Nassim "Los ecos del viento"

Capítulo 1. Nassim y la actual Zhephyris.

Desde que el abuelo partió hace ya siete años, los días en el pueblo se han vuelto insoportablemente aburridos. Sus historias al final del día, sobre el pasado de Zhephyris y las aventuras en reinos más allá del horizonte, daban vida a lo desconocido. Ahora, sin su voz ni sus gestos exagerados que intentaban añadir misterio y miedo a sus relatos, esas historias se pierden en mis pensamientos. El silencio ha tomado su lugar, dejando un vacío en mis días que ni siquiera la brisa constante enviada por nuestro dios Zephyro puede llenar.

Zhephyris sigue siendo hermosa. Su cielo despejado y sus campos dorados parecen haber sido esculpidos por manos divinas. Las aguas de sus ríos, cristalinas como espejos, susurran entre las rocas como si narraran una historia que todos deberían escuchar. Sin embargo, el viento nunca deja de soplar. Siempre está ahí, murmurando, arrastrando hojas, levantando el polvo del camino. A veces siento que intenta decirme algo, pero cuando presto atención, solo queda el murmullo de las hojas agitadas.

Lo único que irrumpe en este paisaje es el gran muro de neblina y viento que rodea al reino como un anillo. Según mi abuelo y los ancianos que dirigen el reino, este muro es la prueba del amor de nuestro dios, una barrera que nos protege del mal que habita afuera. Al menos, eso es lo que se ha contado de generación en generación.

Obviando esa parte, todo dentro de Zhephyris transmite una calma eterna, como si nunca hubiese ocurrido la tragedia que casi arrasó estas tierras hace generaciones. Pero basta con observar más de cerca para notar la grieta que esa tragedia dejó, una grieta que nos aparta del resto del mundo y mantiene al consejo de ancianos en constante alerta, temerosos de cada cambio extraño en el viento.

Mis padres, humildes mercaderes que han viajado de punta a punta del reino, han intentado llenar el vacío que dejó la partida del abuelo llevándome con ellos a cada rincón de estas tierras. Sin embargo, la monotonía no se rompe. He visto cada mercado, he caminado todos los caminos, pero algo dentro de mí sigue deseando más, aunque no sepa exactamente qué es. Solo sé que cuando el viento sopla con más fuerza, cuando cambia repentinamente de dirección, mi pecho se llena de una sensación extraña, como si algo dentro de mí despertara.

El viento sopla suave esta mañana. Ayudo a cargar cajas, cestos de hierbas medicinales y telas al carruaje para regresar a nuestro pueblo después de tres días de negociaciones en el pueblo vecino. Mientras mamá y yo esperamos a que mi padre termine sus reuniones — que siempre traen consigo algún chisme jugoso —, el silencio entre nosotras se rompe.

—¿Nassim? —me llama mi madre, captando mi atención. Su tono es suave, pero hay una preocupación escondida en sus palabras.

—¿Sí? —respondo sin mucho interés.

—Sé que no quieres esto, pero es lo único seguro que tu padre y yo podemos heredarte, para que tengas un buen futuro.

Contesto con toda la paciencia qué logro reunir:

—Lo sé, madre.

Pero ella no se detiene.

—Hija, consigue un buen hombre, forma una familia y sigan fortaleciendo el negocio familiar. Ese mundo de aventuras que te contaba tu abuelo no es tan hermoso como en sus historias.

Solo la mención de eso me encoleriza.

—Sí, sí, sé que debo ser buena, casarme, ser una buena hija, participar en los rituales para nuestro dios, trabajar en el negocio familiar. Sé que no puedo ser cazadora, aunque sea la mejor en ello —mi voz se eleva un poco más con cada palabra, pero no puedo detenerme. Suspiro para calmarme y añado—: También sé que ya tengo 17, que debo permitir que me cortejen y no alejarlos. Lo sé, Pero simplemente no lo siento, no lo quiero.

Ella guarda silencio. Quizás está buscando las palabras adecuadas, pero no me detengo.

—Por lo menos déjenme aceptar todo esto a mi tiempo, no al suyo.

Mi madre suspira profundamente. No discute, pero tampoco asiente.

—Lo sé, madre— contesto con toda la buena voluntad y paciencia que tengo en ese momento.

A los segundos, como arte de magia, aparece mi padre muy sonriente, cargando dos botellas que, sin miedo a equivocarme, sé que es vino. Apuesto todo a que se reunió con el único viejo corrupto que no oculta sus mañas, a pesar de que es parte del consejo: Assam, mejor amigo de mi padre y quien le cuela todos los secretos y suciedades dentro del consejo, que solo proyecta paz, pero es una mierda. Ellos son los únicos que creen que nadie sospecha de las extrañas caserías en las islas pequeñas, en las que, de vez en cuando, perdemos un cazador. Yo tengo mis teorías, pero siento que me desterrarían si siquiera las intentara pronunciar

—¿Qué pasa con esas caras largas?

Al unísono, ambas respondemos que nada, y padre rápidamente saca sus conclusiones.

—Otra vez, cariño, andas queriendo casar a nuestra hija y ella poniéndote mala cara— él sonríe y mi madre gira a mirarlo, enfurecida.

—Deberías de apoyarme. Nosotros no seremos eternos y ella necesita...

Padre me ve desfallecer y procede a interrumpirla. Desde que tengo la memoria, siempre evita que las cosas calen, ya sea en una situación directa que involucre a mi madre o cuando está en medio de las dos y predice, podría explotar nuestro humor con lo que mi madre llama "estúpida rebeldía" y lo que yo acuso de tener un cerebro pensante propio. Él carraspea y desvía la conversación.

— Cariño, buenas nuevas: nos permitirán abrir otro puesto aquí. Así que a los hijos de la familia Afthiv podremos brindarle un trabajo y ayudar a su familia, como tanto querías. Por favor, encárgate de darles las buenas nuevas, y a ti, querida Nassim, te tocará darles las prácticas de cómo manejamos el mercado.

Una total y completa traición por parte de mi padre, sabiendo que el hijo mayor de Afthiv vive detrás de mí como perro que tiene hambre. Lo miro con cara de disgusto, pero solo suelto un suspiro. Si no fue porque siempre aplaude mis escapadas...




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