Capítulo 56;"Antes de aprender a perder"
Antes de que el mundo se convirtiera en una ecuación que debía resolverse sin errores, antes de que el dolor se transformara en teoría y las personas en variables, hubo un instante sencillo, casi invisible, donde todo comenzó sin que nadie lo notara, un momento pequeño que no parecía importante… pero que terminaría siendo el centro de todo lo que vendría después.
Fue en un lugar común.
Un pasillo lleno de gente, de voces cruzándose, de pasos apresurados que no se detenían por nadie, donde cada persona iba en su propia dirección sin mirar realmente a los demás, y en medio de ese movimiento constante… Helix caminaba igual que siempre, concentrado en sus pensamientos, sosteniendo un libro abierto mientras avanzaba, leyendo sin levantar la mirada, analizando cada línea como si el mundo exterior no existiera.
Y entonces…
chocó.
El impacto no fue fuerte, pero sí suficiente para romper su concentración, el libro cayó al suelo, las hojas se abrieron, el sonido del papel contra el piso lo trajo de vuelta al presente.
—¡Lo siento!
La voz llegó antes de que Helix levantara la mirada.
Era rápida.
Nerviosa.
Pero… viva.
Helix parpadeó una vez.
Y entonces miró.
Esa persona ya estaba agachándose para recoger el libro, con movimientos torpes pero cuidadosos, como si estuviera más preocupada por no dañarlo que por el accidente en sí.
—De verdad, no estaba viendo… —continuó, mientras acomodaba las hojas—. Siempre me pasa cuando voy rápido…
Helix no dijo nada.
Solo observó.
Cada movimiento.
Cada gesto.
Cada expresión.
Como si intentara entenderlo en ese mismo instante.
La persona levantó la mirada finalmente.
Y ahí…
algo no encajó.
No en el sentido de error.
Sino en el sentido de algo que no podía categorizar.
—
—Toma… —dijo, extendiéndole el libro.
Helix lo recibió lentamente.
—Gracias.
Silencio.
Pero no incómodo.
Solo… nuevo.
—
—¿Siempre caminas leyendo?
Helix asintió.
—Es más eficiente.
La persona inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Eficiente para qué?
Helix dudó apenas.
—Para no perder tiempo.
Una pequeña sonrisa apareció.
—Pero te perdiste el pasillo.
Helix frunció el ceño.
—No.
—Sí.
Señaló alrededor.
—Mira.
Helix levantó la mirada por primera vez hacia el espacio.
La gente.
Las luces.
El movimiento.
Todo lo que había ignorado.
—
—No lo necesito.
La respuesta fue automática.
La persona soltó una pequeña risa.
—Eso suena triste.
Helix no entendió.
—No es triste.
—Un poco sí.
Silencio.
—Te pierdes cosas.
Helix bajó la mirada al libro.
—No.
—Sí.
La voz se suavizó.
—Como esto.
Helix volvió a mirarla.
—¿Esto?
—Sí.
Una pausa.
—Chocar conmigo.
Silencio.
Helix no supo qué responder.
Porque no tenía lógica.
Pero tampoco era incorrecto.
—
—Soy…
La persona dudó un segundo.
Como si no supiera si decirlo o no.
—Bueno… eso no importa ahora.
Sonrió otra vez.
—Pero tú eres el chico que siempre está leyendo, ¿no?
Helix asintió levemente.
—Sí.
—Te he visto.
Silencio.
—Siempre solo.
Esa palabra se quedó flotando.
Helix no respondió.
—
—No es algo malo —añadió rápidamente—. Solo… es curioso.
Helix inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué?
—Porque parece que estás en otro mundo.
Helix respondió sin pensarlo.
—Lo estoy.
La persona lo miró un segundo más.
Y luego sonrió.
No burlándose.
No juzgando.
Solo… entendiendo.
—
—Entonces… tal vez deberías salir un poco de ahí.
Silencio.
—A veces.
Helix no dijo nada.
Pero tampoco se fue.
—
Ese fue el inicio.
No hubo música.
No hubo destino marcado.
No hubo promesas.
Solo un encuentro simple.
Imperfecto.
Humano.
—
Los días siguientes no cambiaron de golpe, no hubo una transformación inmediata, Helix siguió siendo el mismo en apariencia, siguió leyendo, observando, analizando, pero ahora… había interrupciones, pequeños momentos donde esa persona aparecía sin avisar, rompiendo su rutina como si fuera lo más normal del mundo.
—
—Otra vez leyendo.
Helix levantó la mirada.
—Sí.
—¿Nunca te cansas?
—No.
Silencio.
—Yo sí.
Se sentó a su lado sin pedir permiso.
—¿Qué lees ahora?
Helix giró el libro un poco.
—Comportamiento humano en situaciones de estrés.
—Suena intenso.
—Lo es.
Silencio.
—¿Y tú?
Helix la miró.
—¿Qué haces?
La respuesta fue simple.
—Nada.
Silencio.
—Solo estoy aquí.
—
Y esa respuesta…
no tenía lógica.
Pero se repetía.
Y cada vez…
Helix la entendía un poco más.
—
Porque no todo necesitaba un propósito.
No todo necesitaba una razón.
No todo necesitaba ser resuelto.
—
Pero él aún no lo sabía completamente.
—
Solo sabía…
que cuando esa persona estaba cerca…
su mente se detenía un poco.
Y eso…
era nuevo.
—
Y en ese momento…
sin darse cuenta…
Helix no estaba construyendo un sistema.
—
Estaba empezando a sentir algo.
—
Algo que no podía medir.
Algo que no podía controlar.
Algo que no podía evitar.
—
Y precisamente por eso…
iba a cambiarlo todo.