Navegando entre sueños y realidades

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El auditorio del nuevo Complejo Internacional para la Infancia, vibraba con una energía que se sentía en las plantas de los pies. Las luces blancas y doradas bañaban el mármol, y el aroma a lirios frescos llenaba el aire. No era solo la inauguración de mi proyecto más ambicioso; era el día en que mi familia, los seres más poderosos de la industria, habían decidido finalmente unir sus luces bajo mi sombra.

​Desde el lateral del escenario, observé la primera fila. Allí estaban los CEOs Kuruma y Haruhi, mis padres, sentados con una rectitud que ya no era de juicio, sino de respeto. Mi madre me guiñó un ojo, un gesto casi imperceptible que valía más que mil discursos. A su lado, mi hermano Kazehaya repasaba sus notas; él cerraría el evento con una canción compuesta exclusivamente para este día. Milk lucía un diseño propio que era una oda a la sofisticación, y mi hermana Bulma y Sora sostenían el programa del evento, orgullosos de que la historia que hoy se contaba fuera la mía.

​—Es el momento, fénix —susurró una voz profunda a mi espalda.

​Sentí la mano de Noa en mi cintura. Su sola presencia me dio la calma que necesitaba. Él ya no era el secreto que debíamos ocultar, ni el "depredador" que mi familia temía. En estos últimos años, Noa se había convertido en el aliado estratégico de mi padre y en el pilar que sostenía mi mundo.

​Salí al escenario bajo un estallido de aplausos. Caminé con la seguridad de quien ya no tiene nada que demostrar.

​—Durante mucho tiempo, busqué mi lugar en esta familia —comencé, mi voz resonando clara y firme—. Intenté brillar como mis hermanos, ser perfecta como mis padres. Pero descubrí que el verdadero brillo no viene de los reflectores, sino de la valentía de aceptar nuestra propia oscuridad y transformarla en algo nuevo. Este complejo no es solo mío; es el resultado de una familia que aprendió que el amor es más fuerte que el orgullo.

​Mientras hablaba, mis ojos se encontraron con dos figuras al fondo del salón, casi en las sombras. César y Ana. Él estaba allí, con una guitarra al hombro, habiendo recuperado parte de su esencia como músico independiente. Ella, aferrada a su brazo, me miró con una expresión que ya no era de odio, sino de una paz cansada. Nos saludamos con un leve movimiento de cabeza. El perdón no necesitaba palabras; se sentía en el aire. Ellos habían encontrado su propia melodía, lejos de nuestras guerras.

​Al bajar del escenario, el evento se convirtió en una celebración de redención. Kazehaya subió a cantar, y por primera vez, no me sentí la sombra de su voz. Me sentí la dueña de la escena. Mi hermano me abrazó al terminar, susurrándome que era el mejor concierto de su vida porque finalmente estábamos todos del mismo lado.

​Pero el momento más importante ocurrió horas después, en la privacidad de la suite presidencial del complejo.

​La fiesta seguía abajo, pero Noa y yo nos habíamos retirado para un encuentro más íntimo con mis padres y hermanos. El ambiente era cálido, lejos de la frialdad de los años anteriores. Fue entonces cuando Noa tomó una copa y pidió silencio.

​—Querida familia —dijo Noa, mirando a Kuruma y Haruhi con un respeto genuino—. Hoy celebramos el éxito de Nana, pero también queremos compartir con ustedes el inicio de un nuevo capítulo. El legado de la familia tiene una nueva raíz.

​El silencio se volvió expectante. Mis hermanos dejaron de reír y mis padres se inclinaron hacia adelante. Yo puse mi mano sobre mi vientre, sintiendo esa vida que crecía con la fuerza de dos imperios.

​—Estamos esperando un hijo —anuncié, y las lágrimas de mi madre Haruhi fueron el sello final de nuestra reconciliación—. Y queremos que su nombre sea un homenaje a la sangre que lo precede, pero también a la fuerza que lo hará único.

​— Noa, su voz cargada de un orgullo que me hizo vibrar—. El heredero de nuestra historia.

​El júbilo fue total. Kazehaya brindó por su futuro sobrino, Milk empezó a imaginar diseños para el bebé, y Bulma y Sora prometieron escribir cuentos sobre el niño que uniría a los fénix y a las sombras. Mi padre, Kuruma, se acercó a Noa y le estrechó la mano con una firmeza que decía: "Bienvenido a la familia, oficialmente".

​Esa noche, cuando todos se fueron y nos quedamos solos en el gran ventanal mirando las luces de Seúl, Noa me atrajo hacia él. El deseo, como siempre, no se había apagado; se había transformado en algo más profundo y sagrado.

​Me despojó de la seda de mi vestido con una reverencia casi religiosa. El encuentro fue descriptivo en su ternura y en su fuego. Sus manos, que antes me tomaban con la urgencia del secreto, ahora me recorrían con la devoción del hombre que sabe que su linaje está asegurado. Me entregué a él sintiendo la conexión más pura que jamás hubiéramos tenido. Sus labios en mi cuello, sus suspiros mezclándose con los míos, y esa sensación de plenitud que solo llega cuando ya no hay mentiras que ocultar.

​En la penumbra de la habitación, con el eco de los aplausos aún vibrando en mi memoria y el pequeño Jin Lin creciendo en mi interior, entendí que el viaje había valido la pena. Había dejado de ser la niña perdida para convertirme en la matriarca de mi propia realidad.

​Había nacido como una Sosa Galindo, me había perdido en las sombras de mi Oscuro, y ahora, resurgía como el Fénix más brillante de todos, llevando conmigo el nombre de un hijo que gobernaría el mundo que nosotros habíamos incendiado para reconstruirlo.

​—Te amo, mi oscuro —susurré antes de dormir.

​—Te amo, mi fénix —respondió él, sellando nuestro destino para siempre.

FIN.




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