Aunque era de día, la luna menguante aún se distinguía en el cielo pálido del amanecer, la clase de Celestine comenzó muy temprano con una precisión casi militar; los cadetes ocuparon sus puestos en el patio trasero del claustro antes de que el último eco de la campana se disipara en el aire frío de la mañana.
Las dianas de entrenamiento, discos de piedra reforzada con sellos de contención grabados en su superficie que brillaban constantemente, estaban distribuidas a lo largo del patio en filas ordenadas, cada una separada por una distancia prudente.
Celestine caminaba entre ellas con las manos entrelazadas a la espalda, su voz resonaba clara y sin esfuerzo sobre el murmullo de los cadetes que terminaban de ubicarse
Celestine: Hoy practicaremos conjuros de ataque directo — Se detuvo frente a la primera diana — No es la primera vez que lo hacemos, así que espero precisión, no fuerza bruta — Sus ojos se deslizaron brevemente hacia Marcus — El objetivo es impactar el centro del sello, cualquier cosa fuera de ese radio es un error que anotaré.
Los cadetes comenzaron a dispersarse hacia sus dianas asignadas, Azath eligió la última diana, la más alejada, Adam se puso a su lado, bostezando. El cansancio de la noche anterior todavía pesaba en sus hombros, aunque lo disimulaba bien; siglos de práctica ocultando el agotamiento tenían sus ventajas.
Lo que no podía disimular tan fácilmente era aquella sensación extraña que llevaba desde el amanecer, era algo difuso, una interferencia leve en su energía, como si algo externo rozara constantemente su Nasham sin llegar a perturbarlo del todo; lo había atribuido al entrenamiento con Elizabeth, al desgaste acumulado.
Celestine: A diferencia de los cristales, que solo requieren un pacto sanguíneo, los hechizos ofensivos necesitan concentración y control. Una palabra mal pronunciada y el conjuro se desvía o explota en tus manos — Se acerco a Azath — El Nasham no es solo energía. Es voluntad. Si dudas, tu hechizo dudará. Si temes, tu hechizo temerá. Y si no lo controlas... Hizo una pausa y recorrió las dianas con la mirada — Dañará a quien tenga delante, así que ten cuidado.
Azath asintió, pero por su cuerpo recorrió un leve escalofrío, las palabras de Celestine le resonaron de forma incómoda.
Alma calentaba sus manos con pequeños gestos fluidos, preparando su Nasham con la naturalidad de quien lleva años haciéndolo. Más adelante, Iris respiraba profundamente con sus ojos cerrados, daba la imagen de intentar calmar sus emociones antes de realizar la prueba, Marcus un poco más lejos, lanzo una mirada venenosa a Azath antes de girarse.
Adam: ¿Tú crees que si lanzo el conjuro con los ojos cerrados cuenta?
Azath: No creo que a Celestine le haga gracia.
Adam: Lo intentaré igual.
Los primeros conjuros empezaron a sonar por el patio, frases en hebreo pronunciadas con distintos grados de fluidez, seguidas de destellos de fuego, ráfagas de viento, chorros de agua y golpes de tierra contra las dianas, el ambiente se llenó de energía espiritual en movimiento, densa y variada.
Julie lanzó una pequeña ráfaga de relámpagos que impactó contra su diana con un chisporroteo. Marcus golpeó la suya con una onda de tierra que hizo temblar el suelo. Adam, sin muchas ganas, lanzó un débil tajo de aire que rozó el borde de su diana.
Adam: Ahí está... Aprobado — Celestine lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada.
Celestine: Iris, espero tu conjuro.
La joven de cabello rubio asintió, separó los pies, alzó la mano derecha y pronunció las palabras en hebreo con una fluidez que seguía impresionando a varios cadetes.
De su palma brotó una esfera de luz cegadora que cruzó el aula en un instante y redujo su diana a cenizas, los grabados de contención no fueron suficientes.
Silencio.
Marcus: Siempre exagerando — Iris ignoró el comentario.
Celestine: Bien. Azath, te toca.
Azath tragó saliva, sentía todas las miradas sobre él, pero sobre todo la de Iris, que no parpadeaba, por un instante, la luz de la luna pareció intensificarse sobre su piel.
No era normal… Él lo sabía.
Azath respiró profundo, cerró los ojos un momento, concentrándose. El conjuro que Elizabeth le había enseñado la noche anterior era simple, diseñado para canalizar energía oscura en un punto concentrado, lo había repetido docenas de veces en la cámara, no debía ser difícil.
Extendió la mano hacia la diana y comenzó a pronunciar las palabras en hebreo, su voz grave y baja, casi inaudible entre el ruido del patio.
Entonces ocurrió.
Algo dentro de él cambió, fue apenas un instante, una fracción de segundo en que su Nasham pareció resbalar, como si el suelo bajo sus pies se hubiera inclinado levemente, la interferencia que había sentido toda la mañana se intensificó de golpe, empujando desde adentro hacia afuera sin que él pudiera anticiparlo.
Sus ojos, normalmente negros, destellaron; No en rojo como cuando perdía el control de su energía demoníaca, era otra cosa; una luz fría, plateada, quieta, como el reflejo de la luna en agua inmóvil, duró menos de un segundo y desapareció tan rápido que quienes lo vieron parpadearon, inseguros de si realmente había ocurrido.
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Editado: 10.05.2026