Capítulo 13:"La Nota Que No Se Borra"
La habitación estaba en silencio, pero no era un silencio incómodo. Era denso, como antes de que comience una pieza importante. La luz blanca caía uniforme sobre las paredes lisas, sin sombras marcadas, sin distracciones. El complejo respiraba con su zumbido constante y lejano, como si todo estuviera perfectamente calibrado.
Mashly permanecía sentado frente a Crimsno.
Esta vez no había sonrisa burlona. No había ironía. No había juego.
Solo decisión.
—Escúchame hasta el final —dijo con una calma que no era habitual en él.
Crimsno asintió, aunque sus manos ya estaban entrelazadas con nerviosismo.
Mashly sostuvo su mirada.
—Desde el teatro… desde antes de que supiera lo que era competir contigo… desde que fingías que solo ibas por la música…
Crimsno bajó la vista un segundo.
—Yo no fingía…
—Lo sé —respondió Mashly suavemente—. Yo fingía.
El silencio volvió a expandirse.
Mashly respiró hondo.
—Fingía que no me importaba quién estaba siempre en la tercera fila. Fingía que no notaba que te ibas después de que yo saliera. Fingía que no esperaba verte cada vez que salía al escenario.
Crimsno levantó lentamente la mirada.
El corazón le latía con una fuerza casi dolorosa.
—Mashly…
—No he dejado de elegir tocar para ti —continuó—. Incluso aquí. Incluso cuando no tengo violín. Incluso cuando nos ponen a competir.
Sus dedos temblaron apenas, pero su voz no.
—No eres mi contrincante.
El sistema central actualizó puntajes generales en ese mismo instante. La cifra acumulada de Mashly aumentó dos puntos debido a rendimiento sostenido en rondas anteriores. Nadie lo anunció.
—Eres la única razón por la que sigo intentando ganar sin destruirte.
Crimsno sintió que el aire se volvía más pesado.
—¿Por qué dices eso…?
Mashly lo miró directo.
—Porque estoy enamorado de ti.
No hubo eco. No hubo alarma. No hubo interrupción.
Solo el sonido lejano del sistema funcionando.
Crimsno parpadeó, como si no hubiera entendido correctamente.
—¿Qué…?
Mashly no desvió la mirada.
—Estoy enamorado de ti desde antes de que supiera qué significaba esa palabra. Desde que te vi aplaudir con las manos temblando. Desde que fingías que solo era admiración por la música.
Crimsno sintió que la garganta se le cerraba.
—Yo… pensé que tú…
—Pensaste que era práctica. Que eras parte del público. Que yo solo quería que alguien estuviera ahí.
Mashly negó suavemente.
—Te esperaba.
Crimsno bajó la cabeza, incapaz de sostener la intensidad de esas palabras.
—Siempre tuve miedo de arruinarlo… —murmuró—. Si decía algo… podía perderte.
Mashly sonrió con una ternura que no había mostrado antes en el complejo.
—Ya me tenías.
El sistema, en segundo plano, recalculó el diferencial acumulado entre ambos. La brecha aumentó ligeramente. No por sabotaje. Por eficiencia individual.
Crimsno respiró con dificultad.
—Yo también… —dijo apenas audible.
Mashly inclinó la cabeza.
—¿También qué?
Crimsno levantó la mirada, aún temblorosa.
—También estoy enamorado de ti.
La confesión no fue elegante. No fue estratégica. Fue torpe. Honesta.
Mashly soltó una risa suave, casi incrédula.
—Eres terrible ocultándolo.
Crimsno intentó sonreír.
—Tú tampoco eres tan bueno…
En otro sector del complejo, Ilya estaba sentado en el borde de su cama, observando la pantalla lateral donde se proyectaban estadísticas generales. Kael permanecía de pie, cruzado de brazos.
—La diferencia entre algunas parejas está creciendo —dijo Ilya.
—Es natural —respondió Kael—. La competencia filtra debilidades.
—No se siente natural.
Kael lo miró con frialdad controlada.
—¿Te preocupa perder?
Ilya sostuvo su mirada.
—Me preocupa que ganar esté empezando a significar algo diferente.
Kael no respondió.
En la habitación de Mashly, el ambiente parecía más ligero que en días anteriores.
Crimsno estaba sentado más cerca ahora.
No se tocaban. Pero la distancia era distinta.
—Entonces… ¿qué hacemos ahora? —preguntó Crimsno
Mashly apoyó los codos en las rodillas.
—Seguimos.
—¿Compitiendo?
—Sí.
Crimsno bajó la mirada.
—¿Y si uno de los dos queda atrás?
Mashly lo observó con una expresión más seria.
—No voy a destruirte por puntos.
Crimsno sintió un alivio inmediato.
Pero en la pantalla central del sistema, una nueva ponderación invisible comenzó a aplicarse: rendimiento individual sobre vínculo residual.
La competencia ya no solo medía eficiencia.
Medía separación.
siguientes con aparente normalidad. Pruebas cognitivas. Simulaciones de decisión. Evaluaciones empáticas. Los puntajes se proyectaban sin comentarios adicionales.
Mashly comenzó a destacar más.
Crimsno empezó a quedarse ligeramente atrás.
No por agresividad. Sino por claridad.
No por incompetencia. Sino por duda.
En el comedor, Ashley observaba las estadísticas en silencio.
—La diferencia entre Mashly y Crimsno ya no es mínima —dijo.
Chosome respondió con calma arrogante.
—Eso es porque él está mejorando.
Ashley no parecía convencida.
—O porque el sistema está empujando algo.
En el pasillo contiguo, Ilya habló en voz baja.
—Si esto sigue así… alguien va a quedar muy por encima del otro.
Kael respondió sin vacilar.
—Ese es el punto.
Ilya lo miró con atención.
—¿Y si el punto no es solo ganar?
Kael no contestó.
En la habitación, Mashly apoyó su frente contra la de Crimsno por un segundo breve, casi imperceptible.
—No importa lo que hagan —susurró—. Yo ya elegí.
Crimsno cerró los ojos.
Y mientras el complejo mantenía su ritmo perfecto, mientras las gráficas ascendían con precisión matemática, mientras la palabra “culminación” aún no era pronunciada públicamente…