Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 57;"Dónde empezó a importar"

Los días no cambiaron de golpe, no hubo una línea exacta que separara el “antes” del “después”, pero algo comenzó a repetirse, pequeños encuentros que parecían coincidencia al inicio y que poco a poco dejaron de serlo, porque Helix, sin admitirlo, empezó a reconocer patrones nuevos, no en datos, no en teorías… sino en una persona.

Ya no era solo el pasillo.

Ya no era solo el accidente.

Ahora era la costumbre.

Y eso era más peligroso.

Porque las costumbres se quedan.

Helix estaba sentado en una mesa, con el libro abierto frente a él, subrayando líneas con precisión, marcando ideas, organizando pensamientos como siempre lo hacía, pero esta vez… levantó la mirada antes de que la voz llegara.

Como si ya supiera.

Como si ya lo esperara.

—Otra vez aquí.

Helix no se sorprendió.

—Sí.

La persona se sentó frente a él, apoyando los codos en la mesa, inclinándose ligeramente hacia adelante, invadiendo su espacio sin pedir permiso… y sin que él se alejara.

—¿Qué estás leyendo ahora?

Helix giró el libro.

—Procesos de apego emocional.

Silencio.

Luego…

una risa suave.

—Eso suena irónico.

Helix frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

—Porque no pareces alguien que crea en eso.

Helix respondió sin dudar.

—No creo.

—Entonces, ¿por qué lo estudias?

Silencio.

Una pausa mínima.

Pero real.

—Porque existe.

La persona lo miró con más atención.

—¿Y eso es suficiente?

Helix bajó la mirada al libro.

—Tiene que serlo.

Pero esa respuesta ya no era tan firme como antes.

—¿Sabes?

Helix levantó la mirada otra vez.

—¿Qué?

—Creo que entiendes todo… menos lo importante.

Silencio.

Helix no respondió.

Porque no sabía si estaba equivocado.

O si esa frase… tenía sentido.

El tiempo empezó a pasar distinto desde ese momento, las conversaciones dejaron de ser interrupciones y se volvieron parte de su rutina, Helix seguía estudiando, seguía analizando, seguía buscando lógica en todo, pero ahora había algo que no encajaba completamente… y aun así no lo rechazaba.

Una tarde, en el mismo lugar de siempre, el cielo comenzaba a oscurecer, las luces de la ciudad encendiéndose una por una como si siguieran un patrón que Helix podría haber analizado en otro momento, pero no ahora, porque estaba ahí, sentado, sin libro, sin notas, sin nada en las manos.

Solo… presente.

—Hoy no estás leyendo.

Helix negó levemente.

—No.

La persona se sentó a su lado.

—¿Te sientes mal?

—No.

Silencio.

—Entonces… ¿por qué?

Helix miró al frente.

—Estoy pensando.

—Eso no es nuevo.

—No.

Una pausa.

—Pero esto sí.

La persona inclinó la cabeza.

—¿El qué?

Helix dudó.

Más de lo normal.

—Tú.

Silencio.

No incómodo.

Pero sí diferente.

—¿Yo?

Helix asintió.

—No encajas.

La respuesta fue inmediata.

—Gracias… creo.

Helix negó.

—No es un insulto.

—Lo sé.

Silencio.

—Entonces… ¿qué soy?

Helix no respondió de inmediato.

Porque no tenía una palabra.

No tenía una categoría.

No tenía una definición.

Y eso…

era lo que más lo desconcertaba.

—No lo sé.

La persona sonrió suavemente.

—Está bien.

Silencio.

—No tienes que saber todo.

Pero Helix quería.

Siempre quería.

Y esta vez…

no podía.

El viento pasó suave entre ellos, moviendo apenas el cabello de ambos, el sonido lejano de la ciudad acompañando ese momento que no tenía explicación lógica, que no tenía objetivo claro, que no servía para nada en términos de eficiencia…

y aun así…

se sentía necesario.

—Helix.

La voz lo llamó por su nombre.

Por primera vez.

Completo.

Real.

Helix la miró.

—¿Sí?

La persona lo observó unos segundos más.

Como si estuviera evaluando algo.

Como si estuviera decidiendo si decirlo o no.

—No eres tan frío como crees.

Silencio.

Helix frunció el ceño.

—Sí lo soy.

—No.

—Sí.

—No.

Una pequeña sonrisa.

—Solo te escondes bien.

Esa frase…

se quedó.

Más de lo que debería.

Porque por primera vez…

alguien no estaba intentando entenderlo.

Ni analizarlo.

Ni cambiarlo.

Solo…

verlo.

Y eso…

eso era lo que Helix no sabía cómo manejar.

Porque no había fórmula para eso.

No había estructura.

No había control.

Solo estaba ahí.

Y mientras el cielo terminaba de oscurecer…

y las luces de la ciudad brillaban más fuerte…

Helix no pensó en teorías.

No pensó en datos.

No pensó en respuestas.

Pensó en quedarse.

Y sin darse cuenta…

ese fue el momento exacto en el que todo cambió.

Porque ahí…

sin ruido…

sin aviso…

empezó a importarle.

Y cuando algo empieza a importar…

también empieza a doler.




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