—Nassim, este color te iría muy bien para el traje de este año en el festival —dice Vahlefty mientras revisa las nuevas telas que trajo mi padre de las tierras del sur del reino. Está en mi casa ayudándome a doblarlas correctamente y colocarlas en los cestos que se llevarán al mercado. Son fechas altas de solicitud, pues el festival en conmemoración de nuestro dios está cerca.
Desde el incidente de mi desmayo todos han estado muy atentos conmigo, más de lo normal. Al menos me he librado de estar ayudando a mis padres con el mercado y mi amiga se pasa todas las tardes conmigo en casa. Poco a poco he ido recobrando las fuerzas y calmando la inquietud que he sentido desde que me desperté. Todo ha sido un sueño muy extraño, y no sé qué significa esta sensación que me sigue comprimiendo el pecho desde entonces.
Mi expresión de asco al ver ese color verde oscuro no la sorprende. Siempre le he dicho que me recuerda a los desechos de las vacas cuando vamos camino a la llanura donde pastan por la mañana.
—A ti nunca te gusta ninguna de las propuestas—Suspira. Su mirada se vuelve inquisitiva—. Por cierto, Nassim, tenías mucho que no sufrías un episodio como ese, que te llevara a un desmayo. ¿Qué ocurrió?
Se queda mirándome fijamente.
—Sinceramente, no lo sé— Me encojo de hombros—. Pasé un día superaburrido con mis padres, ayudándolos en el mercado del pueblo vecino —comienzo a repasar los hechos en mi mente—. Padre llegó con los chismes jugosos de su amigo del consejo y... lo único que descontroló mis emociones ese día fue escuchar a mi madre con el tema de siempre: "casarme". Por otro lado, recordé a Zahir. Nada fuera de eso pasó.
Vahlefty frunce el ceño, baja la voz y se acerca a mí.
—Aún no le has contado a tus padres de lo que te pasó aquella vez en el río, cuando me salvaste, ¿verdad?
La alejo de mí y pongo cara de fastidio.
—No, y no lo haré. No tengo que agregarles una preocupación más en su lista. Desde aquella vez, jamás ha vuelto a ocurrir lo mismo o algo parecido. Creo que nuestro dios solo por esa vez quiso ayudar—miento.
Desde ese día, y con el entrenamiento que he mantenido en secreto, mi don ha florecido más de lo que cualquiera en el reino se puede imaginar. He sido bendecida sin tener que pasar las pruebas; a veces me pregunto por qué.
Soy muy buena ocultándolo y haciendo pasar los efectos secundarios por simple fatiga, días calurosos y otros males de tener una vida muy activa siendo una chica.
Antes de que Vahlefty pueda responder, la puerta se abre de golpe y ambas damos un respingo.
—¿Quieren algo de beber, niñas? —pregunta mi madre, asomando la cabeza con su eterna expresión amable, que solo le da a los de fuera. Me encantaría que vieran su otra personalidad.
Nos miramos rápidamente y, casi de inmediato, cambiamos de tema.
—¡Justo hablábamos del festival, madre! —exclama Vahlefty con una sonrisa forzada—. Nassim sigue sin decidir qué color usar este año para su traje.
—No me sorprende. Si por ella fuese, usaría la misma ropa con la que se va a hacer locuras en sus aventuras en el bosque. Yo ya me he rendido; igual deberías hacerlo tú.
Mi madre niega con la cabeza, mientras Vahlefty se burla de su comentario mordaz.
—Bueno, Les traeré algo de jugo de frutas, se ven acaloradas.
Se da media vuelta, pero antes de salir, se detiene y nos mira con una expresión más seria.
—Por cierto... ¿Han pensado en visitar la tumba de Zahir antes de que empiecen las fiestas?
El ambiente en la habitación cambia de inmediato. Mi garganta se seca, y veo cómo Vahlefty baja la mirada.
—Sí... —respondo en voz baja—. Teníamos pensado ir mañana.
Mi madre asiente con suavidad.
—Me alegra. Era un revoltoso, pero buen muchacho.
Cuando se marcha, el silencio pesa entre nosotras. Por un momento, ninguna dice nada.
—Bueno... —rompe el silencio Vahlefty, retomando el tono animado—. Entonces, ¿seguimos con las telas?
Asiento, pero mi mente sigue atrapada en otro lugar.
El festival está cerca. Los colores, la música, las danzas... debería emocionarme, como antes, son los días más coloridos, rítmicos y ruidosos en todas partes, donde se rompe la monotonía en cada rincón. Pero solo una fecha ocupa mi mente.
El día en que lo perdimos. Y como el maldito don del que me jactaba no funciono en aquella ocasión, como ocurrió con Vahlefty aquella vez en el río.
Un leve escalofrío me recorre el cuerpo. Vahlefty me observa de reojo, como si pudiera adivinar mis pensamientos.
—Será mejor que terminemos rápido—murmura—. Mañana iremos a la colina.
La colina. Nuestro antiguo refugio que paso a convertirse en su tumba.
Al día siguiente, el cielo está despejado, pero el aire tiene un filo extraño, como si incluso el viento supiera a dónde nos dirigimos.
Todo está en calma...
Ya no hay risas, discusiones o pláticas sobre el futuro. Solo quedan el silencio, el frescor del viento y el azul del inmenso cielo, que se nos hace difícil de disfrutar en la ausencia de Zahir.
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conflicto: tradicón vs liberta personal, nostagía y rebeldía, secretos y cazadores
Editado: 09.02.2026