Capítulo 65;"Recibe mis brazos abiertos a tu oscuridad"
El patio no siempre era luz.
A veces, cuando el sol se escondía y las sombras se estiraban como si quisieran ocuparlo todo, el lugar cambiaba sin dejar de ser el mismo, las risas se volvían más bajas, los pasos más lentos, y el aire… más quieto, como si guardara secretos que durante el día no se atrevían a salir.
Esa tarde fue así.
—
Ilya no estaba en su lugar de siempre.
No en el borde.
No mirando a los demás.
—
Estaba más atrás.
Cerca de la pared.
Donde el ruido llegaba más apagado.
Donde nadie iba si no tenía que hacerlo.
—
Sus manos estaban juntas, los dedos entrelazados con una tensión que no coincidía con la calma del lugar, su mirada baja, fija en algo que no estaba realmente ahí, como si estuviera pensando demasiado en algo que no sabía cómo ordenar.
No estaba llorando.
Pero tampoco estaba bien.
—
El sonido de pasos no tardó en aparecer.
No apresurados.
No dudosos.
—
Constantes.
—
Kael.
—
—Te escondes peor de lo que crees.
—
La voz llegó suave.
Pero directa.
—
Ilya no levantó la mirada.
—
—No me estoy escondiendo.
—
Kael soltó una pequeña risa sin burla.
—
—Entonces estás muy mal disimulando.
—
Se acercó más.
Sin invadir.
Pero sin alejarse.
—
—¿Qué pasó?
—
Silencio.
—
Ilya no respondió.
—
Porque no sabía cómo.
—
Porque no tenía palabras para eso.
—
Kael no insistió de inmediato.
Se quedó ahí.
Como siempre.
—
Esperando.
—
—Hoy…
—
La voz de Ilya salió más baja de lo normal.
—
—uno de los niños se fue.
—
Kael bajó la mirada un segundo.
—
—Lo adoptaron.
—
Ilya asintió apenas.
—
—Sí.
—
Silencio.
—
—Todos estaban felices.
—
Otra pausa.
—
—Yo también debería estarlo.
—
Kael no respondió.
—
Porque entendía lo que no se decía.
—
—Pero no lo estoy.
—
Esa vez…
la voz se rompió apenas.
Lo suficiente para notarse.
—
Ilya apretó más los dedos.
—
—Solo… desapareció.
—
La palabra quedó suspendida.
—
—Ayer estaba aquí.
—
Su mirada tembló apenas.
—
—Y hoy no.
—
Silencio.
—
—Y nadie más parece…
—
No terminó la frase.
—
Porque no hacía falta.
—
Kael dio un paso más cerca.
—
No habló de inmediato.
—
No corrigió.
No explicó.
—
Solo…
se sentó frente a él.
—
A su altura.
—
—A mí también me pasa.
—
Ilya levantó la mirada por fin.
—
Kael lo miraba directo.
Sin esquivar.
—
—No me gusta cuando alguien se va.
—
Una pausa.
—
—Aunque sea algo bueno.
—
Ilya no dijo nada.
—
Pero su respiración cambió.
—
—Porque se siente como si…
—
Kael buscó las palabras.
—
—como si el lugar se hiciera más grande.
—
Silencio.
—
—Y más vacío.
—
Ilya bajó la mirada otra vez.
—
Porque eso…
eso sí tenía sentido.
—
Kael apoyó una mano en el suelo.
Cerca.
No tocándolo.
Pero lo suficiente para que la distancia no fuera completa.
—
—No tienes que fingir que estás bien.
—
La voz fue más suave ahora.
—
—No tienes que sentir lo mismo que los demás.
—
Otra pausa.
—
—Está bien que te duela.
—
Ilya cerró los ojos un segundo.
—
Porque esa frase…
no intentaba arreglar nada.
—
Solo… lo dejaba existir.
—
—No me gusta.
—
La confesión salió baja.
—
—¿Qué?
—
—Que todo cambie.
—
Silencio.
—
—Que la gente se vaya.
—
Sus dedos se tensaron otra vez.
—
—Que no pueda hacer nada.
—
Kael lo escuchó.
Sin interrumpir.
—
—No quiero acostumbrarme a eso.
—
La última frase fue casi un susurro.
—
Y ahí estaba.
—
La oscuridad.
—
No grande.
No destructiva.
—
Pero real.
—
Kael la vio.
—
Y no se apartó.
—
No la evitó.
—
No intentó apagarla.
—
Solo…
se acercó un poco más.
—
Lo suficiente.
—
—Entonces no lo hagas.
—
Ilya abrió los ojos.
—
—¿Qué?
—
—No te acostumbres.
—
Kael se encogió de hombros.
—
—A mí tampoco me gusta.
—
Una pequeña sonrisa apareció.
—
—Y no pienso dejar que eso sea normal.
—
Silencio.
—
—Pero va a seguir pasando.
—
Ilya lo dijo casi como una advertencia.
—
Kael asintió.
—
—Sí.
—
Sin negarlo.
—
—Entonces… quédate.
—
La frase salió sin dramatismo.
Sin peso.
—
Pero lo tenía.
—
—Quédate conmigo.
—
Ilya lo miró.
—
—¿Para qué?
—
Kael sostuvo su mirada.
—
—Para que no tengas que pasar por eso solo.
—
Silencio.
—
El aire se volvió más suave.
—
Menos pesado.
—
No porque el problema se fuera.
—
Sino porque ya no estaba solo dentro de él.
—
Kael no extendió la mano.
No lo abrazó.
—
Pero estaba ahí.
—
Cerca.
—
Presente.
—
Abierto.
—
—Puedes traer todo eso aquí.
—
Dijo después.
—