Nasham

Segunda parte - Capítulo V

El patio trasero del claustro, repleto de jardines con bellas flores de todos los colores que adornaban el lugar, un par de pequeñas fuentes se ubicaban en los extremos del patio, usualmente lleno del bullicio de cadetes entrenando o pasando el tiempo en las múltiples banquetas, sin embargo, ese día había sido despejado; un silencio inusual flotaba en el aire, cargado de expectación y de la energía espiritual residual de cientos de pruebas pasadas.

En su centro se alzaba un majestuoso templete de columnas de mármol blanco enceguecedor, el techo terminaba en punta, recordando el arte gótico de antaño, al igual que los arcos que formaba con las columnas; su superficie era simple pero pulida, en el centro, sobre un pedestal de piedra, descansaba un bloque de metal del tamaño de un lingote de oro, su color era como la ceniza de un volcán; el Auritum.

Azath avanzó con pasos medidos, Elizabeth le había explicado que el Auritum era un metal nacido después de la Segunda Devastación, con la capacidad de sentir el Nasham del cadete y revelar su verdadera naturaleza en forma de arma.

Sentía decenas de miradas clavadas en su espalda; Marcus y tres de sus compañeros se encontraban a un lado con sonrisas burlonas; Julie, de forma tímida, observaba detrás del grupo; Iris vigilaba detenidamente desde las sombras de uno de los arcos, sus ojos verdes fijos e imperturbables; Alma se encontraba al lado de Celestine, con los brazos cruzados y una mirada inusualmente serena.

Celestine, con una expresión severa, pero con brillo en sus ojos, mezcla de curiosidad y temor, señaló el metal: "Este es el Auritum, no es un metal cualquiera, es un eco tangible de la guerra entre lo divino y lo infernal. Tú no lo manipulas, él responde a tu corazón... Coloca tu mano sobre él y transmite un poco de tu energía hasta que ocurra la forja".

Azath asintió, al poner su mano sobre el metal sintió una vibración sutil, como un latido dormido, respiró profundamente y concentró su Nasham, al principio no sucedió nada; algunos murmullos empezaron a levantarse y Marcus esbozó una sonrisa burlona… Pero entonces ocurrió.

El metal empezó a convulsionar, su estructura atómica comenzó a desquebrajarse, de su superficie empezaron a brotar gotas de metal líquido, brillantes como el sol, pero con un color escarlata, que flotaban y danzaban en el aire como si estuvieran vivas, el bloque empezó a derretirse, no como la cera de las velas, sino con una elegancia antinatural, todo el patio contuvo el aliento.

Las sombras se alargaron de forma antinatural, estirándose hacia Azath como si el las atrajera, la luz del sol pareció atenuarse en un radio de varios metros alrededor de él, creando un círculo de penumbra que no debería existir a plena luz del día.

El metal líquido, ahora una masa centelleante y pulsante, se dividió en dos torrentes gemelos que comenzaron a girar sobre sí mismos, tejiendo una forma con velocidad y precisión sobrenaturales, un zumbido de baja frecuencia hizo rechinar los dientes de más de uno, y su brillo fue tan enceguecedor que nadie pudo continuar observándolo.

Y entonces, allí emergieron.

Un par de armas gemelas se materializaron, muy similares a las temibles espadas-gancho de la extinta cultura china, pero su estética era totalmente diferente, con detalles que las hacían aún más letales.

Sus hojas eran largas y fuertes, terminando en puntas afiladas que parecían estar sedientas de sangre, su color ya no era el de la ceniza, sino un negro azabache tan profundo que parecía absorber toda la luz; sin embargo, emergían vetas internas de un color rojo escarlata, como ríos de lava corriendo bajo la noche, pulsando débilmente.

Las empuñaduras tenían una textura peculiar, como si fueran escamas, ofreciendo un agarre firme y natural, las guardas se ramificaban en una extensión curva semejante a una media luna que apuntaba hacia adentro, protegiendo los nudillos como garras metálicas, perfectas para atrapar, desgarrar o desviar golpes, de la parte inferior de cada empuñadura brotaba una extensión secundaria: una hoja adicional más pequeña pero igualmente afilada que se proyectaba hacia atrás, ideal para ataques sorpresa o estocadas invertidas en combate cerrado.

Cada arma era una sinfonía de muerte, diseñada para atacar desde múltiples ángulos simultáneamente.

Un suspiro colectivo, mezcla de asombro y pavor recorrió el patio: "¡Dios mío... son dos!" exclamó alguien. "Espadas gemelas... eso es..." murmuró Celestine, su severidad quebrantada por la incredulidad, sus ojos analíticos escudriñaban las armas con avidez: "No solo eso… El color, el diseño... no se asemeja a ningún elemento terrenal puro. Es como si el Auritum hubiera visto algo... más allá de la clasificación elemental".

Marcus palideció, su sonrisa burlona transmuto en una mueca de estupefacción que demostraba su amarga envidia, se alejó del lugar mientras sus tres compañeros lo miraban incrédulos, apretando los nudillos hasta que le dolieron mascullaba para sí mismo: "Imposible... yo siempre seré el hombre más fuerte de este maldito claustro".

Iris, oculta en las sombras, no se inmutó, pero sus ojos verdes se estrecharon peligrosamente, había confirmado sus sospechas. Recorrió con la mirada las espadas y luego clavó sus ojos en la espalda de Azath, evaluándolo, calculándolo, estudiándolo…

Julie, que había observado sin perder un solo detalle, retrocedió varios pasos, sus manos estaban temblando, su Dam'Avanim que había sido impresionante en clase, rodó por el suelo con un tintineo agudo, sus labios temblaban como si quisiera decir algo, pero las palabras se negaban a salir, esto... Esto era otra dimensión de poder.




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