Navidad con mi jefe.

Capitulo 17.

    El frío era infernal y el viento aullando entre los árboles no contribuía en la búsqueda. No podía casi escuchar y a penas podía ver; en el apuro había olvidado traer conmigo el celular o siquiera una linterna para alumbrarme el camino, por lo que debía confiar en mi poca visibilidad y en mi intuición. 

-¡Peter! ¡Neitan!  

   Grité tan fuerte como me fue posible sus nombres como llevaba haciendo hace diez minutos, cuando avancé unos pasos más, logré distinguir el tronco caído en el camino cubierto de nieve, eso quería decir que estaba cerca del claro del bosque y su lago. Probablemente ellos habían tomado este camino, o quizá eso es lo que deseaba. 

-¡Peter! ¡Neitan! ¡Soy yo, Molly! ¡Su papá y Sally están preocupados por ustedes! ¡Y yo también! 

    Entre el ensordecedor viento logré escuchar una pequeña voz pidiendo ayuda y el llanto desesperado de dos niños. Corrí tan rápido como podía mientras mis piernas se abrían camino entre la espesa nieve, pero cuánto más quería apurarme peor era, sentía mis pies entrar y hundirse en la espesura de la nieve como si de arena movediza se tratara. Cuando al fin llegué al claro agudice mi vista buscando la silueta de dos niños y sentí alivio al encontrarlos, pero el alivio se fue tan rápido como llego al darme cuenta de dónde estaban. Los gemelos habían caminado directamente por en sima del lago congelado y ahora estaban atrapados en el centro. Al acercarme a la orilla distinguí varías fisuras en la capa de hielo, seguramente provocada por el andar de lo pequeños. 

-¡Molly! ¡Lo sentimos mucho! ¡No quisimos molestarte! ¡Sólo estábamos jugando!  

-¡Por favor ayúdanos! 

-¡Lo sé niños! ¡Tranquilos y no se muevan, iré por ustedes!  

   Lo más lógico sería que no caminara yo por el hielo, con mi peso era muy probable que no llegara a ellos, pero también existía la posibilidad de alcanzarlos y eso me bastaba. No podía dejarlos allí para regresar luego con el apoyo, el hielo no soportaría demasiado tiempo y los gemelos no aguantarían el frío. No de la manera en la que estaba cayendo nieve y el viento corría, además ellos no estaban acostumbrados a este clima tan duro. Comencé con pasos pequeños tratando de a penas rozar el hielo, pero en cuanto coloque el primer pie, escuché el terrorífico sonido del hielo resquebrajándose bajo mi peso. Pero me arme de coraje cuando los niños volvieron a gritar y sus llantos rompieron mi corazón. Di paso tras paso sin detenerme a ver bajo mis pies, no hacia falta, mis oídos eran testigos confiables para informarme que el hielo estaba cediendo bajo mí.  

-Solo unos pasos más Molly, ya casi los alcanzas.  

  Los últimos pasos fueron un alivio, los pequeños se abalanzaron a mí y me abrazaron tan fuerte que temía me rompieran algo.  

-Niños, escuchen con atención. Quiero que ustedes se quiten las mochilas, deje las conmigo y a continuación caminarán con cuidado hacia la orilla de este lado. Si miran con atención notarán que estamos bastante cerca de ella, por lo que lo lograrán. 

-Entonces miedo Molly.  

-También tenemos frío. 

-Se que es así pequeños, pero necesito que hagan esto por mí. Verán que llegarán a la orilla en un santiamén.  

-¿Pero y tú? 

-Tranquilo Peter, iré justo detrás de ustedes. Pero no podemos ir juntos ya que el peso sería demasiado. Yo esperaré aquí con sus mochilas.  

  Les di una sonrisa de aliento esperando que lograrán verla en medio de la nevada y eso hizo que ambos comenzarán a caminar con pasos pequeños. 

-Tengan cuidado niños, vayan con pasos suaves, sigilosos.  

   El sonido de hielo resquebrajándose me puso en alerta y comencé a buscar desesperada en los pies de los gemelos en busca de grietas significativas, pero para mí alivio no había ninguna.  

-¡Yo ya llegué, Neitan solo un poco más! 

    Peter grito desde la orilla, pero su hermano se había congelado en el sitio y no dio ningún paso al frente. El hielo bajo mis pies se agrietaba cada vez más rápido y profundo. 

-¡Neit! ¡Tengo que empezar a avanzar! ¡Tienes que llegar a la orilla con tu hermano!  

-¡No puedo! 

-¡Si, si puedes, yo confío en ti! 

   Cuando Neitan continúo avanzando, yo empecé a caminar. Con cada paso suyo, yo daba uno, pero para cuando él llegó a la orilla, yo a penas había avanzado un metro. Los niños me gritaban desde el borde alentándome, pero sus voces fueron opacadas por el sonido del hielo partiéndose ferozmente y en cuanto sentí la humedad subir por mi calzado, fue cuando comprendí que está vez había cedido por completo. En un abrir y cerrar de ojos caí dentro del lago sin tener tiempo de inhalar un poco de oxígeno y el poco que tenía se me fue con el impacto al ingresar al agua helada. Empecé a patalear intentando emerger, pero jamás había aprendido a nadar por lo que era totalmente inútil mis intentos. El cansancio se apodero de mí y mis ojos comenzaron a cerrarse por mucho que intenté mantenerlos abiertos. Llegó un momento en que todo se volvió silencioso y obscuro, mi única compañera era el frío helado sobre mi piel.  
 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.