La revelación del brujo Kaya resonaba en la mente de Nahiad con la fuerza de un destino ineludible: sangre de ángel. Ese era el precio, la llave indispensable para romper las cadenas que retenían a Kataleya en el Inframundo. Mientras caminaba de regreso, su pensamiento voló de inmediato hacia Janu. Él era un nefilim: fruto de la unión entre un ángel y un mortal. Sus venas llevaban esa esencia sagrada, esa luz que podía purgar la oscuridad más profunda. Sin perder un segundo, Nahiad corrió a buscarlo, con el corazón acelerado por la esperanza y la urgencia.
Lo encontró en el campamento de la alianza, preparando defensas, pero al ver la expresión de su amada, detuvo todo al instante. Nahiad le contó lo descubierto, la necesidad vital de esa sangre antigua, y sus ojos le preguntaron sin palabras si él podía ser el medio.
Janu entendió al instante. Bajó la mirada, sopesando la gravedad del asunto, y luego habló con voz seria y profunda:
—Tienes razón, mi amor. Mi sangre lleva la marca del cielo, pero no es suficiente por sí sola para lo que necesitamos. La fuente verdadera, la sangre pura y poderosa que requiere el hechizo, reside en mi madre. Ella es un ángel pleno, sin mezcla.
—¿Y dónde está ella? —preguntó Nahiad, ansiosa por hallar el camino.
—Vive en la Ciudadela de las Nubes Celestiales —respondió Janu—. Es un santuario legendario, un reino elevado entre las cimas de las montañas más altas, reconocido por todos los pueblos antiguos como el hogar sagrado de los ángeles y los seres de luz pura. Allí reside ella ahora, junto a mi padrastro, un guardián celestial de gran jerarquía. Pero... —su tono se tornó sombrío y preocupado— hay un problema terrible, Nahiad. Tú no puedes ir conmigo.
Ella frunció el ceño, dolida y confundida.
—¿Por qué?
—Porque eres una vampira —explicó él con ternura pero firmeza—. La Ciudadela está protegida por barreras de luz que queman a cualquier criatura de las sombras. Si intentaras entrar, o incluso acercarte demasiado, tu existencia correría peligro mortal. Además, el viaje hasta allí está lleno de pruebas: senderos que desafían la gravedad, centinelas que juzgan la pureza del corazón y fenómenos donde la fe es la única guía. Si voy, iré solo... y podría enfrentarme a peligros tan grandes que no estoy seguro de regresar con vida.
Nahiad sintió un nudo en la garganta. La idea de separarse de él, de dejarlo arriesgarse así, la aterraba. Pero también sabía que no había elección. Fue entonces cuando pensó en su hermano. Dominic, recuperándose lentamente bajo el cuidado de los elfos, aunque aún marcado por la culpa y la herida del alma...
Se dirigió hacia el refugio élfico. Dominic estaba sentado junto a un ventanal de cristal natural, mirando al vacío, consumido por el remordimiento por todo lo ocurrido, y en especial por el trágico accidente que había costado la vida de Kataleya —aunque la mano que la sostuvo fue la de Janu, él sentía que su furia y su ceguera habían sido el verdadero arma—. Nahiad se acercó, le tomó las manos y le expuso la situación con toda franqueza.
—Hermano... necesitamos esa sangre para traerla de vuelta. Pero el camino es peligroso y Janu no puede ir solo sin protección. Te lo suplico... ve con él. Ayúdalo a llegar y a volver.
Dominic levantó la vista, y en sus ojos, antes llenos de furia, ahora brillaba una determinación nacida de la expiación.
—Iré —dijo sin dudar ni un segundo—. Iré porque, sin querer, fui parte de lo que le pasó. Fui yo quien la empujó a interponerse, fui mi rabia quien creó esa tragedia. Es lo mínimo que puedo hacer por ella... y por ti.
El momento de la despedida fue breve pero cargado de significado. Nahiad abrazó a su hermano con fuerza, sabiendo que se adentraban en un territorio hostil.
—Ten cuidado —le susurró—. Y cuida de Janu.
—Lo haré —prometió Dominic—. Volveremos con lo que necesitamos.
Janu y Dominic partieron al amanecer, dirigiéndose hacia las alturas imponentes donde se alzaba la legendaria Ciudadela de las Nubes Celestiales, mientras Nahiad quedaba atrás, esperando y rezando por que el destino no fuera demasiado cruel con ellos.
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Editado: 28.08.2026