Nasham

Parte II - Capítulo XV

Iris se encontraba en la enfermería, veía como el personal vendaba su mano con delicadeza al tiempo que su dolor iba mermando, hablaban entre ellas de la extraña quemadura que el fuego le había dejado.

Doctora: Nunca había visto una quemadura así — Comentó en voz baja a su ayudante, sin darse cuenta de que Iris seguía escuchando cada palabra — Ni siquiera el fuego de un Multielementos deja este tipo de herida.

Enfermera: No sé qué clase de energía uso ese cadete, pero este tipo de fuego no es normal — Continuó envolviendo el vendaje.

Iris no dijo nada, observaba sus propias manos con una expresión impenetrable, aunque por dentro todo se removía. No era el dolor lo que la molestaba, era lo que el dolor significaba.

Alguien había logrado lastimarla.

Al momento que la enfermera apretó un poco su mano sintió un dolor punzante que la hizo apretar los dientes. Cerro sus ojos para calmar su dolor y recordó el plateado en los ojos de Azath, la forma del fuego negro y como se negó a apagarse.

Iris: ¿Cuánto tiempo tardará en sanar? — Abrió lentamente sus ojos.

Enfermera: Con el tratamiento adecuado, más de una semana, pero la cicatriz… puede que no se desvanezca.

Doctora: Puede… que la marca sea lo último de tus problemas — Cerro un libro donde estaba anotando el procedimiento — No tenemos ni idea de lo que ese fuego puede generar, es posible que llegues a sentir dolor durante toda tu vida, o puede que todo desaparezca en el transcurso del día.

Enfermera: Listo, termine de vendarte, procura no mojarla ni tensar los dedos por unos días — Iris asintió brevemente.

Iris: ¿Puedo estar sola un momento?

La doctora y su ayudante intercambiaron miradas, pero asintieron. Cuando la puerta se cerró tras ellas Iris logro suspirar, acomodo las almohadas lentamente y se sentó sobre la parte superior, apoyando la espalda contra la cabecera de la cama y recogiendo sus piernas, miraba directamente la ventana, ya la luna se había ocultado y el sol iluminaba todo el claustro, el dolor que tenía ya estaba desapareciendo, pero su mente estaba destrozada.

Lo encontré.

Llevaba casi un año, buscándolo. Nunca le dijeron un nombre, ni un rostro, solo la certeza silenciosa de que lo reconocería cuando estuviera cerca, que su propia naturaleza respondería a la suya como el eco responde al grito.

Sin embargo, aquel ataque no tenía solo naturaleza oscura, había algo más, algo que ella desconocía completamente, algo tan antiguo, como aquella época donde su hermano por primera vez piso la tierra.

Cerró los ojos, repasando el destello plateado una y otra vez. No había sido su elemento el que se lo advirtió esta vez, lo había visto con sus propios ojos, y una parte de ella sintió algo parecido al alivio mezclado con miedo.

Alivio porque ella ya había culminado su búsqueda; miedo porque encontrarlo era solo el principio, él apenas comenzaba a descubrir su propio poder, y mucho menos entendía lo que el destino había planeado para los dos.

No paso mucho tiempo antes de que unos pasos firmes y conocidos se detuvieran y abrieran la puerta.

Elizabeth: Me dijeron que hubo un incidente — La directora entró sin esperar respuesta, esperó a que la puerta se cerrara por completo antes de continuar, su expresión serena no ocultaba del todo la tensión en sus hombros.

Iris: Estoy bien — Se enderezó en la cama, con más orgullo que dolor — Solo fue una quemadura.

Elizabeth: Deja de fingir que estas bien — Susurro al tiempo que sus ojos recorrían la mano vendada de Iris con una atención que no pasó desapercibida.

Iris: ¿Perdona?

Elizabeth: No solo fue una quemadura — Se sentó en la silla junto a la cama, sin prisa — Celestine dice que necesito un conjuro muy avanzado para apagar el fuego.

Iris guardó silencio un momento, sopesando cuánto decir. Sabía que Elizabeth confiaba en Azath, lo suficiente como para haberlo metido en el claustro sin dar demasiadas explicaciones y también sabía que cualquier palabra suya podía tener consecuencias.

Iris: Fue un accidente — Dijo finalmente, aunque la palabra le supo amarga en la boca, la misma que había rechazado con furia horas antes.

Elizabeth: Claro que fue un accidente. El no lastima sin tener una razón — Susurro.

Iris: ¿Perdona?

Elizabeth no se inmutó, sus dedos se entrelazaron sobre su regazo con una calma que contrastaba con la tensión en sus ojos. Iris apretó la mandíbula, la venda en su mano crujió ligeramente.

Iris: ¿Sabes qué? — Bajó la vista a su mano vendada. El dolor físico ya se había desvanecido, pero el eco del fuego negro seguía vibrando bajo su piel — No confío en él

Elizabeth: No tienes por qué confiar en él…. al menos no todavía — Susurro levemente, Iris respiro profundamente ignorando lo último.

Iris: ¿Y entonces qué se supone que debo hacer? ¿Ignorar lo que vi? ¿Fingir que ese fuego era normal?

Elizabeth: No. Pero tampoco debes asumir que lo que viste es todo lo que hay — Iris alzó la vista, Elizabeth seguía mirándola con esa serenidad que parecía saber más de lo que decía.




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