Naveidad: la espiritualidad de un amor

El gran encuentro de la espiritualidad del amor

En la Nochebuena del domingo, 24 de diciembre 2017, a las 7:00 p. m., Kenny se había vestido con ropa elegante, y su tía, Mary, se había vestido como una princesa, para ir adecuadamente representados a la casa de Marxell. Salieron de la casa con algunos platillos exquisitos, los cuales fueron colocados en el auto de Kenny, el que le había regalado su padre el día de su cumpleaños número dieciocho. No esperaron más y emprendieron el recorrido.

         Pues, en la casa de Marxell, la mesa ya estaba preparada para iniciar la celebración de la Nochebuena. De inmediato, se habían sentado junto a la mesa para hacer la oración; pero, antes de empezar, sus padres estuvieron hablando de algunas expectativas que esperarían para el próximo año; y, en medio de tantos deseos, Marxell no habló nada. Aún tenía el rostro irreconocible.

         No se tardaron mucho, y comenzaron la oración. Después de la oración, se escuchó tocar la puesta de la casa. La Sra. Enid se levantó de mesa para abrir la puerta, porque pensaba que, seguramente sería uno de los vecinos; pero, Marxell le dijo que ella la abriría. Se levantó de la mesa, caminó hacia la puerta y, cuando la abrió, para su sorpresa, observó el rostro de Kenny como que si hubiese sido el de la niñez, aquel que nunca había cambiado. Comenzó a sudar y, hasta por unos segundos, se quedó inmóvil. Después, volvió en sí, saltó de alegría, gritó de manera alarmada, y le dijo algunas palabras, que estuvieron envueltas en lágrimas:

― ¡Oh, Dios! ¡No sabes cuánto te he extrañado!... ¡Te amo, Kenny! ¿¡A dónde estuviste todo este tiempo!? Al fin, ya no habrá más distancia, porque has vuelto a mí, gracias al espíritu de la Navidad. ¿Cómo me encontraste?...

― ¡Sí! ¡Te amo, Marxell!, y no quiero volver a perderte nunca más… Y, pues, todo inicia así: vine a visitar a mi tía, Mary, estos días porque tenía mucho sin verla; pasamos por uno de los supermercados más famosos, y gracias a esa carta que encontré en la casita de los deseos, que me había hablado mi tía, pude saber a dónde estabas…― dijo Kenny desde lo profundo de su corazón, mientras su tía los contemplaba abrazados y mirándose el uno al otro. ― Los deseos sí se cumplen; y esa correspondencia marcó mi vida y la tuya, hermosa.

― ¡Estoy tan emocionada! Pues, al principio no creí; perol el espíritu del amor me hizo entender, que sí hay que confiar en una época tan linda como la Naveidad de mi vecindad. ― Le dijo Marxell mientras abrazaba intensamente a Kenny.

― ¡Gracias, hermosa!, pero, ¿qué es Naveidad?... Siempre la he conocido como Navidad. ― Le preguntó Kenny a Marxell en medio de toda curiosidad. ― Esa letra “i” hace mucha diferencia, ¿cierto?...

― ¡Sí, así es! ¿Ya la olvidaste?... ― le preguntó Marxell en medio de su pregunta.

― Ni siquiera lo recuerdo. ― Le dijo Kenny tranquilamente y pensativo.

― ¡Qué sincero eres! ¡Eso me gusta muchísimo de ti!... ― le dijo Marxell a Kenny comprendiéndolo vivamente. ― Pues, aquí te diremos: “Significa que es la espiritualidad que no es espontánea, sino racional e idealista, que va acompañada de la esencia del elixir y del perfume del amor”…

― ¡Oh, guao, eso se escucha muy auténtico y, a la vez filosófico!... Estoy ansioso por disfrutar esta Naveidad con ustedes. ― Dijo Kenny a Marxell, comprendiéndola a ella y muy empático con su tradición.

― ¡No sabes cuánto te amo!... ¿Qué esperan?... Entra a la casa con tu tía, Mary, para celebrar todos juntos. ¡Son bienvenidos!

         Kenny estaba muy enamorado de Marxell, y en ese momento se dio cuenta que ella poesía un gran tesoro en su corazón… No esperó más: llamó a su tía, Mary, para que saliera del auto y entrara a la casa de Marxell. Tomaron los platillos que habían preparado en casa, y entraron a disfrutar la Nochebuena como lo habían predestinado.

         Esa misma noche, los padres de Marxell se conmovieron mucho al ver el rostro de Kenny, y lo servicial que era. No pararon de hablar con él, y de planificar grandes excursiones en su tierra, ir al cine, ir a la playa, ir a cabalgar… y un sinnúmero de planes que no se escaparían de sus agendas.



#22774 en Otros
#6833 en Relatos cortos

En el texto hay: deseos, amor, felicidad y tristeza

Editado: 21.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.