Neuro Rival

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Capítulo 4:"el cubo blanco"

El cubo asignado como cocina no tenía esquinas visibles; las aristas estaban suavizadas como si alguien hubiera decidido que incluso la geometría debía parecer inofensiva. Las paredes blancas respiraban una luz azul tenue que se desplazaba en líneas microscópicas bajo la superficie, como circuitos vivos que registraban cada movimiento. No había ventanas reales, pero una de las caras proyectaba un cielo artificial que cambiaba gradualmente de tonalidad, simulando el paso de las horas con una precisión matemática. El aire estaba filtrado hasta el extremo; olía a desinfección y a un dulzor sintético diseñado para reducir el estrés. Nada en ese espacio era casual. Nada era íntimo. Todo pertenecía a Helix Dominion.

En el centro del cubo, una mesa rectangular emergía directamente del suelo, del mismo material pulido que las sillas ancladas alrededor. Seis asientos. Tres parejas. Tres futuras rupturas inevitables.

Ilya y Kael ocupaban el lado más cercano a la pared luminosa. Ashley y Chosome estaban a la izquierda, sus posturas casi simétricas en elegancia rígida. A la derecha, Mashly y Crimsno parecían el único punto de desequilibrio en la escena, como una grieta emocional en un laboratorio diseñado para la perfección.

El silencio inicial no era vacío, sino expectante. Era el tipo de silencio que existe antes de que alguien diga algo que no podrá retirarse.

Mashly dejó caer la espalda contra la silla con exagerada naturalidad, cruzando un brazo sobre el respaldo como si estuviera en una reunión social cualquiera y no en un experimento donde la supervivencia exigía sangre.

—Si querían que esto pareciera una cocina, podrían haber puesto algo menos… hospitalario.

Crimsno se tensó al instante. Sus dedos, delgados y nerviosos, rozaron la superficie de la mesa como comprobando que estuviera limpia. Evitó tocar directamente los cubiertos hasta acomodarlos con precisión casi obsesiva.

—No es un hospital —murmuró—. Es peor. Aquí todo está diseñado para que parezca seguro.

Mashly inclinó la cabeza hacia él, sonrisa ladeada, ojos azules brillando con una energía que contrastaba violentamente con el ambiente estéril.

—Entonces míralo así: al menos sabemos que nada es real. Eso facilita las cosas.

—No facilita nada —susurró Crimsno—. Solo lo vuelve más difícil de distinguir.

En el extremo opuesto, Ashley observaba sin intervenir. Su piel morena parecía más oscura bajo la luz fría del cubo; su expresión seria no revelaba ansiedad, sino cálculo. Cada gesto ajeno era información. Cada inflexión de voz, un dato. Chosome, sentado junto a ella, mantenía la espalda recta con una elegancia casi teatral. Incluso el uniforme blanco que todos llevaban —una prenda de líneas limpias que recordaba vagamente a ropa de hospital— parecía distinto en él, como si lo hubiera convertido en una declaración de superioridad.

—Hablan demasiado —dijo Ashley finalmente—. Las conversaciones largas generan patrones. Helix analiza los patrones.

Mashly giró el rostro hacia ella con interés genuino.

—¿Y tú qué propones? ¿Comer en silencio hasta que nos maten?

—Propongo no regalar información innecesaria.

Chosome sonrió con una confianza estudiada.

—El verdadero control no está en callar, Ashley. Está en decidir qué parte de ti permites que crean que es real.

Ashley no respondió de inmediato. Sus ojos cafés recorrieron la mesa, deteniéndose brevemente en Ilya y Kael.

Ilya mantenía la mirada baja, pero no distraída. Su mente parecía trabajar en capas, absorbiendo cada palabra. Kael, frente a él, sostenía el contacto visual con una intensidad que no era confrontación, sino algo más peligroso: comprensión.

—Esto es una prueba previa —dijo Kael con voz baja pero firme—. No buscan violencia aquí. Buscan tensión.

—La tensión vende mejor que la sangre —agregó Chosome con ligereza—. La sangre es el desenlace. La tensión es el espectáculo.

Crimsno respiraba más rápido de lo normal. Su mirada iba de la bandeja a las manos de Mashly, como si en cualquier momento pudiera detectar una amenaza invisible.

Mashly lo notó y acercó apenas su silla.

—Estás contando respiraciones otra vez.

—El aire es reciclado —respondió Crimsno—. Compartido. Eso significa…

—Significa que estamos respirando lo mismo —interrumpió Mashly suavemente—. Así que si hay algo malo, nos afectará a los dos.

Crimsno levantó la vista, alarmado.

—No digas eso.

—Lo digo porque no estás solo.

El silencio que siguió fue más íntimo que el anterior. Ashley apartó la mirada con discreción; Chosome los observó como si evaluara una debilidad estratégica.

—El apego es una desventaja —dijo Chosome—. Helix empareja a quienes tienen mayor probabilidad de afectarse emocionalmente. La ruptura genera mejores resultados.

—No somos estadísticas —replicó Mashly, aunque su tono perdió parte de su ligereza habitual.

—Aquí sí lo somos —contestó Ashley con frialdad serena.

Ilya finalmente habló.

—Si saben que buscan eso… ¿por qué seguir jugando?

Kael no apartó la vista de él.

—Porque negarse también es jugar.

Mashly apoyó los codos en la mesa y miró directamente a Crimsno.

—Escucha. Cuando llegue nuestra ronda, no quiero que pienses en lo que esperan. Piensa en lo que tú quieres.

—¿Y si lo que quiero es que ninguno tenga que ganar? —preguntó Crimsno, casi en un hilo de voz.

Mashly sostuvo su mirada más tiempo del habitual. La sonrisa se desvaneció lentamente.

—Entonces tendremos que ser más inteligentes que ellos.

—Eso no es posible —intervino Ashley—. Helix predice el 94% de las decisiones humanas bajo presión.

Chosome ladeó el rostro con una sonrisa impecable.

—El otro seis por ciento es lo interesante.

La pared que simulaba el cielo cambió de azul claro a un naranja artificial, proyectando una tarde inexistente. Las luces internas del cubo se intensificaron levemente, casi imperceptible, pero suficiente para alterar el ambiente.




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