Navidad que intenta resolver, Año nuevo que hace florecer

CAPÍTULO II: TRATAR DE CONSEGUIR LO ESPERADO, OBTENIENDO LO INESPERADO

Acabado el 25 de diciembre, toda la desesperación empieza a tomar un poco más de control, todo el caos en las calles empieza a disminuir ahora hay un poco más de orden en el tráfico, en los centros comerciales, las mismas personas ya no corren como si no hubiera un mañana, las luces navideñas aun nos acompañan, el árbol todavía puede esperar, para toda la decoración como mínimo le queda una semana más antes de que sean guardadas hasta la siguiente navidad.

Esa es una tradición, porque creo que muy pocas personas quitan sus adornos ni bien termina el feriado, y la paz y el amor también continuara, aunque sea una semana más, eso no lo sabemos, solo lo sabe tu mente y corazón si realmente el día de ayer dieron el perdón sincero.

Sin embargo, toda esa poca armonía que se respira los días póstumos a la gran celebración está por terminar, a menos una semana se termina el año, se terminan las opciones para cumplir las promesas que nuestra boca dijo hace doce meses, pero la buena noticia es que hay 365 días más para poder cumplir las que dejamos pendientes.

Habrá muchas personas que dirán, este año cumpliré tal cosa, este año me comprare este objeto, este año me iré a visitar tal sitio, tanta gente a nivel mundial prometiendo sin cesar sin saber si lo hará de verdad.

Yo soy uno de ellos, por eso no los puedo juzgar, cuantos años nuevos eh prometido miles de cosas y llegando octubre, noviembre, siempre digo “Que rápido se paso este año” realmente se pasó rápido o yo no supe valorar ni administrar mi tiempo, son pocas las horas del día, o procrastinar es la principal actividad de mi vida.

Procrastinar “acto de posponer o aplazar tareas importantes, sustituyéndolas por actividades menos relevantes o más placenteras”

Que palabra más precisa, para definir mi día a día, entendiendo el significado no me puedo quejar, es mi culpa por haber dejado todo lo importante para el final.

Creo que todos lo hacemos, desde que somos pequeños en el colegio, dejando la tarea más importante para el último, primero lo fácil, el texto más pequeño para no utilizar tanta comprensión de lectura, el problema de matemáticas que a simple vista se ve más fácil para no utilizar tanto razonamiento matemático, siempre lo posponemos, dejamos que las horas avancen, como si alguien vendría a decirnos la respuesta a ese problema.

Muchas veces sucede en casa, esperamos a que llegue un hermano, una madre, un padre para que nos ayude a solucionar el problema que no podemos.

Nos ayudan con bastante cariño, con bastante paciencia, aunque algunos también nos enseñan con un poco de dureza, lo importante es que el problema al final del día está resuelto, no hay más preocupaciones, sientes una tranquilidad en el cuerpo totalmente reconfortante, puedes dormir tranquilo y al día siguiente mostrar con orgullo el trabajo realizado.

Realmente una actitud mía que me ha acompañado durante todo mi desarrollo personal, puedo cambiarla en el año que viene, en tan solo un año, no lo conseguí este que ah pasado, es cierto no lo intente como debe de ser, no me esforcé lo suficiente como para ahora sentirme decepcionado de los resultados, lo único que me baja el animo es el miedo a nuevamente no lograrlo.

Siento miedo porque realmente me estoy comprometiendo, cualquiera puede pensar que no importa si la promesa es solo para mí, para cumplir mis deseos, total si fracaso nadie sale perjudicado, nadie termina decepcionado, el único que sentirá colera seré yo por otro año más de fracaso, pero que tal si ese objetivo mío involucra a un ser querido, no todo lo personal excluye a lo familiar, lo amical, lo sentimental.

Mejor hago mis promesas frente a las doce uvas, en silencio, en mi mente así nadie se entera y nadie se burlaría de mí el próximo diciembre.

En mi casa hace años hacíamos esa particularidad, comprábamos uvas para comer una por una mientras pedíamos que se cumpla un objetivo, ahora ya no lo hacemos porque yo pienso que la primera razón es el precio, esa noche el precio de las uvas esta por los cielos, mejor seamos nosotros nuestros propios testigos y no un montón de uvas que terminara en mi sistema digestivo.

Tantas cosas que hacemos porque todo lo nuevo como el año que se avecina es algo por descubrir, todo lo que hacemos por miedo al fracaso, por desear el éxito en cada paso, saltar a la aventura sin saber los resultados.

Eso es lo que implica el año nuevo, tratar de conseguir lo esperado, obteniendo lo inesperado, las sorpresas siempre están a la orden del día, de ellas no puedes escapar, así hagas miles de cosas con uvas, maletines, lentejas, siempre hay que estar listo para los retos inesperados y siempre hay que estar fuertes para soportar las tristezas, las posibles traiciones incluso del ser menos esperado, pero no te preocupes también habrán momentos de alegría que debes abrazar fuerte, con todo tu corazón por si no se da en otra ocasión.

Aun no llega el 31 de diciembre y ya estoy pensando en todo lo que puede pasar el año que viene, pero este año que se va porque lo doy por muerto, todavía quedan días para poder hacer algo, yo creo que en estos seis días que quedan algo que me ah estado atormentado lo puedo solucionar, yo creo que esa cantidad de días es más que suficiente, aunque pensándolo bien creo que para muchos que durante años han llevado penas, amarguras, resentimiento en su corazón, quedan cortas esas horas hasta la media noche del 31, muchos podrán decir aún hay tiempo, ya habrá otras oportunidades, pero después de escuchar la historia de José y María, me gustaría saber si ellos piensan así.




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