Nasham

Segunda parte - Capítulo VI

Después de la prueba del Auritum, Azath necesitaba caminar y estar solo, despejar su mente del peso de todas aquellas miradas que aún sentía clavadas en su espalda, el claustro era enorme, sus pasillos se extendían como venas de piedra y decidió perderse en ellos por un rato.

La arquitectura lo sorprendió; arcos ojivales se elevaban hacia techos abovedados, columnas esbeltas sostenían el peso de siglos de historia reinventada, las ventanas, altas y estrechas, dejaban filtrar la luz del sol en haces dorados que cortaban la penumbra de los corredores, todo recordaba al arte gótico de antaño, esas catedrales majestuosas que él había visto antes de la Segunda Devastación.

Pero algo faltaba; no había estatuas de santos tampoco había crucifijos, ni siquiera pinturas de figuras religiosas adornaban las paredes, solo piedra desnuda, pulida y fría, "Curioso" pensó Azath, “típico de Lutero”.

Algunos cadetes pasaban cerca de él, sus conversaciones se detenían al verlo, Algunos lo miraban con curiosidad, otros con asombro; unos pocos, apenas perceptible, con miedo, Azath no les prestó atención, estaba más concentrado en la sensación extraña que recorría su cuerpo.

Puso su mano sobre su pecho, notaba un leve latido desde que las armas entraron en él, sentía como si algo viviera bajo su piel esperando a ser llamado, era una sensación antinatural, pero a la vez... Familiar y cómoda.

"Increíble", pensó al detenerse frente a uno de los arcos, observaba detenidamente la fuente del patio principal: "La humanidad ha avanzado tanto con el Nasham… Forjar armas con la esencia misma del alma, almacenarlas dentro del cuerpo como si fueran parte de uno... Hay mucho que puedo… "

— ¡Azath!

La voz lo sacó de sus pensamientos, se giró lentamente y Marcus estaba allí a pocos metros de distancia, con una sonrisa que pretendía ser amigable, a su lado, los tres compañeros que siempre lo acompañaban, formando una pequeña muralla de miradas intimidantes, Marcus dio un paso adelante, con las manos en los bolsillos y un aire de falsa casualidad.

Marcus: Impresionante lo de hoy, espadas gemelas... Nunca había visto algo así — Su tono era mesurado, casi cordial — Sabes, en este claustro, el reconocimiento lo es todo. Y tú acabas de ganarte bastante — Azath lo miró en silencio, sin cambiar su expresión, Marcus continuó, acercándose un poco más.

Marcus: Pero estas llamando mucho la atención y eso puede ser peligroso… Este lugar tiene sus reglas no escritas, sus jerarquías — Sonrió más ampliamente — Y si quieres estar tranquilo aquí, podría ser tu amigo, que dices.

Azath sostuvo su mirada por un momento. Luego, sin decir una palabra se dirigió directamente hacia la fuente, Marcus parpadeó, congelando su sonrisa y endureciendo su expresión.

Azath siguió caminando hasta llegar a la enorme fuente de piedra tallada que vertía agua cristalina en un estanque circular, el sonido del agua era tranquilizador, un susurro constante que ahogaba el ruido del mundo.

Se sentó en el borde de la fuente, cerrando los ojos y dejando que el sonido lo envolviera, uno de los lacayos de Marcus se adelantó molesto: “¡Oye! ¿Cómo te atreves a ignorar al señor Marcus?” Azath no abrió los ojos “¿Estás sordo?” Azath respiró profundamente, ya no podía oír el agua, luego, con voz calmada pero firme, dijo: “Ya escuché lo que él tenía que decirme y la verdad no me interesa… Les agradecería que hicieran silencio, me gusta escuchar el sonido del agua”

Los lacayos se miraron entre sí, incrédulos “¿Quién te crees que…”

“Te vas a arrepentir de esto” La voz de Marcus cortó el aire, pero había algo extraño en ella, sonaba... ¿Doble? Como si dos voces hablaran al mismo tiempo, una encima de la otra, más grave y oscura, apenas un susurro que se entrelazaba con la primera y sin esperar respuesta, se alejó con pasos rígidos y rápidos, sus lacayos intercambiaron miradas inquietas y confusas antes de seguirlo.

Marcus comenzó a rascarse el cuello, no con cuidado, sino con movimientos bruscos, desenfrenados, como si algo bajo su piel le causara una comezón insoportable, sus uñas dejaban marcas rojas sobre la piel.

Azath abrió los ojos lentamente, los observó alejarse, una expresión pensativa en su rostro.

"Algo no está bien con él" pensó.




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