Capítulo 25:"El amor es la vida"
El complejo estaba demasiado silencioso.
No era el silencio normal de la noche.
Era un silencio pesado.
Como si el lugar entero estuviera conteniendo la respiración.
Mashly caminaba por el pasillo central mirando el marcador gigante.
Los números cambiaban lentamente.
Participantes.
Puntos.
Eliminaciones.
Y abajo… una lista que cada día era más corta.
Mashly tragó saliva.
Cada nombre que desaparecía era alguien que había caminado por esos pasillos.
Alguien que había hablado.
Alguien que había reído.
Ahora solo eran datos eliminados del sistema.
Y lo peor…
Era que todos sabían que tarde o temprano ellos también podían desaparecer.
Mashly apretó los puños.
Sus ojos buscaron un nombre específico.
Crimsno — 36 puntos
Había vuelto a bajar.
Mashly cerró los ojos un segundo.
—Idiota…
Susurró para sí mismo.
Sabía lo que Crimsno estaba haciendo.
Y eso lo hacía sentir peor.
Porque significaba que Crimsno ya había tomado una decisión.
En la sala común el ambiente era extraño.
Ashley estaba sentado con Chosome, mirando fijamente una taza vacía.
—No puedo creer que esto esté pasando —murmuró Ashley.
Chosome apoyó los codos sobre la mesa.
—Esto ya no es un juego.
Ashley suspiró.
—Nunca lo fue.
Al otro lado de la sala, Ilya y Kael discutían en voz baja.
—La gente está cambiando —dijo Ilya.
Kael asintió.
—Algunos ya no hablan con nadie.
Ilya miró alrededor.
Había grupos pequeños.
Personas separadas.
Miradas desconfiadas.
—El sistema está funcionando —dijo Kael.
Ilya frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
Kael respondió con calma:
—Está logrando que dejemos de vernos como personas.
Ilya se quedó callado.
Porque sabía que tenía razón.
Mashly entró a la sala poco después.
Sus ojos buscaron inmediatamente a Crimsno.
Pero no estaba.
Eso lo inquietó.
—¿Alguien vio a Crimsno? —preguntó.
Ashley negó.
—No desde la mañana.
Kael respondió:
—Creo que fue a las zonas externas.
Mashly frunció el ceño.
Las zonas externas eran el único lugar del complejo donde se podía ver el cielo.
No mucha gente iba ahí.
Porque era un recordatorio de que afuera existía el mundo real.
Un mundo al que tal vez nunca volverían.
Mashly salió del lugar sin decir nada.
Las zonas externas eran frías.
Había un patio enorme rodeado de muros metálicos altos.
Arriba… el cielo gris.
Crimsno estaba sentado en el suelo.
Con la espalda contra la pared.
Mirando hacia arriba.
Mashly se acercó lentamente.
—Sabía que te encontraría aquí.
Crimsno giró la cabeza.
Su sonrisa era pequeña.
—Hola.
Mashly se sentó a su lado.
Por un momento ninguno habló.
Solo miraron el cielo.
Mashly finalmente rompió el silencio.
—Sigues bajando tus puntos.
Crimsno suspiró.
—Sí.
Mashly lo miró con molestia.
—¿Por qué no me escuchas?
Crimsno no respondió de inmediato.
Luego habló con voz suave.
—Porque alguien tiene que sobrevivir.
Mashly negó con la cabeza.
—Los dos.
Crimsno sonrió triste.
—Ojalá.
En ese momento alguien más entró al patio.
Una chica de cabello oscuro.
Caminaba con calma.
Como si ese lugar no fuera una prisión.
Mashly la reconoció.
Kya.
Había participado en pocas rondas.
Pero todos la recordaban por algo extraño.
Siempre hablaba de cosas… demasiado humanas para ese lugar.
Kya se sentó cerca de ellos.
—El cielo hoy se ve más pesado —dijo.
Mashly la miró confundido.
—¿Eh?
Kya levantó la vista.
—Cuando el mundo va a romper algo… el cielo se ve así.
Crimsno la observó.
—Hablas como si supieras lo que va a pasar.
Kya sonrió suavemente.
—No lo sé.
Pero luego dijo una frase que hizo que ambos la miraran.
—El amor es la vida.
Mashly frunció el ceño.
—¿Qué?
Kya los miró con calma.
—El amor es la única razón por la que las personas siguen viviendo incluso cuando todo está perdido.
Crimsno bajó la mirada.
Mashly no dijo nada.
Kya continuó:
—Por eso este lugar es tan cruel.
Mashly preguntó:
—¿Por qué?
Kya respondió:
—Porque quiere obligarnos a matar lo que más queremos.
Silencio.
Un silencio pesado.
Crimsno apretó ligeramente sus manos.
Mashly sintió un escalofrío.
Porque esas palabras…
Sonaban demasiado reales.
Mientras tanto…
En una sala mucho más profunda del complejo…
Helix estaba de pie frente a tres pantallas gigantes.
Las figuras detrás de ellas eran solo sombras.
Los jefes.
—Los participantes están mostrando resistencia emocional —dijo una de las voces.
Helix sonrió ligeramente.
—Eso es bueno.
Otra voz respondió:
—No. Queremos resultados más rápidos.
Helix caminó lentamente por la sala.
—La presión psicológica ya está funcionando.
Una tercera voz preguntó:
—¿Tu propuesta?
Helix levantó la mirada.
Sus ojos brillaban con algo inquietante.
—Incrementar las rondas.
—¿Cuánto?
Helix respondió con calma:
—Hasta que no tengan tiempo de pensar.
Silencio.
Luego añadió:
—Cuando las personas dejan de pensar… empiezan a sobrevivir.
La primera voz preguntó:
—¿Y las relaciones entre participantes?
Helix sonrió.
—Eso es lo más interesante.
Se acercó a la pantalla principal.
—Porque cuando llegue el momento… tendrán que elegir.
La voz preguntó:
—¿Elegir qué?
Helix respondió:
—Entre el amor… o la vida.