Gaspar, el demonio que había sobrevivido, se acercó a la Reina de las Hadas movido por un sentimiento que nunca esperó tener: amor verdadero y profundo.
—Te amo —le confesó con voz sincera—. Y por eso te pido que detengamos esta locura. No dejes que la guerra destruya todo, y menos aún que los seres humanos paguen con su vida errores que no son suyos.
La Reina lo miró conmovida pero firme, manteniendo su dignidad y rectitud.
—Te agradezco tu sinceridad, Gaspar —le respondió ella—, pero aunque respeto lo que sientes, jamás permitiré que juguemos con el destino de la humanidad ni con la voluntad de nadie. Eso no es paz, es tiranía.
Mientras ellos hablaban lejos de la acción, Carla la bruja observaba oculta, hirviendo en rabia y despecho. Había sido subestimada, derrotada y olvidada, y su corazón solo albergaba una cosa: venganza. No necesitaba alianzas nobles ni treguas; quería destruir lo que más doliera.
Sin que nadie sospechara, llamó a Dominic y a Janu. Al tenerlos cerca, desplegó su magia oscura y manipuladora. Con gestos precisos y palabras envenenadas, lanzó sobre ellos un hechizo poderosísimo: el lazo de obsesión ciega.
—Olvidad vuestros pasados —susurró Carla con malicia—. Vuestra lealtad y vuestro amor ahora son solo míos. Yo soy la única dueña de vuestros corazones.
El cambio fue instantáneo y aterrador. La mirada de Dominic y Janu se perdió en una adoración vacía y feroz hacia la bruja. Cuando Nahiad y Kataleya llegaron buscándolos, sintieron un frío mortal al verlos.
—¿Dominic? ¿Janu? —preguntó Kataleya con voz temblorosa—. ¿Qué está pasando?
Pero ellos se giraron con hostilidad, como si fueran extrañas o enemigas.
—¿Qué hacéis aquí? —les espetó Dominic con frialdad absoluta, poniéndose frente a Carla como escudo—. No tenéis derecho a acercaros. Nosotros pertenecemos a ella.
—¡Alejaos! —añadió Janu, apartando a Nahiad con brusquedad—. ¡No sois nada comparadas con Carla! ¡Ella es nuestra reina, nuestro amor, nuestra vida!
Nahiad y Kataleya no podían creer lo que oían. Los hombres que amaban, por quienes habían luchado y sufrido, ahora las trataban con desprecio y agresividad.
—¡Es un hechizo! —gritó Nahiad, con lágrimas de rabia e impotencia—. ¡Janu, por favor, despierta! ¡Yo soy quien te ama!
Pero el hechizo de Carla era fuerte. Dominic y Janu se volvieron violentos, protegiendo a la bruja con una ferocidad ciega.
—¡Insultáis a nuestra señora! —rugió Dominic—. ¡Si no os marcháis, nos veremos obligados a haceros daño!
Carla, desde atrás, sonreía con satisfacción malvada, disfrutando de verlos peleando contra sus verdaderos amores.
—Miradlos —se burló ella—. Son míos ahora. Y nada podrá cambiarlo.
La Reina de las Hadas, al escuchar los gritos y ver la escena, comprendió de inmediato la traición de la bruja. Su rostro se endureció con furia al ver cómo Carla había aprovechado todo para sembrar dolor y división.
#10891 en Fantasía
#3460 en Personajes sobrenaturales
vampiros brujas hombres lobo, hadas y brujas, vampiros brujas
Editado: 28.08.2026