Nefilim y demonios en guerra

LAS VOCES FE LA TIERRA Y EL AGUA

El viaje para buscar a los guardianes de la tierra y el agua fue largo y cargado de peligros. Nahiad y Janu cruzaron territorios donde la frontera entre lo mágico y lo común se volvía difusa. Primero, se dirigieron hacia los bosques profundos, donde reinaban los hombres lobo. La manada no se mostró acogedora al principio; los sentidos agudizados de los lobos detectaban en Janu el aroma de la luz celestial, que para ellos resultaba extraña y a veces irritante, y en Nahiad percibían la esencia de la noche eterna, una vieja conocida pero siempre sospechosa.
El encuentro con el Alfa de la manada fue tenso. Estaban en un claro del bosque, rodeados de árboles milenarios que parecían observar con sus ramas retorcidas.
—¿Por qué deberíamos escucharos? —preguntó el Alfa, con voz profunda y resonante—. Los vampiros nos han cazado o ignorado durante siglos, y los nefilim nos miran con superioridad. ¿Qué nos importa vuestra guerra?
Nahiad dio un paso al frente, sin retroceder ante la ferocidad del líder.
—Porque esta guerra no es nuestra, sino de todos —respondió con firmeza—. Si los demonios de Valmeo y Yolki triunfan, no respetarán los bosques ni a sus habitantes. Y si mi hermano logra imponer su voluntad con esos experimentos terribles, la naturaleza se verá asfixiada por criaturas antinaturales. Necesitamos vuestra fuerza, vuestra rapidez y vuestra conexión con la tierra.
Janu añadió con serenidad:
—Y nosotros, los nefilim, reconocemos que hemos sido arrogantes. Pero la luz sin raíces no puede crecer. Necesitamos vuestra sabiduría salvaje para no perdernos en el cielo mientras la tierra arde.
Tras un largo silencio y una deliberación interna que solo ellos comprendían, la manada aceptó. No por amistad, sino por deber hacia su hogar.
Desde allí, se dirigieron hacia la costa rocosa, donde vivían las sirenas. El mar estaba embravecido, como si reflejara la agitación del mundo. Las sirenas no salen a la tierra fácilmente, así que Nahiad tuvo que usar antiguos rituales aprendidos de su linaje para invocarlas. Cuando emergieron del agua, su belleza era hipnótica, pero también revelaba una dureza forjada en las profundidades.
—Vampiros y ángeles pidiendo ayuda —dijo la sirena líder, con voz que sonaba como el choque de las olas—. El mundo está realmente al revés.
—El peligro llega también por el agua —explicó Janu—. Los demonios pueden usar los océanos para mover sus ejércitos, y la magia oscura puede envenenar los mares, fuente de toda vida. Solo vosotras podéis vigilar esas rutas y proteger las aguas.
Las sirenas, movidas por la lealtad a su elemento y por la tristeza compartida al conocer la historia de Kataleya —pues ellas también conocían el canto de la pérdida—, prometieron ayuda. Aportarían su conocimiento de los territorios ocultos y su capacidad de lucha en cualquier entorno acuático.
Con los lobos y las sirenas de su lado, la alianza crecía, pero aún faltaban los más esquivos: los brujos. Y mientras tanto, la situación con Dominic se volvía cada vez más crítica...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.