Capítulo 41:"Dos contra el sistema"
La sala de pruebas era más grande que la mayoría de las que el sistema había utilizado hasta ahora. Las paredes eran completamente blancas, tan limpias y uniformes que resultaba difícil calcular la distancia entre un extremo y otro. Las luces del techo brillaban con intensidad constante, sin sombras ni rincones donde esconderse. En el centro de la habitación había una mesa metálica rectangular con dos dispositivos negros colocados sobre su superficie.
Amy y Kumi entraron juntas.
La puerta se cerró detrás de ellas con un sonido metálico profundo.
Ambas se quedaron quietas unos segundos observando la sala.
Kumi fue la primera en hablar.
—Esto es nuevo.
Amy asintió.
—Sí.
Caminaron lentamente hacia la mesa.
Los dos dispositivos eran pulseras negras idénticas a las que habían usado Evan y Justin.
Kumi levantó una ceja.
—Pulseras otra vez.
Amy tomó una.
—Parece que les gustan.
Las dos se colocaron las pulseras.
Inmediatamente una pantalla holográfica se activó sobre la mesa.
La voz del sistema apareció.
—Prueba de vínculo emocional.
Kumi cruzó los brazos.
—Suena sospechoso.
Amy sonrió un poco.
—Bastante.
La pantalla mostró dos opciones.
Opción A:
Un participante abandona la prueba.
El otro participante será eliminado.
Kumi frunció el ceño.
—Qué sorpresa.
Amy no dijo nada.
La pantalla mostró la segunda opción.
Opción B:
Ambos participantes permanecen en la prueba durante seis minutos.
Si cualquiera de los dos supera el límite de estrés… ambos serán eliminados.
Kumi suspiró.
—Copiaron la prueba de Evan y Justin.
Amy pensó unos segundos.
—No exactamente.
Kumi la miró.
—¿Por qué?
Amy señaló la pantalla.
—Ellos tuvieron cinco minutos.
Kumi volvió a mirar.
—Nosotras tenemos seis.
Amy asintió lentamente.
—Eso significa que el sistema quiere más presión.
Kumi apoyó ambas manos en la mesa.
—Entonces es simple.
Amy la miró.
—¿Simple?
Kumi sonrió.
—Hacemos lo mismo que ellos.
Amy levantó una ceja.
—¿Quedarnos?
Kumi asintió.
—Claro.
Amy la observó unos segundos.
—No estás dudando nada.
Kumi respondió sin vacilar.
—¿Tú sí?
Amy negó suavemente.
—No.
Kumi extendió la mano hacia el dispositivo.
—Entonces elige la opción B.
Amy la detuvo un momento.
—Kumi.
—¿Sí?
Amy habló con una voz más suave.
—Si algo sale mal…
Kumi la interrumpió.
—No va a salir mal.
Amy insistió.
—Escucha.
Kumi la miró.
Amy continuó.
—Si el sistema intenta algo extraño o si uno de nosotros entra en pánico…
Kumi negó con la cabeza.
—Amy.
Amy se quedó callada.
Kumi sonrió.
—Nos conocemos desde que teníamos seis años.
Amy soltó una pequeña risa.
—Sí.
—Sabes perfectamente que no te voy a dejar sola.
Amy respiró profundo.
—Lo sé.
Kumi presionó la opción B.
La pantalla respondió inmediatamente.
Opción B seleccionada.
Las pulseras emitieron una luz roja suave.
La voz del sistema habló nuevamente.
—La prueba comenzará ahora.
Un contador apareció en la pantalla.
06:00
Kumi se apoyó contra la mesa.
—Bueno.
Amy cruzó los brazos.
—Bueno.
El contador comenzó a bajar.
05:58
05:57
Kumi miró a Amy.
—¿Qué hacemos?
Amy pensó un momento.
—Hablemos.
Kumi sonrió.
—Eso funcionó para ellos.
Amy asintió.
—Sí.
El contador siguió avanzando.
Y mientras el sistema analizaba cada latido de sus corazones, Amy y Kumi comenzaron a hablar de cosas pequeñas, recuerdos de la escuela, bromas antiguas, momentos absurdos de su infancia.
Como si estuvieran sentadas en un parque.
Como si no hubiera un experimento observándolas.
Como si el sistema Neuro//Rival no estuviera calculando cada emoción que pasaba por sus cuerpos.
Porque en ese momento…
La única forma de vencer al sistema…
Era recordar que antes de ese lugar…
Ellas ya tenían algo que el experimento no había creado.
Su amistad.