Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 42"Seis minutos no son seis minutos"

El contador descendía con una precisión implacable en la pantalla suspendida sobre la mesa metálica. Cada segundo caía como una gota en un recipiente demasiado lleno, y aunque el espacio era amplio y luminoso, la sensación dentro de la sala se volvía cada vez más estrecha, como si las paredes invisibles del sistema se estuvieran acercando lentamente. Amy y Kumi permanecían frente a frente, apoyadas en la mesa, fingiendo una calma que sabían que el sistema estaba midiendo con exactitud cruel. Las pulseras negras en sus muñecas emitían una luz tenue, casi imperceptible, pero suficiente para recordarles que cada latido, cada respiración, cada pequeño cambio en su cuerpo estaba siendo observado.

—Cinco minutos con cuarenta —murmuró Kumi mirando el contador.

Amy asintió sin apartar la vista de ella.

—Va rápido.

—No lo suficiente.

El silencio se deslizó entre ellas por un instante, no incómodo, pero sí tenso. Afuera, en el pasillo, los demás esperaban sin saber exactamente qué ocurría dentro. Aquí dentro, en cambio, todo era demasiado claro.

El sistema no había cambiado la prueba.

La había afinado.

—Hablemos de algo más —dijo Amy.

Kumi inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Como qué?

Amy pensó un momento.

—¿Recuerdas cuando te rompiste el brazo?

Kumi soltó una risa breve.

—¿Cuando me caí del árbol?

—Sí.

—Tú me dijiste que podía saltar.

Amy levantó una ceja.

—Nunca dije que podías saltar.

—Dijiste “seguro puedes”.

—Eso no es lo mismo.

Kumi negó con la cabeza, sonriendo.

—Sí lo es.

El contador seguía bajando.

05:12

05:11

Las pulseras emitieron un pequeño pulso de luz.

Amy lo notó de inmediato.

—¿Lo viste?

Kumi asintió.

—Sí.

El pulso volvió a repetirse, apenas un parpadeo rojo que no parecía importante… pero en ese lugar, nada era casual.

—Está midiendo cambios —dijo Amy.

Kumi miró su muñeca.

—O provocándolos.

Amy frunció el ceño ligeramente.

—¿Crees que…?

Antes de que pudiera terminar, la voz del sistema interrumpió el espacio con su tono perfectamente neutro.

—Ajuste de dificultad activado.

Ambas levantaron la mirada.

—¿Qué? —murmuró Kumi.

La iluminación de la sala cambió de forma casi imperceptible. No se apagó, no se volvió oscura, pero algo en la temperatura del color se alteró. El blanco dejó de ser completamente neutro y adoptó un tono más frío, más clínico.

El contador no se detuvo.

04:58

04:57

Amy respiró un poco más profundo.

—Esto no estaba en la otra prueba.

Kumi negó con la cabeza.

—No.

La voz del sistema continuó.

—Se incrementará la presión sensorial para evaluar estabilidad emocional.

Kumi dejó escapar una pequeña exhalación.

—Claro… porque no era suficiente.

Amy apretó ligeramente la mesa.

—Mantente conmigo.

Kumi la miró.

—Siempre.

El zumbido de la sala comenzó a cambiar. Al principio era apenas audible, una vibración baja en el fondo, pero poco a poco empezó a volverse más presente. No era fuerte, pero era constante. Demasiado constante.

—¿Escuchas eso? —preguntó Kumi.

Amy asintió.

—Sí.

El sonido no subía de volumen, pero tampoco desaparecía. Se quedaba ahí, metiéndose lentamente en la cabeza, obligando a prestar atención.

04:21

04:20

Las pulseras volvieron a emitir un pulso, esta vez un poco más rápido.

Amy cerró los ojos un segundo.

—No te enfoques en eso.

Kumi intentó ignorarlo.

—Estoy bien.

Amy la observó.

—Kumi.

Kumi levantó la mirada.

—Estoy bien.

Amy sostuvo su mirada unos segundos más antes de asentir.

—Está bien.

El contador seguía bajando.

El sonido seguía ahí.

La luz seguía siendo ligeramente distinta.

Todo era sutil.

Pero suficiente.

—Oye —dijo Kumi después de unos segundos.

—¿Sí?

—¿Recuerdas la vez que nos perdimos en el mercado?

Amy parpadeó, sorprendida por el cambio.

—¿Cuando teníamos diez?

Kumi sonrió.

—Sí.

Amy soltó una pequeña risa.

—Pensamos que nunca íbamos a salir de ahí.

—Tú empezaste a llorar.

—¡No es cierto!

—Sí lo es.

Amy negó con la cabeza, pero la sonrisa apareció igual.

—Tú también estabas asustada.

Kumi la miró directamente.

—Pero no estaba sola.

El silencio que siguió fue diferente.

Más suave.

Más firme.

El contador marcó:

03:37

Las pulseras seguían midiendo.

El sistema seguía observando.

Pero algo en la respiración de ambas se había estabilizado.

—Creo que eso es lo que quiere —murmuró Amy.

Kumi inclinó la cabeza.

—¿Qué cosa?

—Que dudemos.

Kumi asintió lentamente.

—Que dejemos de confiar.

Amy negó.

—No lo vamos a hacer.

Kumi sonrió.

—Nunca lo hemos hecho.

El zumbido aumentó apenas un poco más.

Casi imperceptible.

Pero suficiente para hacer que el silencio entre palabras se sintiera más pesado.

02:59

02:58

Amy respiró profundo.

—Ya casi.

Kumi soltó el aire lentamente.

—Sí.

Pero entonces…

La luz volvió a cambiar.

Esta vez fue más evidente.

No se apagó.

Pero el brillo bajó lo suficiente como para que las sombras empezaran a aparecer en los bordes de la sala.

Kumi frunció el ceño.

—Eso no me gusta.

Amy tampoco apartó la mirada de ella.

—A mí tampoco.

La voz del sistema habló nuevamente.

—Nivel de estrés incrementándose.

Ambas miraron sus pulseras.

La luz roja ahora parpadeaba con mayor frecuencia.

02:21

El aire parecía más pesado.

El sonido más presente.

La luz más incómoda.




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