Capítulo 55;"Antes de volverse Helix"
Antes de las pantallas, antes de las reglas, antes de que el mundo se volviera una ecuación que debía resolverse sin importar el costo, hubo un tiempo en el que Helix no tenía nombre de sistema, ni voz de autoridad, ni mirada vacía, hubo un tiempo en el que solo era un joven con demasiadas preguntas y ninguna respuesta que lo dejara en paz, caminando por pasillos largos que no eran de metal sino de concreto gastado, con libros apretados contra el pecho y pensamientos que no lograban ordenarse.
No era frío.
No todavía.
Era… inquieto.
Observaba a las personas como si fueran un misterio abierto, como si cada gesto escondiera algo que podía descifrarse si miraba lo suficiente, si pensaba lo suficiente, si insistía lo suficiente.
—Otra vez te quedaste mirando a todos.
La voz lo sacó de su concentración.
Helix volteó.
—Estoy analizando.
—No, estás sobrepensando.
Esa persona se acercó a él, quitándole uno de los libros de las manos sin pedir permiso.
—¿Qué lees ahora?
Helix suspiró levemente.
—Procesos cognitivos relacionados con la toma de decisiones bajo presión emocional.
—Suena aburrido.
—No lo es.
Silencio.
—Bueno… sí lo es un poco.
Esa persona rió.
Y ese sonido…
era algo que Helix no sabía cómo clasificar.
No encajaba en ninguna lógica.
No tenía estructura.
Pero le gustaba.
Aunque no lo entendiera.
—
Los días pasaban entre estudios, observaciones y conversaciones que siempre terminaban igual, Helix intentando encontrarle sentido a todo y esa persona recordándole que no todo necesitaba uno, que no todo podía medirse, que no todo debía resolverse.
—
—¿Por qué te obsesiona tanto entender a las personas?
Helix levantó la mirada de sus apuntes.
—Porque son inconsistentes.
—¿Y eso es malo?
—Sí.
Silencio.
—Las inconsistencias generan errores.
—O generan cosas nuevas.
Helix frunció ligeramente el ceño.
—Eso no es eficiente.
Esa persona sonrió.
—No todo se trata de eficiencia.
Helix bajó la mirada otra vez.
—Debería.
—
Pero incluso diciendo eso…
se quedaba.
Siempre se quedaba.
Porque había algo en esa presencia que no podía descifrar, algo que no podía reducir a una teoría ni a un patrón, algo que simplemente… era.
Y eso lo desconcertaba.
Pero también lo atraía.
—
Otro recuerdo.
Un lugar más tranquilo.
Menos ruido.
Una azotea.
El cielo abierto.
Helix sentado, mirando hacia abajo, observando la ciudad como si fuera un sistema en movimiento constante.
Esa persona a su lado, mirando hacia arriba.
—
—¿Qué ves?
—Todo.
—Yo no veo nada.
—Eso es porque no estás observando correctamente.
Silencio.
—¿Y tú?
Helix dudó.
—Veo patrones.
—Yo veo luces.
Helix giró un poco la cabeza.
—¿Y qué haces con eso?
—Nada.
Silencio.
—Solo me gusta.
Helix lo miró.
Y por un segundo…
no supo qué decir.
—
Porque eso no tenía sentido.
Pero tampoco estaba mal.
—
—Eres raro.
La frase salió sin intención de ofender.
Esa persona sonrió.
—Tú también.
Helix negó.
—No.
—Sí.
Silencio.
—Solo que de otra forma.
—
Y sin darse cuenta cuándo…
empezó a buscar esos momentos.
No por lógica.
No por análisis.
Sino porque algo en ellos lo hacía sentirse… menos vacío.
—
Pero el mundo no se detiene para que alguien entienda lo que siente.
Nunca lo hace.
—
El día en que todo cambió no tuvo nada especial al principio, no hubo señales claras, no hubo advertencias evidentes, solo una llamada, una ausencia, una sensación extraña en el pecho que Helix no pudo explicar con datos ni con teoría.
Y cuando llegó…
ya era tarde.
—
La habitación blanca.
Demasiado silenciosa.
Demasiado limpia.
Esa persona ahí.
Inmóvil.
Pero aún respirando.
Apenas.
—
Helix se quedó de pie.
Sin moverse.
Sin hablar.
Como si su mente se hubiera quedado atrapada entre lo que veía y lo que no podía aceptar.
—
—No llegué a tiempo… —murmuró.
No hubo respuesta inmediata.
Pero después…
muy leve…
—
—Llegaste…
La voz era débil.
Casi inexistente.
Helix se acercó.
—Esto… no tiene sentido.
Silencio.
—No debería estar pasando.
—Pero está pasando.
Helix apretó los puños.
—No.
Su voz se tensó.
—Tiene que haber algo que no estamos viendo.
—No todo es un problema que puedas resolver.
Esa frase.
Otra vez.
Siempre esa frase.
Helix negó.
—No.
Más fuerte.
—No voy a aceptar eso.
Silencio.
—Entonces no lo aceptes.
La voz sonó tranquila.
Demasiado tranquila.
—Pero no va a cambiar.
—
El tiempo se volvió lento.
Pesado.
Irreal.
Helix observaba cada respiración como si pudiera controlarla.
Como si pudiera detener lo inevitable si lo entendía lo suficiente.
Pero no podía.
—
—No quiero olvidarte… —dijo en voz baja.
Esa persona lo miró.
—No lo harás.
—Sí.
Helix bajó la mirada.
—Todo se pierde.
Silencio.
—Entonces… recuérdame distinto.
Helix levantó la mirada.
Confundido.
—¿Cómo?
Esa persona sonrió apenas.
—No como un problema.
—
Esa fue la última vez.
—
La sala de control volvió.
Las luces.
Las pantallas.
El sistema.
Helix de pie.
Más recto.
Más firme.
Más vacío.
—
Pero ahora…
con una idea.
—
Si no podía evitar la pérdida…