—Zahir, Zahir… no veo nada —tengo toda la piel erizada—. ¡Zahir, rayos… contesta!
Siento cómo la barca se mece con fiereza y una brisa fría nos golpea con brusquedad.
—Bienvenida, Nassim.
Giro la cabeza con un sobresalto; esa voz la conocía.
—Zahir… ¡Maldita sea! Juro que te golpearé cuando lleguemos a tierra —intento calmarme y me aferro con fuerza a la barca.
—Nassim, ¿qué pasa? ¿Por qué gritas? Estoy aquí, tonta.
Lo escucho reírse.
—Idiota, ya pensaba que habías caído al agua. Te llamé y no respondiste.
Sigue riendo sin control.
—No te escuché, lo juro. El viento está muy fuerte.
Y sí, era cierto.
—Oye, Zahir, ¿no escuchaste a otra persona?
—No. Dudo que alguien más que nosotros esté cruzando. Todos ya debieron llegar a las islas. ¿Por qué preguntas? ¿Escuchaste a alguien?
—No, para nada —prefiero negarlo. Quizás solo fue el viento… o los nervios.
Seguimos remando, luchando contra el viento y las aguas agitadas para evitar volcar, tal como nos había indicado Blafsh.
Después de treinta minutos, salimos de la bruma y podíamos vislumbrar la orilla de una de las islas. El sol estaba a punto de ocultarse por completo. Cinco minutos después, saltamos a tierra y arrastramos la barca. Pensamos dejarla allí junto a otras dos que había, pero decidimos ocultarla por precaución.
Solo cuando aseguramos la barca y logramos calmarnos un poco, empezamos a notar lo diferentes que eran las islas en comparación con nuestras tierras, a pesar de que pertenecen al reino. Se sentía pesado estar ahí. La orilla de la playa era clara y tomaba un matiz hermoso bajo el atardecer, pero cuando miraba a la espesa masa de árboles, todo se volvía lúgubre. Las ramas de los árboles emitían un sonido estruendoso al moverse con lo fuerte del viento, y sentía que en cualquier momento podrían quebrarse.
Veo a Zahir mientras estira su mano para entregarme una de las bolsas de cuero que contienen nuestras provisiones. La tomo y la cargo al costado; me quedo mirándolo fijamente. Hay algo que no me hace sentir cómoda desde lo último que dijo antes de entrar a la bruma y esa extraña voz. Ahora su rostro tiene una expresión más dura, pero quizás sea porque ya estamos aquí y no sabemos cómo acabará todo esto. El miedo ya nos está afectando.
—Debemos apresurarnos, Nassim —exclama.
—Sí —contesto un poco dudosa.
Zahir lo nota y, antes de avanzar, se coloca de repente frente a mí, al punto que me espanto, mirándome a los ojos y con un semblante duro.
—No es momento para tener miedo. Hemos soñado con realizar la prueba por años y no solo eso… también nos hemos preparado. Y si el destino no quisiese que estuviéramos aquí, créeme, no habríamos llegado tan lejos.
No podía rebatirle eso a Zahir, así que sacudo la cabeza ahuyentando todo temor, le sonrío y exhalo con fuerza todo el aire que contenía.
—Tienes razón, Zahir, así que sigamos adelante. La prueba culmina a medianoche y debemos ser ágiles.
Avanzamos con paso firme y confiados. Gracias a Blafsh sabíamos que las pruebas eran según la gracia del don que el dios Zephyro permitía a los cazadores obtener. Mientras nos acercábamos al espeso bosque que amenazaba con tragarnos, notaba cómo nos tensábamos, cómo Zahir adoptaba un semblante amenazante.
El follaje era tan espeso que apenas se filtraba la luz de la luna que ya asomaba, marcando el inicio de la noche. A pesar de que desde la playa se veía un bosque espeso y lleno de vida, al segundo de adentrarnos reinaba un completo silencio que hizo que se me erizara la piel. Giro mi cabeza hacia Zahir.
—Esto parece un cementerio —murmuré.
Los dos nos quedamos paralizados. Zahir no reaccionó. Repetí su nombre —demonios—, no escucho ni mi propia voz. Intenté gritar… y nada. Zahir intentó gritar igual, y fue en vano. El mundo, en ese momento, estaba en silencio. Un silencio tan puro que dolía. El bosque nos había devorado.
De pronto, una ráfaga invisible cruzó entre los árboles, levantando hojas y polvo. De las sombras emergieron figuras sin forma, moldeadas por el aire y el eco de lo que alguna vez fue humano. Retrocedí, buscando la mano de Zahir… pero cuando giré, ya no estaba a mi lado.
Sabía que era inútil intentar gritar a Zahir, así que lo único que pude hacer fue correr al árbol más próximo y treparlo. Necesitaba altura y alejarme de lo que fuesen esas sombras. Todos mis sentidos estaban disparados y debía calmarme para pensar cómo salir de esta y encontrar al idiota ese.
Desde allí, la neblina del bosque —que había surgido de repente — se movía como si tuviera vida. Giraba, subía, descendía… y entre remolinos, las figuras no tocaban el suelo; flotaban arrastrando el aire con ellas. Mientras intentaba subir a una rama más alta, casi me deslicé, y una de las sombras levantó la cabeza. No tenía rostro, pero aun así supe que me había visto. Lentamente, alzó un brazo deforme y me señaló. Al hacerlo, las demás giraron hacia mí.
Mi pecho se comprimió. «Maldición... esto va de mal a peor», grita mi voz interna. No puedo usar mi voz, pero sí mi don. El viento, a diferencia de antes, está aquí. Lo siento en la piel. Siento que me observa, me prueba. Esto es parte de la prueba... tiene que serlo. Maldigo a Blafsh una y mil veces. ¿Cómo se le escapó este jodido detalle? ¿Y dónde está el idiota de Zahir? Estoy muy frustrada en este momento. Cierro los ojos. Intento regular mi respiración.
—Mierda… —grito a sabiendas de que nadie me escuchará.
Siento cómo algo pasa de repente, rozando mis mejillas, cortando como un viento helado. Llevo mis manos a la mejilla.
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conflicto: tradicón vs liberta personal, nostagía y rebeldía, secretos y cazadores
Editado: 02.03.2026