Capítulo 64;"Brazos abiertos"
El patio no cambió al día siguiente, ni el sol, ni el ruido, ni las risas que se escapaban entre los árboles como si el mundo fuera simple y suficiente, pero algo sí era distinto, algo pequeño, casi invisible, algo que no se veía desde lejos… porque estaba entre dos personas que el día anterior no se conocían.
Y ahora… ya no estaban solos de la misma manera.
—
Ilya volvió al mismo lugar.
No porque alguien se lo pidiera.
No porque tuviera un motivo claro.
Solo… volvió.
Se sentó igual que antes, en el borde, con la misma postura, la misma mirada tranquila, como si nada hubiera cambiado.
Pero esperó.
Sin darse cuenta.
—
Los niños corrían como siempre, alguien gritó, otro cayó al suelo y empezó a reír, una pelota rodó cerca de sus pies y luego alguien pasó corriendo para recogerla, todo seguía igual… menos ese pequeño espacio a su lado.
Ese espacio vacío que ya no se sentía tan normal.
—
—Sabía que ibas a estar aquí.
La voz llegó antes de que pudiera pensarlo.
—
Ilya no se movió de inmediato.
Pero sus ojos sí.
—
Kael se dejó caer a su lado otra vez, sin pedir permiso, como si ese lugar ya le perteneciera un poco, como si sentarse junto a él fuera lo más natural del mundo.
—
—No lo sabía.
Respondió Ilya.
—
Kael sonrió.
—
—Yo sí.
—
Silencio.
Pero esta vez…
no era el mismo.
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—¿Siempre te sientas aquí?
—
Ilya asintió levemente.
—
—Casi siempre.
—
Kael miró al frente, observando a los demás como lo había hecho el día anterior, pero sin dejar de estar presente, sin perder esa forma de ocupar el espacio sin incomodar.
—
—Entonces yo también.
—
Ilya giró un poco la cabeza.
—
—¿Por qué?
—
Kael se encogió de hombros.
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—Porque está tranquilo.
—
Una pausa.
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—Y porque estás tú.
—
Silencio.
—
Otra vez.
Esa respuesta.
—
Ilya no dijo nada.
Pero tampoco la rechazó.
—
El viento pasó entre ellos, moviendo las hojas, trayendo risas, llevándose palabras que nadie más estaba escuchando, creando ese tipo de momento que no parece importante… hasta que lo recuerdas después.
—
—Oye.
—
Kael habló de nuevo.
—
—¿Te gusta estar solo?
—
Ilya pensó un segundo.
—
—Sí.
—
Respuesta rápida.
—
—¿Siempre?
—
Esa pregunta… tardó más.
—
Ilya bajó la mirada un poco.
—
—No lo sé.
—
Kael asintió como si esa respuesta fuera suficiente.
—
—A mí no.
—
Ilya lo miró.
—
—¿No?
—
Kael negó con la cabeza.
—
—Es aburrido.
—
Una pequeña sonrisa apareció.
—
—Prefiero estar con alguien.
—
Silencio.
—
—¿Con cualquiera?
—
Kael pensó un segundo.
—
—No.
—
Y luego lo miró.
—
—Con quien quiera quedarse.
—
El aire cambió un poco.
No mucho.
Pero lo suficiente.
—
Porque esa frase…
no era casual.
—
Era elección.
—
Ilya sintió algo extraño en el pecho, algo que no era incómodo, pero tampoco familiar, algo que no tenía nombre todavía, pero que se parecía mucho a… calma.
—
No dijo nada.
—
No sabía qué decir.
—
Y no necesitaba hacerlo.
—
Kael se estiró un poco, apoyando las manos en el suelo, mirando al cielo como si no hubiera prisa, como si ese momento no tuviera que ir a ningún lado.
—
—¿Sabes?
—
Ilya levantó la mirada.
—
—Puedes quedarte aquí… sin estar solo.
—
La frase fue suave.
Sin presión.
Sin obligación.
—
Como si no estuviera pidiendo nada.
—
Como si solo estuviera… ofreciendo.
—
Brazos abiertos.
—
Ilya lo miró unos segundos más.
—
Y por primera vez…
no pensó en irse.
—
No pensó en cambiar de lugar.
—
No pensó en alejarse.
—
Solo… se quedó.
—
El ruido del patio siguió, el sol bajó un poco más, las sombras comenzaron a alargarse lentamente, y el tiempo pasó sin que ninguno de los dos lo notara realmente, porque cuando algo se siente tranquilo… no necesitas contarlo.
—
Y en ese pequeño espacio…
entre palabras simples y silencios compartidos…
—
Ilya empezó a entender algo que nunca había necesitado antes.
—
Que no todo se trata de estar acompañado…
—
sino de con quién decides quedarte.
—
Y Kael…
—
Kael ya había decidido.
—
Desde el primer día.
—
Y lo hizo sin pedir nada a cambio.
—
Solo estando ahí.
—
Con los brazos abiertos.
—
Esperando…
—
sin saber que algún día…
—
eso sería exactamente lo que más dolería recordar.