Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 63;"Donde alguien decidió quedarse"

El patio del orfanato estaba lleno de ruido, de risas que se mezclaban entre sí sin orden, de pasos que corrían sin destino fijo, de voces que gritaban nombres que todos reconocían, como si ese lugar, aunque no fuera perfecto, tuviera algo que hacía que los niños olvidaran por un momento todo lo que no tenían.

El sol caía suave sobre el suelo, calentando lo suficiente como para que nadie quisiera quedarse dentro, y el aire llevaba ese tipo de tranquilidad que solo existe cuando no hay preocupaciones demasiado grandes.

Pero no todos estaban jugando.

Ilya estaba sentado en uno de los bordes del patio, con las piernas recogidas ligeramente, los brazos apoyados sobre ellas, mirando al frente sin enfocarse realmente en nada en específico, como si observar fuera suficiente, como si no necesitara participar para entender lo que pasaba.

No estaba triste.

No parecía enojado.

Solo… estaba.

Los niños corrían frente a él, algunos tropezaban, otros reían más fuerte, alguien gritó su nombre en algún punto, pero no era el suyo, nunca lo era, y eso no le molestaba, no lo suficiente como para cambiar de lugar.

Era cómodo así.

Silencioso.

Seguro.

—¿Por qué no juegas?

La voz llegó sin aviso.

Cerca.

Demasiado cerca.

Ilya no giró la cabeza de inmediato.

Como si estuviera decidiendo si valía la pena responder.

—No quiero.

La respuesta fue simple.

Sin emoción.

Sin intención de continuar.

Pero la otra persona no se fue.

En lugar de eso, se sentó a su lado.

Sin permiso.

Sin preguntar.

El sonido de alguien acomodándose junto a él rompió ligeramente la burbuja de silencio en la que Ilya estaba, lo suficiente para que finalmente girara la cabeza un poco.

Era un niño.

Cabello desordenado, rodillas raspadas, una pequeña marca en la mejilla que parecía reciente, y una expresión que no coincidía con nada de eso… porque estaba sonriendo.

Como si nada fuera un problema.

—Eso no es verdad.

Ilya lo miró apenas un segundo más.

—Sí lo es.

El niño negó con la cabeza.

—No.

Silencio.

—Solo no sabes con quién jugar.

La respuesta llegó tan segura… que por un momento no sonó como una opinión.

Sonó como un hecho.

Ilya apartó la mirada.

—No necesito jugar.

El niño se encogió de hombros.

—Yo sí.

Ilya frunció ligeramente el ceño.

—Entonces ve con ellos.

Señaló con la mirada al grupo que seguía corriendo, riendo, gritando.

El niño los miró.

Un segundo.

Y luego volvió a él.

—No.

Ilya no entendió.

—¿Por qué?

El niño sonrió un poco más.

—Porque tú estás aquí.

Silencio.

Esa respuesta no tenía sentido.

No encajaba.

No era lógica.

Y aun así…

no sonó incorrecta.

El ruido del patio siguió igual, las risas no se detuvieron, el mundo no cambió por esa conversación pequeña que nadie más estaba escuchando, pero algo en ese espacio reducido… se movió un poco.

—Eres raro.

Ilya lo dijo sin pensar demasiado.

El niño soltó una risa corta.

—Sí.

Y no lo negó.

—¿Y tú?

Ilya no respondió.

Porque no sabía qué decir.

El niño apoyó las manos detrás de él, mirando al frente como si no necesitara una respuesta para seguir ahí.

—Soy Kael.

La presentación salió natural.

Sin presión.

Sin expectativa.

Ilya dudó un segundo.

No porque no quisiera decir su nombre.

Sino porque no estaba acostumbrado a hacerlo.

—…Ilya.

Kael asintió, como si fuera suficiente.

Como si no necesitara más.

Silencio.

Pero no incómodo.

El tipo de silencio donde alguien decidió quedarse.

El viento pasó suave entre ellos, moviendo apenas el cabello de ambos, llevando consigo el sonido de los otros niños que seguían jugando, ajenos a ese pequeño momento que no parecía importante.

—¿Quieres jugar?

Kael lo preguntó otra vez.

Pero esta vez…

no sonó como insistencia.

Sonó como opción.

Ilya miró al frente.

Luego a él.

Y por primera vez…

no dijo que no.

No dijo que sí.

Pero no se levantó.

Y Kael no se fue.

Y en ese punto exacto…

sin promesas, sin explicaciones, sin entender realmente lo que estaba pasando…

algo empezó.

Algo pequeño.

Pero lo suficientemente importante…

como para doler mucho después.




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