lleno de dolor.
Suleima observa todo sin poder asimilar esto.
Andrés está detrás de ella, con la mirada gacha.
Todos tenemos traumas dolorosos.
Unos más que otros, pero los tenemos.
Andrés los tiene.
Nunca me los ha confesado abiertamente, pero se que, igual que yo, perdió lo único que era su soporte.
Su familia.
Nos detenemos enfrente de una puerta, y haciéndonos a un lado, ella abre.
La camilla.
La sabana.
El olor a descomposición.
El color.
El cuerpo.
Su hija.
—No… no, por favor… Sivdra… —se acerca a paso lento, intentando no llegar a lo que es la cruda realidad. Una vez esta enfrente, quita la sabana y el cuerpo de su hija queda descubierto. —¡No! ¡No por favor! ¡Mi hija! No… —cae de rodillas mientras las lágrimas comienzan a caer por su rostro. —Por favor… regrésenmela… prometo que seré la mejor madre, les daré todo lo que quieran, pero devuélvanme a mi hija… por favor.
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Editado: 05.04.2026