Capítulo 27:"Ecos que no deberían existir"
La arena central todavía olía a metal caliente.
El primer enfrentamiento de la ronda masiva había terminado hacía pocos minutos, pero el silencio que quedó después era incluso peor que el ruido del combate.
Nadie hablaba.
Nadie quería mirar el lugar donde el primer participante había caído.
Las pantallas gigantes seguían encendidas mostrando los nombres, los puntos, las eliminaciones.
Uno de los nombres ya no estaba.
Uno menos.
Muchos participantes se quedaron quietos, procesando lo que acababan de ver.
Otros bajaron la mirada.
Mashly tenía la mano de Crimsno todavía entrelazada con la suya.
Crimsno estaba temblando.
Su respiración era irregular.
—No mires —susurró Mashly otra vez.
Crimsno asintió débilmente sin abrir los ojos.
Pero incluso con los ojos cerrados… el sonido seguía ahí.
El disparo.
El grito.
La caída.
Su mente repetía todo.
Una y otra vez.
Mashly apretó su mano un poco más fuerte.
—Estoy aquí.
Crimsno intentó respirar más lento.
Pero algo dentro de su cabeza seguía gritando que todo estaba mal.
Que ese lugar estaba lleno de peligro.
De sangre.
De enfermedad.
De muerte.
Y su cuerpo no sabía cómo manejarlo.
Un poco más lejos…
Ilya observaba otra plataforma.
Sus ojos estaban fijos en dos participantes que habían sido llevados al centro del escenario.
Ambos estaban llorando.
Uno sostenía una pistola con manos temblorosas.
El otro estaba en el suelo.
Completamente paralizado.
No gritaba.
No se movía.
Solo miraba el arma con un terror absoluto.
La voz del sistema había anunciado el resultado hacía unos segundos.
PERDEDOR CONFIRMADO
Ahora solo faltaba una cosa.
La ejecución.
Kael estaba de pie al lado de Ilya.
Con la misma expresión seria de siempre.
Pero sus ojos también estaban atentos.
Ilya murmuró sin apartar la vista.
—Esto ya no es un experimento.
Kael respondió con calma.
—Nunca lo fue.
El chico con la pistola empezó a sollozar.
—N-no quiero…
Su voz se rompía entre lágrimas.
—No quiero hacerlo…
El otro participante empezó a llorar también.
—Por favor…
Su voz era apenas un susurro.
—Por favor no…
Ilya sintió que algo dentro de su pecho se apretaba.
Algo incómodo.
Algo que no debería existir.
Y sin querer… su mente se movió hacia atrás.
Muy atrás.
Antes del complejo.
Antes de Helix.
Antes de este experimento.
Antes de todo.
Había un lugar completamente diferente.
Un edificio blanco.
Demasiado blanco.
Las paredes eran limpias.
El aire siempre tenía el mismo olor a desinfectante.
Y las personas caminaban por los pasillos como si todo estuviera perfectamente bajo control.
Ese era el lugar donde Ilya había crecido.
No lo llamaban hogar.
Lo llamaban instalación.
Desde pequeño había sido parte de un proyecto.
Un proyecto que estudiaba algo muy específico.
Las emociones humanas.
Los científicos hablaban frente a él como si fuera un objeto.
—El sujeto Ilya presenta una estructura emocional estable.
—Su capacidad de análisis es superior al promedio.
—Pero debemos asegurarnos de eliminar vínculos afectivos profundos.
Ese era el objetivo del experimento.
Crear personas capaces de pensar.
De analizar.
De sobrevivir.
Pero incapaces de enamorarse.
Porque el amor…
Decían ellos…
Era la mayor debilidad de la mente humana.
Durante años Ilya había seguido las pruebas.
Tests psicológicos.
Simulaciones.
Entrenamiento.
Evaluaciones constantes.
Todo para moldear su mente.
Todo para enseñarle a observar el mundo sin dejar que el mundo lo tocara.
Y durante mucho tiempo…
Funcionó.
Hasta que apareció Kael.
El primer día que lo vio fue en una sala de entrenamiento.
Kael estaba apoyado contra la pared mirando el techo.
Parecía aburrido.
Completamente aburrido.
Un científico habló desde la puerta.
—Este será tu compañero de prueba.
Ilya se acercó lentamente.
Kael lo miró.
Y sonrió.
—Así que tú eres el famoso sujeto perfecto.
Ilya frunció ligeramente el ceño.
—No soy famoso.
Kael soltó una pequeña risa.
—Eso es exactamente lo que diría alguien famoso.
Ilya no entendió el chiste.
Pero algo en la forma de hablar de Kael era… diferente.
Los entrenamientos comenzaron.
Simulaciones.
Estrategia.
Combate.
Trabajo en equipo.
Y durante todo ese tiempo Kael nunca parecía tomarse nada demasiado en serio.
—Te esfuerzas demasiado —decía.
—Así funcionan las pruebas —respondía Ilya.
—Pero no estamos en una prueba ahora mismo.
—Siempre estamos en una prueba.
Kael lo miraba con curiosidad.
Como si estuviera tratando de entender algo invisible.
Con el tiempo empezaron a hablar más.
Sobre cosas simples.
Sobre música.
Sobre comida.
Sobre el mundo fuera de las instalaciones.
Ilya no entendía por qué esas conversaciones existían.
No tenían propósito.
No mejoraban sus resultados.
Pero aun así…
Empezó a buscarlas.
Empezó a esperar esos momentos.
Una vez Kael le preguntó algo extraño.
—¿Alguna vez te has enamorado?
Ilya respondió inmediatamente.
—No.
—¿Nunca?
—No.
Kael lo miró con una expresión difícil de leer.
—Debe ser raro vivir así.
Ilya respondió con frialdad.
—Es eficiente.
Kael suspiró.
—Eficiente… pero solitario.
Ilya no respondió.
Pero esa palabra se quedó en su mente.