Nefelibata en Kairos

Capítulo Dos.

Observo todo a mi alrededor, la vida desde este punto de vista es tan relajante, tan calmada, como si fuera de ella el mundo no fuera tan caótico, y eso es lo que precisamente amo, tal vez en este sentido que si la comprenda a ella, muevo suavemente mis pies y curveo poco a poco mi columna para que mi movimiento sea ligero, pero fuerte para avanzar, como la costura de una máquina de coser. A través de mis goggles observo las algas y las conchas en el fondo, recostadas sobre la cálida arena. Balanceo mis brazos para aproximarme a ella y poder recolectar más.

​Al llegar a ellas las observo detalladamente, hasta que una en específico atrae mi atención por completo, su textura es tan peculiar, a pesar de estar rodeadas de tantas perfectas, sus grietas son las que más me atraen; a pesar de su estado sigue siendo tan reluciente, la agarro suavemente intentando no romperla, intento seguir nadando pero mis pulmones comienzan a exigirme el preciado oxígeno, nado hasta la superficie. Salpicando agua al levantar mi rostro y cabello.

​—¡Oye glamour! —se queja Deylin—, ¡Dile a Martín que ya es hora!

​—¿Hora de qué? —pregunto confundida mientras camino por la orilla del mar, observando la concha entre mis manos.

​—¡De ir a la competencia!

​¡La competencia!

​Abro los ojos lo más que puedo sorprendida y avergonzada por olvidarme de la hora, de tanto observar bajo mar el tiempo se fue volando como una hoja de invierno en el aire.

​Guardo rápidamente mis cosas y comienzo a dirigirme hacia la camioneta.

​—¡Martín conduce rápido, debemos llegar a la competencia! —grito lo más fuerte que puedo.

​—¡No me dejan ser feliz! —se queja mientras arrastra sus pies, escucho a Deylin reír encantada de su sufrimiento—, les cobraré por tratarme mal.

​—Sabes que no te gritaría si no fuera tan importante —me justifico, exprimiendo mi cabello, intento arreglar mi imagen personal, me coloco encima de los hombros la toalla cálida, disfrutando de su suavidad.

​—Vamos, suban, pero después se encargan de limpiar mi camioneta —puntualiza molesto, tomando asiento en el de piloto, encendiendo el vehículo, Deylin toma asiento a su lado mientras yo estoy en los asientos de atrás—, Deylin...

​—Sé que me amas, así que mejor conduce amor mío —habla acariciando el rostro de Martín.

​—No era eso, pero sí.

​Río divertida observando la escena delante de mí, son una pareja peculiar, pero tierna.

​Me coloco encima de mi traje de baño una capa de encaje celeste, con pequeñas piedras transparentes, me amarro los listones sueltos dándole más estilo a mi prenda, la ajusto bien a mi cintura y le hago un pequeño nudo, tomo una falda amplia de color beige, en la orilla de ella está bordado un sutil encaje celeste, con las mismas piedras que la capa, me la abotono y encima del nudo que realicé en los listones de la capa me coloco un pequeño broche, para cubrirlo. Y para terminar me coloco un broche de flores blancas en mi cabello.

​—Ya solo te falta el maquillaje y quedas radiante —habla Deylin captando mi atención.

​—Tienes razón.

​Observo a Deylin sacar su kit de maquillaje, levanta la mano moviéndola hacia ella, me acerco poco a poco a ella y cuando estoy cerca lo primero que siento es la suavidad que brinda su brocha, colocándome algo de rubor en el rostro, seguidamente cierro los ojos sintiendo ahí la suavidad, me dejo hacer por ella, sé que hará un gran trabajo, así como lo hago yo con sus prendas. Duramos así por el corto tiempo lastimosamente; en donde ella me maquillaba y yo me dejaba llevar, todo era tranquilo.

​—Llegamos, iremos a cambiarnos y nos vemos en la competencia —se despide Deylin dándome un beso en la frente.

​—Los estaré esperando —pronuncio alejándome de ella, y abriendo la puerta de la camioneta para salir de ella—, no tarden tanto, llegan demasiadas personas y podrían robarles sus asientos —recalco antes de cerrar la puerta.

​—¡Lo intentaremos! —grita Martín, río divertida al ver la expresión de ofendida de Deylin.

​Me quedo de pie observando cómo el vehículo vuelve a encenderse y comienza a avanzar desapareciendo poco a poco de mi vista.

​—¡No puedo creerlo! —exclama horrorizada mamá—, ¡Iremos a una competencia, no a un carnaval!

​Inhalo fuertemente intentando que su comentario no me afecte, mi gran humor no debe de desaparecer de mí.

​—Iré a cambiarme —hablo dándome la vuelta hacia la casa, en busca de un mejor atuendo para el agrado de ella.

​—¡Uno que sea adecuado para la competencia! ¡No quiero que vengas como si fueras reina de un festival!

​Soy una reina, no de un festival, ni de una competencia, pero sí soy mi propia reina y algún día tendré un gran reinado, el vestuario lo tengo ya solo me falta mi corona, la cual está en proceso de formación.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.