Nathaniel

Capítulo |7|

Victoria Craner

 

Quise convencerme que todo lo del sábado fue una mala coincidencia, ¿Los Owens extraterrestres? Nathaniel no es el ser más normal, pero más parece un delincuente sinvergüenza que de otra realidad.

A primera hora del lunes la mayoría nos miraban extraño en la clase, por los uniformes anticuados del internado, aún así la belleza de Amaya logró llamar la atención de más de uno del salón que sin mínimo disimulo la acorralaron para saber más de ella. 

El más atrevido le pidió su número y cayeron en cuenta que somos el experimento social de Alexander.

En la tercera clase nos dieron un descanso, a lo lejos vimos que a Alice y  Mónica les esta yendo bastante mejor que a nosotras. Al parecer han hecho nuevos amigos.

En cambio Margareth es la viva imagen de la timidez, May no quiere romper la regla inexistente de las relaciones sociales, y yo no tengo el mínimo ápice de interés de conocer a alguien por aquí.

La señora María de manera amable nos entregó paquetes con desayunos antes de salir de casa, cosa que nos libró de andar entre la marea de personas comprando en la cafetería de la universidad. 

—¿Dónde nos sentamos? —pregunta Margareth. 

Todas las bancas de cemento del área de descanso están ocupadas menos una, así que la señalo y tomo lugar junto a Margareth y May queda frente a nosotras. 

Alexander que iba de paso deja a su grupo de amigos para acercarse a nosotros con aquella sonrisa de buen anfitrión que quisiera borrarle con la manzana que sostengo en mi mano. Ideó como hacerlo pasar por accidente. Como si leyera mis intenciones me analiza antes de sentarse junto a May. No es el único que viene en esta dirección. 

—¿Quién te ha dado permiso de poner tu pedazo de mierda en mi banca, Rousset? —cuestiona Brooks antes de que ella termine de sacar su desayuno.

—No me refería a tu comida —de un vistazo señala a Alexander. 

—Por ningún jodido lugar dice que es tu banca, la vimos libre y nos sentamos —sentencio.

—¿Y no pensaste que estaba vacía por algo, Craner?

Mi enojo parece divertirlo, tira una sonrisa macabra que me desanima por completo la seguridad. 

》Deberías ser más respetuosa, recuerda que en este instante soy tu tutor.

—¡Tú no eres mi… —caigo en cuenta y miro a Alexander—. ¿Él no es mi…?

—En teoría…—abro la boca al igual que las otras dos—. No Craner, fue su decisión donar la beca, no le da ningún derecho sobre ti.

Que ni siquiera lo piense. 

May se sienta despacio, saca de la bolsa abrefácil su sándwich ignorando la mirada de Alex. 

—Adam me preguntó si sabía más de ti Amaya —comenta el pelinegro centrando nuestra atención en él—. Me dijo que te negaste a darle tu número.

—¿Cuál número? —ríe divertida. 

—Es verdad, tienen un pésimo proveedor —espeta con simpleza siendo aniquilado por Owens. 

—Yo te diré cuál número darle —zanja el rubio con seriedad.

Brooks apenas empuja con su cadera a May para sentarse con nosotros.

—Adam es un buen partido Rousset, serias la envidia de toda la universidad. 

—No, Adam es un idiota que solo busca con quien pasar la noche —devuelve Alexander—. Literal la noche, no creo que dure más de un mes en algo estable.

 

Muy fácil me imagine a Nathaniel y a Alexander como el diablito y angel sobre los hombros de mi inocente amiga que seguro piensa que una relación con quien sea de Mirelles sería cómo incumplir las reglas del internado. 

—Está es la edad perfecta para divertirse, para vivir —reitera  Nathan.—No te preocupes por los celos de Owens Amaya, sería muy mal visto que él salga con cualquiera de ustedes cinco, por lo que no está en sus planes manchar el honor de su abuela fijándose en ti. 

—Jamás me pasó por la cabeza —responde ella tajante—. Alex es un buen amigo, y su cercanía no es más que buena fe.

—Ahora así se le dice a las ganas. Le tengo buena fe a una de ustedes —inquiere con toda la apatía—. Estoy jugando Victoria.

—Yo también tengo ganas de hacerte cosas ilegales, Nathan —zanjo despertando la curiosidad de su mirada—. Como clavarte un cuchillo en el cuello. 

—Tus fetiches no me asustan, me alientan. 

—Se pueden callar los dos —sentencia Owens perdiendo toda amabilidad. 

Hasta entonces tuve noción de las palabras que sostuve con Nathaniel y el asombro de las otras dos por la fluidez de nuestra conversación. Como si mirarlo a los ojos me hiciera perder el hilo de mis pensamientos y solo exhalara mi verdadero yo. Ese no le teme ni mucho menos respeta a Alexander. 

—Lo siento joven Owens —me callo avergonzada y escucho la sombría risita de brooks por la cual le echo una mirada mordaz. 

Cambiando radical el tema le doy pequeños golpecitos al pie de May cohibida entre los dos hombres. 

—Amaya quería pedirte algo… pedirle algo Alexander. 

—¿En serio? —dice ella y golpeo más fuerte su pie—. Si, es verdad. 

Acepta con una mueca de dolor.

—Vimos una librería en el camino de la escuela hacia acá y mi amiga que es algo penosa quiere saber si es posible que pasemos de regreso solo para ver.

—Claro May, puedes pedirme lo que quieras de forma directa —acaricia ligero su cabello.

—¿Y cómo funcionan las librerías aquí? Me refiero a si son públicas o tienen costo. 

En el internado tenemos tarjetas de presentación, es decir; damos esas tarjetas a Carlota y tomábamos los libros que queríamos, al regresarlos nos las devolvían, es obvio que no manejamos dinero. 

—No se preocupen por eso, aunque "May" —hace comillas con los dedos al desconfiar de mí—. Hay cientos de libros en mi despacho. 

—Solo es curiosidad Alex —le informa ella al fin metiéndose en el papel.

Al término de la última clase Alexander lo cumplió, nos llevó a la moderna biblioteca, es mucho más grande y diversa de lo que se alcanza a ver desde afuera, tanto que está divida en secciones y numerosos clientes se pasean entre los pasillos. Cada vez que la puerta abre una campanilla suena avisado del nuevo intruso. 




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