Nefilim y demonios en guerra

Luto y verda

Pasaron los días, pero para Dominic el tiempo parecía haberse detenido. Vivía encerrado en su dolor, rodeado de la oscuridad que él mismo había creado, pero que ahora se sentía como una prisión. Cada rincón de su mente estaba invadido por la imagen de Kataleya, por la revelación del hijo que nunca nacería. La noticia de su embarazo seguía resonando en su cabeza, una tortura constante: perdió a su amor, y con él, a su futuro. Se sentía atrapado en una jaula de recuerdos, donde cada sonrisa, cada palabra, cada promesa rota lo destrozaba un poco más.
Mientras tanto, fuera de su aislamiento, el mundo seguía girando con sus peligros y alianzas. Kendra, hermana de Kataleya y una bruja de gran poder, sintió el dolor como una herida propia. Al enterarse de la tragedia, no perdió tiempo y se dirigió a buscar a Dominic. Al llegar a su morada, lo encontró sumido en la desolación, reducido a una sombra de sí mismo.
—¿Qué le hiciste? —le preguntó Kendra con voz temblorosa pero firme, cargada de rabia—. ¿Qué le hicieron? ¿Por qué ocurrió esto?
Dominic levantó la vista, con los ojos rojos por el llanto y la furia.
—Fue el estúpido de Janu... La mató —respondió con amargura—. Pero yo lo voy a matar. Lo haré pagar por haber destruido también mis sueños.
Entonces, Kendra, con la voz quebrada por la tristeza, le confesó lo que su hermana nunca llegó a decirle en vida:
—Kataleya tenía cuatro meses de embarazo... Iba a darte una sorpresa, quería contártelo pronto. Estaba tan feliz...
Esa noticia fue el golpe final. Dominic no pudo soportarlo más. Sin decir nada, atravesó la habitación y salió disparado por la ventana, impulsado por una furia y una desesperación que lo hacían casi incontrolable. Recorrió las calles de la ciudad, ciego de dolor, hasta que vio una escena que encendió su ira aún más: un hombre golpeando a una mujer en un callejón. Sin pensarlo, intervino con brutalidad, atacó al agresor y, llevado por la sed de sangre y la locura del momento, lo mordió, saciando su furia en la violencia que tanto había tratado —y fallado— por controlar.
Luego corrió hacia la orilla de un río caudaloso, cruzó terrenos salvajes y se adentró en el bosque encantado, un territorio antiguo donde la realidad se mezclaba con la magia pura, hogar de las hadas y seres de luz ancestrales. Allí, buscó a la Reina de las Hadas, la madre biológica de Kataleya. Cuando la encontró, la noticia se le atascó en la garganta, pero tuvo que hablar. Con lágrimas en los ojos, le contó lo sucedido.
—¿Por qué no se defendió? —preguntó la Reina, con una autoridad antigua y triste—. Ella es hija de un brujo y mía... ¿Cómo pudo ser derrotada?
—Fue Janu... el esposo de mi hermana —respondió Dominic—. Con su daga de nefilim, arma forjada contra nuestra especie...
La Reina escuchó, y entonces Dominic aprovechó para exponer la verdad más profunda, el motivo de todo conflicto:
—Ellos, los nefilim, no están de acuerdo con nuestro plan. Queremos convertir humanos en neófitos para la guerra contra Valmeo, Yolki y Gaspar. Esos demonios son mucho peores que nosotros. Los nefilim, al menos, no matan por placer; pero esos monstruos... ellos disfrutan con el sufrimiento. Necesitamos estar preparados.
La Reina lo miró con severidad, evaluando la situación.
—Pero ¿qué clase de necedad tiene tu hermana? —reprochó—. ¿Cómo se le ocurre involucrarse con un nefilim? ¿No comprende que es vampira y que ellos nos cazan por instinto?
—No midió las consecuencias —reconoció Dominic con amargura—. Y ahora será perseguida por todos nosotros. Su marido pagará con sangre la muerte de Kataleya.
Mientras tanto, lejos de allí, la relación entre Nahiad y Janu atravesaba su peor crisis. La verdad salió a la luz: Janu confesó que, al principio, solo se había acercado a ella por interés, como un medio para llegar a Dominic.
—¿Cómo pudiste? —le gritó Nahiad, destrozada al descubrirlo—. ¿Cómo puedes mirarme a los ojos y decirme que me amas, sabiendo que todo fue una mentira al principio? ¿Viste cómo me enamoraba poco a poco y no te importó? ¿Solo era una pieza en tu juego?
Janu intentó defenderse, con el corazón desgarrado, intentando hacerle entender la verdad de sus sentimientos actuales.
—Escúchame... —le suplicó—. Es verdad, al principio me acerqué con un plan, pero te juro que todo cambió. Cuando te vi, me encantaste. Reconocí tu marca y tu linaje, pero luego conocí tu alma. Los momentos compartidos, tu sonrisa, tus locuras... me enamoré de ti perdidamente. La misión pasó a segundo plano. Ya no me importaba nada más que tú. Por favor, acéptame. Casémonos, te daré mi mundo... No me dejes caer de las alturas, porque te amo.
Pero la traición pesaba demasiado. Nahiad, con el corazón roto, no encontraba consuelo.
—Me traicionaste... ¿Cómo puedo perdonarte? —respondió ella con voz fría y lejana.
Janu intentó explicarle que su objetivo original era evitar que Dominic cometiera crímenes mayores, pero nada parecía suficiente. Terminó marchándose, dejándola sola, sumida en un dolor que rivalizaba con el de su hermano. Y así, los días pasaron, y la realidad se volvió aún más oscura: Nahiad empezó a ver cómo personas inocentes eran secuestradas y mordidas, convertidas a la fuerza. Al confrontar a Dominic, él le expuso la crudeza de su visión:
—¿Qué esperabas? ¿Que nos quedáramos de brazos cruzados? Gaspar, Valmeo y Yolki nos destruirán si no nos preparamos. Son descendientes de Lilith y Mammon, y nos ven como sirvientes. ¿Quieres que nos esclavicen?
—Entiendo el peligro —replicó Nahiad—, pero esta no es la forma. Debemos reunirnos con todos los seres de las profundidades y buscar otra salida.
Dominic simplemente la ignoró, perdido en su duelo y su obsesión, y se marchó hacia donde el recuerdo de Kataleya seguía vivo. Nahiad, entonces, tomó una decisión: debía buscar a Janu. A pesar de todo, necesitaba hablar con él, porque tal vez él tenía razón sobre la amenaza que se cernía, y debían unirse para detener el ciclo de violencia...




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