Capítulo 33:"Después del disparo"
El sonido del disparo no desapareció realmente. Aunque el eco metálico ya se había perdido entre los pasillos del complejo, algo de ese sonido seguía vibrando dentro de la mente de todos los que habían presenciado la escena. El aire parecía más pesado, como si las paredes del laboratorio también hubieran sentido lo que acababa de ocurrir. El lugar entero estaba diseñado para ser frío, calculado y limpio, pero en ese momento había algo profundamente humano flotando en el ambiente: el dolor. Félix seguía de rodillas en el suelo metálico, sus manos temblaban mientras observaba el cuerpo de Henry frente a él. No parecía entender completamente lo que había hecho, como si su mente estuviera intentando retrasar la realidad unos segundos más. Sus ojos estaban abiertos, pero no miraban realmente; parecían perdidos en un lugar al que nadie más podía llegar. A su alrededor los guardias observaban con la misma expresión neutral de siempre, como si la escena no fuera diferente a cualquier otra ronda del experimento. La sangre comenzaba a expandirse lentamente por el piso pulido del pasillo, formando una mancha oscura que contrastaba con la luz blanca del techo.
—Levántese —ordenó uno de los guardias con voz firme.
Félix no reaccionó.
Sus dedos seguían abiertos frente a él, como si todavía sostuviera el peso de la pistola que minutos antes había tenido entre las manos. Su respiración era irregular y débil. Otro guardia dio un paso adelante, repitiendo la orden con la misma frialdad mecánica.
—Participante Félix. Levántese.
El hombre apenas movió los labios.
—No…
La palabra salió tan baja que parecía más un pensamiento que una voz real. Los guardias no esperaron más. Dos de ellos se acercaron y lo sujetaron por los brazos para levantarlo. En cuanto lo hicieron, Félix dejó escapar un sonido que no era exactamente un llanto ni un grito, sino algo más profundo, algo que parecía venir desde el lugar donde se rompen las personas cuando pierden lo único que aman. Sus piernas apenas respondían mientras lo arrastraban por el pasillo, alejándolo del cuerpo de Henry.
—¡No! ¡Déjenlo! ¡Henry!
Pero el sistema no se detenía por los gritos. Nunca lo hacía. Las puertas metálicas se cerraron detrás de él con un sonido seco, dejando el cuerpo inmóvil de Henry en el pasillo, rodeado únicamente por el silencio del laboratorio. Mashly había presenciado todo. Durante un momento había mantenido los ojos abiertos, intentando resistir la escena, pero cuando Félix gritó el nombre de Henry algo dentro de él se quebró ligeramente. Bajó la mirada. No quería ver más. Sin darse cuenta, sus dedos ya estaban entrelazados con los de Crimsno. No recordaba en qué momento había tomado su mano, pero tampoco quería soltarla. El temblor en el cuerpo de Crimsno era evidente. Sus manos estaban frías y su respiración empezaba a acelerarse de forma peligrosa. Mashly levantó la cabeza para mirarlo y enseguida comprendió lo que estaba pasando.
—Crimsno…
Pero Crimsno no parecía escuchar. Sus ojos estaban fijos en el suelo donde la sangre comenzaba a extenderse. Sus pupilas se movían con rapidez, como si su mente estuviera buscando desesperadamente una salida.
—La sangre… —susurró— está en el suelo…
Mashly miró brevemente el piso. Las manchas rojas eran demasiado visibles bajo la luz blanca del techo. El olor metálico empezaba a sentirse en el aire. Crimsno cerró los ojos con fuerza y su respiración se volvió aún más rápida.
—No… no… no…
Mashly se levantó inmediatamente y se colocó frente a él para bloquear su vista. Luego sostuvo el rostro de Crimsno entre sus manos para obligarlo a mirarlo.
—Mírame.
Crimsno sacudió la cabeza.
—Mashly… hay sangre… puede haber bacterias… infecciones… enfermedades…
Su voz empezaba a quebrarse. Mashly acercó su rostro un poco más al suyo, hablándole con una calma que en realidad no sentía.
—Mírame.
Después de unos segundos Crimsno finalmente levantó la mirada. Sus ojos estaban húmedos. Mashly mantuvo sus manos en su rostro.
—Respira conmigo.
Crimsno intentó hacerlo, pero el aire entraba demasiado rápido en sus pulmones.
—Uno…
Crimsno inhaló.
—Dos…
Exhaló con dificultad.
—Otra vez.
Poco a poco su respiración empezó a disminuir. No completamente, pero lo suficiente para evitar que el ataque empeorara. Mashly no apartó sus manos.
—Está bien… estás conmigo…
Crimsno tragó saliva.
—Lo mató…
Mashly sabía a quién se refería.
—No quería hacerlo.
Crimsno asintió lentamente.
—Eso es lo peor…
Un poco más lejos del pasillo, Ashley y Chosome observaban en silencio. Ashley tenía la mandíbula tensa mientras miraba el lugar donde Henry había caído.
—Esto ya no es solo un experimento —murmuró.
Chosome no apartó la mirada del suelo.
—Nunca lo fue.
Ashley suspiró.
—Pero ahora ya ni siquiera lo están ocultando.
Las pantallas del pasillo comenzaron a encenderse nuevamente. Números, datos y estadísticas aparecieron iluminando las paredes con una luz azulada. Ashley levantó la cabeza para observarlas.
—Mira eso.
Chosome siguió su mirada. En la pantalla aparecían los nombres de los participantes acompañados de sus puntajes. Mashly, Crimsno, Ashley, Chosome, Kael, Ilya y muchos otros nombres más. Los números se movían lentamente mientras el sistema recalculaba los resultados.
—El sistema sigue bajando los puntos de algunos más rápido que de otros —dijo Ashley.
Chosome frunció el ceño.
—Como Crimsno.
Ashley asintió.
—Exacto.
Mashly también miró la pantalla en ese momento y vio el número. Los puntos de Crimsno estaban descendiendo lentamente, pero con una velocidad constante que no coincidía con las rondas normales. Mashly sintió un nudo en el estómago porque entendió lo que eso significaba. El sistema estaba preparando algo. Cerca de las escaleras metálicas, Ilya observaba todo en silencio. Sus ojos se movían entre los participantes, las pantallas y el lugar donde Henry había muerto. A su lado, Kael permanecía con los brazos cruzados y la expresión seria de siempre.