Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 80;"El precio de una promesa"

Las plataformas seguían moviéndose.

Lentas.

Implacables.

Como las manecillas de un reloj que avanzaba hacia una tragedia anunciada.

Ashley continuaba caminando.

Cada paso acompañado por el eco de sus recuerdos.

Cada respiración más pesada que la anterior.

Y mientras ella luchaba dentro de la arena...

afuera, el mundo observaba.

Las enormes pantallas de Neuro//Rival brillaban sobre la ciudad como soles artificiales.

Restaurantes.

Plazas.

Centros comerciales.

Bares.

Apartamentos.

Miles de personas tenían la mirada fija en la misma transmisión.

La ronda de Ashley, Chosome y Erword había roto récords de audiencia.

—Cien créditos a que gana Ashley.

Un hombre apoyó las monedas electrónicas sobre una mesa iluminada por neones.

—Doscientos a que pierde el hermano.

—¿Tan seguro estás?

—Míralo.

La pantalla mostró a Erword observando a Ashley en lugar de concentrarse en el recorrido.

—Ese hombre ya decidió perder.

Risas.

Comentarios.

Más apuestas.

Como si estuvieran observando una carrera.

Como si aquello no fueran personas reales.

En otro punto de la ciudad, un grupo de jóvenes seguía la transmisión desde una cafetería.

—Yo digo que gana Chosome.

—¿Por qué?

—Porque nadie lo está tomando en cuenta.

—Eso no tiene sentido.

—Precisamente por eso.

Más risas.

Más apuestas.

Más espectadores.

Más ojos.

Mientras tanto, desde lo más alto del complejo principal, Helix observaba todas las cifras reflejadas en decenas de pantallas.

Audiencia.

Participación.

Emociones.

Tensión.

Todo subía.

Y él sonreía.

—Hermoso.

Murmuró.

Uno de sus asistentes tragó saliva.

—La audiencia aumentó otro veinte por ciento desde la aparición de Erword.

—Lo sé.

Helix caminó lentamente alrededor de la sala.

—Las personas aman las historias familiares.

Sus dedos recorrieron una pantalla.

—Especialmente cuando terminan mal.

El asistente no respondió.

Porque ya sabía que Helix no estaba bromeando.

Helix se detuvo frente a una transmisión de Ashley.

Las lágrimas seguían visibles sobre su rostro.

—Mira eso.

Dijo.

—Esperanza.

Una pausa.

—Es mucho más valiosa que el sufrimiento.

—¿Por qué?

Preguntó otro trabajador.

Helix sonrió.

—Porque primero debes dar esperanza...

Su voz bajó.

—Para luego arrancarla.

Silencio.

La sala quedó completamente callada.

Ni siquiera Mairo dijo nada.

Porque incluso para él...

aquellas palabras sonaban inquietantes.

Las pantallas cambiaron nuevamente.

Ahora mostraban los signos vitales de los participantes.

ASHLEY

Frecuencia cardíaca elevada.

Estrés extremo.

CHOSOME

Estrés crítico.

ERWORD

Estable.

Helix observó el nombre de Erword durante varios segundos.

—Interesante.

Murmuró.

—Ya tomó una decisión.

Mairo levantó la vista.

—¿Cuál?

Helix sonrió.

—La misma que toman todas las personas que aman demasiado.

Silencio.

—Sacrificarse.

Muy lejos de allí, en la arena, Erword avanzó hacia una de las plataformas superiores.

El mecanismo bajo sus pies comenzó a temblar.

Ashley lo vio.

—¡Cuidado!

Gritó.

Pero Erword simplemente sonrió.

La misma sonrisa.

La de siempre.

Y aquello hizo que algo se revolviera dentro de ella.

Porque empezaba a notar algo extraño.

Él no estaba intentando ganar.

Ni siquiera estaba fingiendo.

Estaba ayudándola.

Guiándola.

Protegiéndola.

Como cuando eran niños.

Como si la ronda no importara.

Como si su única misión fuera verla llegar al final.

Las pantallas de la ciudad explotaron en comentarios.

—¿Lo vieron?

—Lo hizo a propósito.

—Está dejándola avanzar.

—Eso es una locura.

—No, eso es amor.

Las apuestas comenzaron a cambiar.

Los porcentajes se movieron.

Los pronósticos también.

Y Helix observó todo con satisfacción.

Porque exactamente eso era lo que quería.

No una competencia.

No una batalla.

Sino una pregunta.

Una única pregunta.

¿Cuánto está dispuesto a perder alguien por la persona que ama?

Y mientras las plataformas seguían moviéndose y el cronómetro continuaba descendiendo...

Helix comenzó a preparar la siguiente fase de la ronda.

Una fase mucho más cruel.

Porque hasta ahora...

solo había puesto a prueba sus cuerpos.

Lo siguiente...

iba a poner a prueba sus corazones.




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