Capítulo 34: "El peso de los que quedan"
El silencio que quedó después del anuncio del sistema no fue un silencio normal. No era el tipo de silencio que aparece cuando una conversación termina o cuando las personas simplemente no saben qué decir. Era un silencio más profundo, uno que parecía absorber el aire del pasillo y volver todo más pesado. Las luces del complejo Neuro//Rival seguían brillando con su tono blanco artificial, reflejándose sobre las paredes metálicas y sobre el piso pulido donde todavía quedaban rastros de la sangre de Henry, aunque los guardias ya habían limpiado casi todo. Aun así, nadie podía dejar de recordar lo que había pasado allí hace apenas unos minutos. Los participantes permanecían dispersos por el pasillo central, cada uno atrapado en sus propios pensamientos. Algunos miraban las pantallas apagadas, otros observaban el suelo, y otros simplemente permanecían quietos como si cualquier movimiento pudiera provocar otra ronda del experimento.
Mashly seguía sentado contra la pared, pero ahora tenía la espalda más recta y la mirada fija en el otro extremo del corredor. Sus dedos seguían entrelazados con los de Crimsno. No era algo que hubiera planeado; simplemente había sucedido, y ninguno de los dos parecía dispuesto a soltar la mano del otro. Crimsno respiraba más despacio ahora, aunque todavía había un leve temblor en sus manos. Sus ojos estaban cansados, como si su mente hubiera estado trabajando demasiado rápido durante demasiado tiempo.
—¿Estás mejor? —preguntó Mashly en voz baja.
Crimsno tardó unos segundos en responder.
—Un poco…
Su voz salió débil, pero al menos ya no temblaba como antes.
—Gracias por… ayudarme otra vez.
Mashly negó ligeramente con la cabeza.
—No tienes que agradecerme eso.
Crimsno bajó la mirada hacia sus manos.
—Igual lo hago.
Durante unos segundos ninguno habló. El ruido lejano de las máquinas del laboratorio llenaba el espacio, un zumbido constante que recordaba a todos que el sistema seguía funcionando incluso cuando ellos intentaban descansar.
—Mashly… —dijo Crimsno después de un momento.
—¿Sí?
Crimsno dudó.
—Lo que dijo el sistema…
Mashly sabía exactamente a qué se refería.
—Sí.
Crimsno levantó la mirada lentamente.
—Si detecta vínculos… entonces nosotros…
Mashly suspiró.
—Entonces somos un problema para el experimento.
Crimsno apretó un poco más su mano.
—Eso significa que nos van a poner en una de esas pruebas… ¿verdad?
Mashly no respondió de inmediato. Su mente ya había llegado a la misma conclusión hacía varios minutos, pero decirlo en voz alta lo hacía mucho más real.
—Probablemente.
Crimsno tragó saliva.
—¿Y si nos hacen elegir?
Mashly finalmente lo miró directamente.
—Entonces encontraremos otra forma.
Crimsno frunció ligeramente el ceño.
—¿Otra forma?
Mashly asintió.
—No sé cuál todavía… pero no voy a dejar que el sistema decida eso por nosotros.
Un poco más lejos en el pasillo, Ashley estaba caminando de un lado a otro con pasos cortos mientras observaba las pantallas apagadas. Chosome permanecía apoyado contra la barandilla metálica cerca de las escaleras.
—Odio cuando se quedan callados —dijo Ashley de repente.
Chosome levantó la mirada.
—¿Quiénes?
—Los del sistema.
Ashley señaló una de las pantallas.
—Cuando hablan demasiado es malo… pero cuando se quedan callados es peor.
Chosome suspiró.
—Porque significa que están preparando algo.
Ashley asintió.
—Exacto.
Se detuvo y miró hacia el otro lado del pasillo, donde Mashly y Crimsno seguían sentados juntos.
—¿Crees que ellos lo entiendan?
Chosome siguió su mirada.
—Sí.
—¿Y aun así siguen así de tranquilos?
Chosome negó con la cabeza.
—No están tranquilos.
Ashley observó a Crimsno con más atención.
—Tienes razón.
El temblor en sus manos todavía era visible incluso desde la distancia.
—Ese chico se va a romper si el sistema lo presiona más.
Chosome cruzó los brazos.
—Probablemente.
Ashley levantó una ceja.
—¿Y lo dices como si no te importara?
Chosome respondió con su tono tranquilo habitual.
—Dije probablemente… no inevitablemente.
Ashley lo miró unos segundos antes de suspirar otra vez.
—A veces no sé si eres demasiado frío o demasiado optimista.
Cerca de las escaleras metálicas, Ilya seguía observando las pantallas como si esperara que volvieran a encenderse en cualquier momento. Kael permanecía a su lado, completamente quieto.
—Hay algo raro —dijo Ilya finalmente.
Kael no apartó la mirada del pasillo.
—¿Qué cosa?
Ilya señaló el panel central.
—Las puntuaciones.
Kael miró la pantalla apagada.
—No están visibles.
—Exacto.
Ilya sonrió ligeramente.
—Siempre están visibles.
Kael frunció el ceño apenas.
—Entonces las ocultaron.
Ilya asintió.
—Y el sistema no hace eso sin motivo.
Kael cruzó los brazos.
—¿Qué crees que significa?
Ilya se encogió de hombros.
—Tal vez están reorganizando las parejas del experimento.
Kael lo miró de reojo.
—No son parejas.
Ilya soltó una pequeña risa.
—Eso dile al algoritmo.
Kael volvió a mirar hacia el pasillo central.
—El sistema no entiende el amor.
Ilya respondió con calma.
—No necesita entenderlo.
Señaló el lugar donde Henry había caído antes.
—Solo necesita medir cuánto duele.
Kael no respondió.
En ese momento, un sonido metálico recorrió el complejo.
Las luces parpadearon brevemente.
Todos los participantes levantaron la cabeza al mismo tiempo.
Las pantallas del pasillo se encendieron otra vez, llenando las paredes con luz azul.
La voz del sistema volvió a escucharse.