Necesito encontrarlo.

♡C A P 18:

Algunos días pasaron, mamá asistió a las terapias que sugirió el doctor y comenzaba a caminar por sí misma, era como si volviese a ser bebé, todo debía ser meticuloso y con calma, la chica de la terapia me aseguró que habría días difíciles y que en cualquier momento perdería la movilidad en totalidad, me gustaba pensar en que pasarían años para que eso sucediera, no estaba lista para verla vivir sus últimos respiros de vida en una silla de ruedas.

Las cosas en el trabajo iban bien, al igual que las cosas con Maximiliano, si me preguntara que fuera su novia en este momento, aceptaría dichosa y sin dudarlo, estaba loca por él y me costaba asimilar que todos merecíamos ser felices aún con nuestros oscuros pasados.

No estábamos saliendo tan seguido como él quisiera, pero en todo momento entendía las razones que me frenaban a salir con él.

Por supuesto que si se trataba de mi vida las cosas no podían ser buenas por completo y en esta ocasión el aspecto que me preocupaba era Hannah, quien no respondía mis llamadas, mensajes ni había venido a visitarme, ¿hice algo mal? Afortunadamente sabía que estaba bien porque publicaba stories y fotografías en Instagram, pero eso sólo me hacía llenarme de más dudas de las normales, ¿por qué me evadía a toda costa?

Ese día no pude más con la preocupación y en vez de dirigirme a casa, fui a la mansión de mi mejor amiga «quería pensar que seguíamos siéndolo aún con su notoria y sorpresiva ausencia».

Su hogar quedaba muy lejos del mío y al ser un área tan lujosa, no existía transporte, pues todos los que vivían ahí eran adinerados y contaban con auto propio, así que tuve que recurrir al servicio de un Uber, otro día me hubiese ido caminando, pero mis piernas estaban resintiendo mi trabajo «pasaba la mayor parte de la jornada de pie, todo lo contrario a mi ex trabajo, cuando era secretaria pasaba la vida sentada frente al escritorio» y no querían esforzarse en demasía.

Además de preguntarle qué hice mal para que le abandonara por tantos días, quería hacerle una serie de preguntas que evadí por un motivo u otro, hoy era el día para dejar las cosas claras en todos los sentidos, esperaba que me dejaran pasar o estaría completamente perdida.

En el camino le llamé a mamá informándole que llegaría un poco tarde y que me llamara ante cualquier emergencia, no me sentía como buena hija teniendo que dejarla sola más tiempo del que lo hacía a causa del trabajo, pero Hannah era mi mejor amiga y no saber nada de ella por tanto tiempo, me preocupaba, mamá entendió y me quedé ligeramente más tranquila.

Le pagué al conductor por traerme, le agradecí y emprendí el pequeño camino hasta llegar a su puerta, me tranquilizó ver su auto aparcado fuera de su casa, significaba que estaba ahí.

Toqué el timbre repetidas veces, nadie abría y la desesperación me invadía, ladeé los labios esperando a que alguien abriera y finalmente una de las trabajadoras domésticas de los Maddox me abrió.

—Hola —saludé con amabilidad —¿puedo pasar a ver a Hannah? —levanté mi pescuezo en un intento fallido de ver si mi amiga estaba por algún lugar de la planta baja.

—No está.

—No mienta, sé que está en casa, ¡déjeme pasar, por favor! —supliqué.

—Tengo órdenes de que no puede pasar —mis fosas nasales se dilataron de la furia e impresión, ¿¡qué pasaba con ella?!

—¡Hannah! —la llamé con fuerza —¡Hannah! —repetí.

—Tengo que cerrar, lo siento, señorita —iba a azotarme la puerta en la cara hasta que vi bajar a mi amiga con elegancia de las escaleras como habitualmente lo hacía.

—Déjela.

—Pero... —arremetió confundida.

—Déjela pasar —repitió —tráiganos botanas, por favor —la empleada asintió y se dirigió a la cocina.

Cuando estuve dentro de su casa corrí hasta ella para abrazarla.

—¡No deberías estar aquí! —gruñó malhumorada provocando que me sobresaltara.

—Perdón —la apreté con fuerza y dejé besos en todo su rostro, ella reaccionó con un típico gesto de asco y reí, no importaba cuánto me detestara, siempre iba a besarla.

—¿Por qué te disculpas? —frunció el ceño, tomó mi mano y fuimos a la sala para sentarnos en su cómodo sofá.

—Supongo que hice algo mal —expliqué —no tengo idea de qué pudo ser, pero algo hice mal para que te alejaras de mí sin explicación alguna, ¡perdóname! —chillé desesperada.

—No voy a perdonarte porque no hay razón para hacerlo, más bien debes ser tú quien me perdone.

—No entiendo.

—Te metí en un gran problema —sollozó y me abrazó logrando sorprenderme, ella era tan fuerte como un roble y no cualquier cosa era capaz de ponerla así, por ende, me angustié.

—¿De qué hablas? —levanté su rostro para verla a los ojos y lograr entender lo que sucedía.

—¡Te jodí la vida! —negué incrédula.

—¡Sé clara! —bramé a causa de la desesperación.

—Se trata de la agencia de modas y de lo que te obligué a hacer —suspiró con tristeza, limpié sus lágrimas con el dorso de mi mano y con cariño besé la punta de la nariz para que se animara a hablar.

Poco me faltaba para besarla en los labios, pero no tenía intenciones de experimentar aquello, menos cuando he probado más de una vez los labios de Maximiliano, son tan deliciosos que no creía disfrutar los labios de alguien más, parecía una adolescente enamorada y a pesar de que me gustaba aceptar que sentía algo por mi ex jefe, sentirme como adolescente me traía muy malos recuerdos, pues fue justo en esa etapa en donde conocí al imbécil de Saúl «no sabía nada de él, era como si se lo hubiese tragado la tierra y aunque sonara cruel, su ausencia me hacía sentir satisfecha».




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