Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 11:"Intervalo de superficie"

Los días posteriores a la reunión no tuvieron cambios visibles en la estructura del complejo. Las luces continuaron encendiéndose a la misma hora exacta, los altavoces emitieron las mismas instrucciones con el mismo tono neutro y las puertas se abrieron y cerraron con la precisión matemática que caracterizaba a Helix Dominion. Las rondas fueron anunciadas como siempre, los puntajes proyectados como siempre, los registros actualizados como siempre. Nada parecía haber sido alterado. Y, sin embargo, algo en la quietud tenía un peso diferente. Mashly estaba acostado sobre la cama, mirando el techo blanco que nunca cambiaba. Movía los dedos en el aire como si sostuviera un arco invisible, marcando el ritmo de una melodía que solo él podía escuchar. No era una melodía compleja; era una de aquellas piezas que solía tocar cuando era niño, cuando los teatros no tenían sensores emocionales y los aplausos no eran medidos en gráficas.

Se incorporó de golpe.

—No puede ser tan difícil —murmuró para sí mismo.

Había ensayado al menos siete versiones distintas de cómo decirlo. Algunas demasiado directas. Otras demasiado largas. En una incluso había intentado sonar casual, como si confesar que estaba enamorado desde hacía años fuera parte de una conversación común sobre la comida del día. La puerta se abrió con el sonido suave habitual y Crimsno entró con paso contenido.

—¿Estás practicando otra vez? —preguntó con timidez, señalando las manos de Mashly.

Mashly sonrió

—Siempre practico.

Crimsno se sentó en la silla junto a la pared, acomodándose como si temiera ocupar demasiado espacio.

—Hoy la ronda fue… tranquila —dijo.

—Sí. Demasiado tranquila.

La ronda había consistido en una prueba de memoria cruzada. Se proyectaron fragmentos de recuerdos alterados y cada uno debía identificar cuáles pertenecían al contrincante y cuáles eran implantes diseñados para confundirlos. Mashly había obtenido 87 puntos. Crimsno, 82. La diferencia era mínima. El sistema los felicitó con el mismo tono neutro de siempre. En otra sección del complejo, Ilya caminaba junto a Kael por el pasillo que conectaba las habitaciones con la sala de evaluación. No hablaban con frecuencia, pero ese día el silencio no resultaba incómodo.

—Perdiste cuatro puntos por dudar —dijo Kael sin mirarlo.

—Lo sé.

—No vuelvas a hacerlo.

Ilya frunció el ceño apenas.

—No dudé por miedo.

Kael lo observó de reojo.

—Entonces ¿por qué?

Ilya no respondió.

En la pantalla central del sistema, los puntajes generales se reordenaron automáticamente. Parejas alineadas. Diferencias mínimas. Tendencias estables.

Mashly se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro.

—Crimsno.

—¿S-sí?

Mashly se detuvo frente a él, con expresión repentinamente seria.

—Si te dijera algo importante… ¿me escucharías hasta el final?

Crimsno abrió los ojos con sorpresa.

—Claro…

Mashly sostuvo la mirada unos segundos.

Luego rió

—Nada. Olvídalo.

Crimsno bajó la mirada, confundido pero aliviado.

En la siguiente ronda, Ashley y Chosome compitieron en sincronización emocional. Debían anticipar la reacción del otro ante estímulos visuales controlados. Ashley mantuvo su expresión firme, casi impenetrable. Chosome respondió con precisión impecable. Empataron.

—Aceptable —dijo Ashley al salir.

—Siempre lo es —respondió Chosome con orgullo sereno.

En la sala de monitoreo, las gráficas mostraron estabilidad constante. No hubo alertas. No hubo desviaciones críticas.

Ilya y Kael tuvieron su ronda por la tarde. Una prueba de resistencia empática. Se proyectaron imágenes diseñadas para provocar recuerdos residuales. Ilya apretó los dientes cuando una escena distorsionada intentó reconstruir un momento que ya no estaba completo. Kael no apartó la vista de la pantalla. Al finalizar, Kael obtuvo 91 puntos. Ilya, 89.

—Te estás quedando atrás —dijo Kael con tono neutro.

—No por mucho.

—Suficiente.

Ilya sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

En la habitación de Mashly, el ambiente parecía más liviano que en días anteriores. Crimsno reía por algo pequeño, un comentario absurdo sobre la comida sintética del comedor. Mashly lo observó en silencio. Pensó en el teatro. En la tercera fila lateral. En las manos temblorosas. En las notas sostenidas. Pensó en la posibilidad de que, si esperaba demasiado, el momento perfecto nunca llegaría.

—Crimsno —dijo finalmente.

—¿Sí?

Mashly respiró hondo.

—Cuando todo esto termine… ¿qué harías?

Crimsno parpadeó.

—No lo sé… supongo que… buscaría algo tranquilo.

—¿Como qué?

Crimsno dudó.

—Un lugar donde pueda escucharte tocar otra vez.

Mashly sintió que el corazón le golpeaba con más fuerza de la habitual.

Sonrió, pero esta vez no hubo burla en el gesto.

—Entonces será mejor que no pierdas.

Crimsno inclinó la cabeza.

—¿Por qué?

Mashly lo miró unos segundos, como si evaluara una partitura invisible.

—Porque todavía no he terminado mi mejor pieza.

En los monitores centrales, los nombres de las parejas permanecieron alineados. Los puntajes estables. Las rondas programadas para el día siguiente ya estaban configuradas.

Todo funcionaba

Todo parecía funcionar.

Y en la superficie del experimento, la calma era perfecta.




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