Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 66;"Los que no fueron elegidos"

Después de esa tarde, algo cambió entre ellos de una forma tan tranquila que ninguno de los dos lo notó de inmediato, no hubo una promesa nueva ni un momento exacto que marcara el inicio de algo distinto, simplemente comenzaron a estar juntos más seguido, como si el espacio entre ellos hubiera aprendido a cerrarse solo.

Y en un lugar como ese…

eso significaba mucho.

El orfanato seguía lleno de vida, de voces cruzándose por los pasillos, de niños corriendo antes de que los cuidadores los regañaran, de platos chocando durante las comidas y pequeñas discusiones por tonterías que al final siempre terminaban en risas.

Era cálido.

Humano.

Real.

Pero incluso en lugares así…

había cosas que los niños aprendían a notar.

Aunque nadie se las explicara.

Ilya empezó a entender patrones.

No porque alguien se los enseñara.

Sino porque siempre observaba demasiado.

Los niños más pequeños solían irse primero.

Los más sociables también.

Los que sonreían fácil.

Los que hablaban mucho.

Los que parecían… fáciles de querer.

Y luego estaban otros.

Los silenciosos.

Los raros.

Los que pasaban desapercibidos.

Ellos se quedaban.

Una tarde de lluvia, el sonido del agua golpeando las ventanas llenaba el comedor mientras varios niños hablaban emocionados porque una pareja había llegado otra vez al orfanato, los cuidadores acomodaban todo más rápido de lo normal, algunos niños se arreglaban el cabello como podían, otros practicaban sonrisas frente al reflejo de los vasos.

Esperanza.

Eso era.

Kael estaba sentado frente a Ilya, moviendo distraídamente una cuchara entre los dedos.

—¿Y si hoy sí me adoptan?

Lo dijo riendo un poco.

Como broma.

Pero Ilya levantó la mirada enseguida.

Y algo en su pecho se tensó.

—Lo dices como si quisieras irte.

Kael lo miró un segundo.

Luego sonrió apenas.

—¿Y tú no?

Silencio.

Ilya bajó la mirada al plato.

—No lo sé.

Era mentira.

Sí lo sabía.

Pero no quería decirlo.

Porque desde hacía un tiempo…

cuando imaginaba irse de ahí…

ya no podía hacerlo sin pensar también en Kael.

El ruido en el comedor aumentó cuando los cuidadores llamaron a algunos niños, varios se levantaron rápido, nerviosos, emocionados, uno de ellos incluso tropezó por querer correr demasiado rápido.

Kael los observó irse.

—Siempre parece importante.

Murmuró.

Ilya siguió la dirección de su mirada.

—Lo es.

Kael apoyó la cabeza en una mano.

—¿Crees que alguien venga por nosotros algún día?

Silencio.

La lluvia seguía golpeando las ventanas.

Ilya tardó demasiado en responder.

—Tal vez por ti.

Kael frunció el ceño.

—¿Y eso qué significa?

Ilya se encogió ligeramente de hombros.

—Le caes bien a todos.

Kael soltó una pequeña risa.

—A ti no te caía bien.

—Ahora sí.

La respuesta salió tan rápido…

que ambos se quedaron en silencio después.

Kael sonrió despacio.

Y esa expresión hizo que Ilya desviara la mirada inmediatamente.

Porque todavía no entendía por qué algunas cosas le afectaban tanto.

Pasaron varios minutos antes de que los niños regresaran.

Algunos felices.

Otros no tanto.

Uno llorando porque no lo habían elegido.

Otra niña fingiendo que no le importaba.

Kael los observó en silencio.

Y esa vez…

no sonrió.

—Debe sentirse horrible.

Ilya levantó la mirada.

—¿Qué cosa?

—Esperar que alguien te quiera…

Kael bajó la mirada a la mesa.

—y que no pase.

Silencio.

La lluvia sonó más fuerte.

Ilya sintió algo extraño apretarle el pecho otra vez.

Porque entendía esa sensación.

Aunque nunca la hubiera dicho en voz alta.

Porque el problema no era solo quedarse.

Era empezar a pensar que había una razón para que nadie te eligiera.

Y eso…

eso era más difícil de soportar.

Esa noche, varios niños dormían ya, el sonido suave de respiraciones llenando la habitación compartida mientras la lluvia seguía afuera, más tranquila ahora.

Ilya estaba despierto.

Mirando el techo.

—¿Estás dormido?

La voz de Kael llegó desde la cama de al lado.

—No.

Silencio.

—Oye, Ilya.

—¿Qué?

Kael tardó un poco en hablar.

—Si un día me adoptan…

La frase quedó incompleta unos segundos.

—¿Te enojarías?

El pecho de Ilya se tensó tan rápido que casi dolió.

Pero no sabía por qué.

Giró apenas la cabeza hacia donde estaba Kael, aunque la oscuridad no dejaba verlo bien.

—No.

Mentira.

Kael soltó una pequeña risa.

—Eres muy malo mintiendo.

Ilya frunció ligeramente el ceño.

—No estoy mintiendo.

—Sí.

Silencio.

Luego…

el sonido de las sábanas moviéndose.

Kael se había bajado de su cama.

Y segundos después, estaba sentado junto a él en el suelo, apoyando la espalda contra la cama.

—No quiero irme sin ti.

La frase fue tan simple…

que dolió.




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