Nasham

Segunda parte – Capítulo IX

La oscuridad de la noche envolvía la habitación cuando Azath sintió una presencia al otro lado de la puerta; tres golpes suaves, casi imperceptibles, resonaron en el silencio. Se incorporó de inmediato, sus sentidos demoníacos habían detectado una presencia al otro lado, Adam dormía profundamente en la cama opuesta, completamente ajeno al mundo exterior, su respiración era pausada y tranquila, perdido en un sueño del que no despertaría fácilmente.

Azath se levantó con cuidado, caminó hacia la puerta y la abrió apenas lo suficiente para ver el cabello blanco de Elizabeth brillando bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por las ventanas del pasillo: “Es hora” — Su voz era apenas un susurro — “Sígueme y no hagas ruido”

No esperó respuesta, dio media vuelta y comenzó a caminar por el pasillo con pasos medidos y silenciosos, Azath cerró la puerta con sumo cuidado y la siguió, sus pies hacían contacto con el frío suelo de piedra.

Caminaron en completo silencio a través de los laberínticos pasillos del Claustro, Elizabeth conocía cada rincón, cada sombra, cada ruta. Se cruzaban con algunas patrullas de Arcontes que simplemente ignoraban su presencia, bajaron por unas escaleras estrechas que Azath no había visto antes, descendiendo más y más hacia las profundidades del edificio.

El aire se volvió más frío y húmedo con cada paso, las antorchas en las paredes se hicieron menos frecuentes hasta desaparecer por completo, dejándolos en una oscuridad casi absoluta, Elizabeth encendió una pequeña llama en su palma, iluminando apenas lo suficiente para no tropezar.

Finalmente llegaron a una puerta de madera reforzada con hierro, cubierta de símbolos que Azath reconoció inmediatamente; sellos de contención demoníaca, Elizabeth sacó una llave antigua de su bolsillo y la insertó en la cerradura, el mecanismo giró con un clic metálico y la puerta se abrió con un chirrido grave… Lo que había al otro lado hizo que Azath se detuviera en el umbral.

Era una cámara circular de piedra negra, mucho más grande de lo que aparentaba desde fuera, el techo se perdía en las sombras, tan alto que la luz no alcanzaba a iluminarlo completamente, las paredes estaban cubiertas de símbolos grabados, no solo cristianos, sino de múltiples tradiciones; hebreo, latín, sumerio, incluso algunos que Azath reconoció del propio infierno.

En el centro de la habitación, tallado directamente en el suelo de piedra, había un círculo ritual elaborado, múltiples anillos concéntricos se entrelazaban formando patrones geométricos complejos; hexagramas, símbolos de invocación y contención se mezclaban en una sinfonía de conocimiento prohibido, pero lo que más llamó la atención de Azath fueron las estatuas.

Doce figuras de piedra se alzaban alrededor del círculo, cada una de más de dos metros de altura, no eran ángeles ni santos, eran representaciones de entidades demoníacas, criaturas aladas con cuernos retorcidos, garras afiladas y expresiones de tormento eterno, sus ojos eran cavidades vacías que parecían observar todo lo que sucedía en la cámara, Azath alcanzo a reconocer a ocho de ellas.

Elizabeth entró sin vacilar y comenzó a encender velas negras colocadas estratégicamente alrededor del círculo, una a una, las llamas cobraron vida, proyectando sombras danzantes que hacían parecer que las estatuas se movían.

Azath: ¿Qué es este lugar? — Su voz resonó en las paredes de piedra.

Elizabeth: Una cámara de invocación y contención — Respondió sin apartar la vista de su tarea — Construida hace siglos, los primeros luteranos no solo estudiaban la luz, también estudiaban la oscuridad. Creían que, para combatir a los demonios, primero debían comprenderlos — Terminó de encender la última vela y se volvió hacia él — Y tenían razón.

Azath: ¿Por qué me trajiste aquí? — Dio un paso hacia el interior, sintiendo cómo la energía de la habitación reaccionaba a su presencia, las llamas de las velas parpadearon violentamente y las sombras se alargaron de forma antinatural.

Elizabeth: Porque te entrenaré — Caminó hacia el centro del círculo y se detuvo justo en el borde — Por las noches, cuando los demás duerman... Como hijo de Satanás, tu cuerpo resiste mejor la falta de sueño que cualquier humano, aceleraremos tu aprendizaje.

Azath: ¿Acelerar?

Elizabeth: El entrenamiento normal con Celestine te dará las bases, la disciplina, el control físico — Su mirada se clavó en los ojos de Azath — Pero yo te enseñaré lo que ella no puede, te enseñaré a dominar tu verdadera naturaleza.

Azath: Me sorprende que tengas un lugar así en el Claustro ¿No se supone que esto está condenado por la Iglesia?

Elizabeth: La Iglesia condena muchas cosas — Respondió con frialdad — Pero eso no significa que sean del todo malignas, la hipocresía del Vaticano es infinita, condenan el conocimiento oscuro públicamente, pero en privado, algunos Ris-Cardenales lo usan constantemente — Se acercó a él, su mirada era penetrante — Dime, Azath. ¿Qué prefieres? ¿Seguir las reglas de hombres corruptos y arriesgarte a perder el control nuevamente? ¿O aprender a dominarte de verdad y que no vuelva a suceder una catástrofe? — Azath apretó fuertemente los puños y bajo la cabeza, sabía muy bien a que se refería con catástrofe, respiro profundamente acordándose de aquellos ojos azules y asintió — Bien. Entonces. Comencemos.

Se dirigió hacia una mesa de piedra ubicada en un extremo de la cámara, donde había varios objetos dispuestos con precisión, tomó un pergamino antiguo y lo extendió frente a Azath, estaba cubierto de símbolos y escritura en hebreo.




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