Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 69;"Un amor (obsesión) en tu paraíso"

La noche dentro de Neuro//Rival nunca era completamente silenciosa.

Siempre existía algún sonido escondido entre los muros, el zumbido constante de las luces, pasos lejanos, puertas metálicas cerrándose lentamente, respiraciones contenidas detrás de habitaciones demasiado pequeñas para tantas emociones acumuladas.

Pero esa noche…

el silencio se sentía diferente.

Más profundo.

Como el fondo del mar.

Ilya no podía dormir.

Estaba sentado sobre la cama, los brazos apoyados sobre las rodillas, la mirada perdida en el suelo mientras la tenue luz azul del pasillo se filtraba por debajo de la puerta, dividiendo la oscuridad de la habitación en dos partes desiguales.

Su pecho seguía pesado.

No por una ronda.

No por el sistema.

Por Mairo.

O peor…

por las cosas que había dicho.

Porque parte de él odiaba admitir que algunas tenían sentido.

“Debe ser agotador…”

Ilya cerró los ojos un segundo.

Sí.

Lo era.

Cada día dentro de Neuro//Rival se sentía como sostener algo que poco a poco pesaba más, algo invisible que nadie más parecía notar completamente, el miedo, la culpa, las pérdidas, las miradas de personas que todavía esperaban que siguiera siendo el mismo.

Especialmente Kael.

Y eso…

eso era lo que más cansaba.

Porque Kael todavía lo miraba como si quedara algo intacto dentro de él.

Como si todavía pudiera volver.

El sonido suave de la puerta abriéndose interrumpió sus pensamientos.

Ilya levantó la mirada lentamente.

Mairo.

No parecía sorprendido de verlo despierto.

Como si ya lo supiera.

—Sabía que no estarías dormido.

La voz fue baja.

Tranquila.

Ilya frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué haces aquí?

Mairo cerró la puerta detrás de él con cuidado.

—Quería hablar contigo.

Silencio.

—¿Y si no quiero hablar?

Mairo sonrió apenas.

No ofendido.

—Entonces solo escucharé el silencio contigo.

La respuesta cayó suave.

Como agua lenta.

Ilya apartó la mirada.

Porque otra vez…

no supo qué responder.

Mairo caminó despacio hasta sentarse cerca, dejando suficiente distancia para no invadirlo, pero no tanta como para sentirse lejano.

Y entonces…

solo se quedó ahí.

Sin presión.

Sin preguntas inmediatas.

Como si entendiera perfectamente lo agotador que era sentirse observado todo el tiempo.

Pasaron varios segundos antes de que hablara otra vez.

—¿Sabes qué es lo más cruel de este lugar?

Ilya no respondió.

Mairo bajó la mirada ligeramente.

—Que te obliga a seguir sintiendo… incluso cuando ya no quieres hacerlo.

Silencio.

—Las personas aquí siguen aferrándose entre sí.

Una pequeña sonrisa triste apareció en su rostro.

—Como si eso fuera a salvarlas.

Ilya pensó inmediatamente en Kael.

Y eso le dolió más de lo esperado.

Mairo lo notó.

Claro que sí.

—Él te importa mucho.

No fue pregunta.

Ilya tensó apenas la mandíbula.

—No hables de él.

Mairo inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Por qué?

Silencio.

—Porque cuando hablan de las personas que amas…

La voz de Ilya salió más baja.

Más rota.

—se siente como si algo malo fuera a pasarles.

El aire cambió apenas.

Y por primera vez…

Mairo no sonrió.

Solo lo observó.

Con algo extraño en los ojos.

Algo parecido a comprensión.

—Entonces ya lo entiendes.

Ilya levantó la mirada lentamente.

—¿Entender qué?

Mairo apoyó la cabeza contra la pared detrás de él.

Mirando al techo.

—Que amar a alguien aquí…

Una pausa.

—es como intentar mantener vivo algo en medio del océano.

Silencio.

—Tarde o temprano…

Su voz bajó apenas.

—las olas terminan llevándoselo.

El pecho de Ilya se tensó.

Porque parte de él…

ya estaba empezando a creer eso.

Mairo giró la cabeza hacia él otra vez.

—Pero hay personas que dejan de luchar contra el mar.

Silencio.

—Y cuando eso pasa…

Una pequeña sonrisa suave apareció.

—deja de doler tanto.

Ilya sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

No porque Mairo estuviera gritándole algo terrible.

Sino porque sonaba tranquilo.

Seguro.

Como alguien ofreciéndole descanso.

Como alguien diciéndole:

“Puedes dejar de nadar.”

Y después de tanto tiempo intentando mantenerse a flote…

eso era peligroso.

Muy peligroso.

—¿Tú ya dejaste de hacerlo?

Preguntó Ilya después de un largo silencio.

Mairo lo observó unos segundos.

Y luego sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Vacía.

—Hace mucho tiempo.

Silencio.

—¿Y no te arrepientes?

Mairo tardó en responder.

Más que antes.

—A veces.

La honestidad de esa respuesta dolió más que cualquier mentira.

Porque no estaba intentando engañarlo.

Estaba mostrándole exactamente lo que era.

Y aun así…

Ilya no se alejaba.

El sonido distante de pasos cruzó el pasillo.




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