Capítulo 85;"El día que encontré a alguien"
La noche había caído sobre Neuro//Rival.
Por primera vez en mucho tiempo, los pasillos estaban extrañamente silenciosos.
No porque el complejo hubiera dejado de funcionar.
Ni porque Helix hubiera decidido detener el espectáculo.
—
Sino porque el dolor de Ashley había sido tan grande que incluso los demás participantes parecían incapaces de ignorarlo.
—
Dentro de la habitación, Ashley permanecía sentada sobre su cama.
Las luces estaban apagadas.
Solo una pequeña lámpara iluminaba una parte de la habitación.
—
Había llorado hasta quedarse sin lágrimas.
—
Y aun así...
seguía doliendo.
—
Mucho.
—
Del otro lado de la puerta, Chosome continuaba sentado en el suelo.
Como lo había estado durante horas.
Sin irse.
Sin dormir.
Sin decir nada.
—
Simplemente acompañándola.
—
Entonces Ashley recordó algo.
—
Algo pequeño.
—
Algo que había ocurrido mucho antes de Neuro//Rival.
Mucho antes de Erword.
Mucho antes de todo aquel dolor.
—
Y lentamente cerró los ojos.
Lluvia.
—
Mucha lluvia.
—
Ashley tenía quince años.
Y estaba sentada sola bajo la parada de un autobús.
Empapada.
Molesta.
Con una mochila vieja entre los brazos.
—
Había discutido con alguien ese día.
No recordaba exactamente con quién.
Solo recordaba sentirse sola.
—
Muy sola.
—
La lluvia golpeaba el techo de metal.
—
Y entonces alguien apareció.
—
Un chico.
—
Delgado.
Despeinado.
Sosteniendo un paraguas roto.
—
Ashley levantó una ceja.
—
Porque aquel paraguas protegía aproximadamente nada.
—
La mitad de su ropa estaba mojada.
—
Y aun así parecía orgulloso de él.
—
El chico se sentó a unos metros.
—
Silencio.
—
Luego miró el paraguas.
—
Luego miró la lluvia.
—
Luego volvió a mirar el paraguas.
—
—Creo que me estafaron.
—
Ashley soltó una pequeña risa.
—
Sin querer.
—
El chico sonrió.
—
—¡Funcionó!
—
—¿Qué?
—
—Te hice reír.
—
Ashley frunció el ceño.
—
—No estaba triste.
—
—Claro.
—
Respondió él.
—
—Y yo soy un millonario.
—
Ashley puso los ojos en blanco.
—
—Idiota.
—
—Chosome.
—
—¿Qué?
—
—Mi nombre.
—
Una sonrisa apareció en su rostro.
—
—Soy Chosome.
—
Ashley lo observó unos segundos.
—
Y finalmente respondió.
—
—Ashley.
—
—Mucho gusto, Ashley que definitivamente no está triste.
—
—Cállate.
—
—Jamás.
—
Y por alguna razón...
ella volvió a reír.
El recuerdo cambió.
—
Un parque.
Semanas después.
—
Ashley estaba sentada en una banca mientras Chosome intentaba alimentar unas palomas.
—
Intentaba.
—
Porque las palomas parecían odiarlo.
—
—¿Por qué me tienen miedo?
—
—Porque eres raro.
—
—Eso fue cruel.
—
—Fue honesto.
—
—Peor todavía.
—
Ashley soltó una carcajada.
—
Y Chosome sonrió.
—
Porque desde el principio había sido así.
—
Él hablaba.
Ella se reía.
—
Y de alguna manera...
eso funcionaba.
Otro recuerdo.
—
Una noche.
—
Ashley llorando.
—
No mucho.
Solo un poco.
—
Pensando en problemas que nunca contaba.
—
Y Chosome sentado junto a ella.
—
No preguntando nada.
—
No exigiendo respuestas.
—
Simplemente estando ahí.
—
Como ahora.
—
—Gracias.
—
Había murmurado ella.
—
—¿Por qué?
—
—Por quedarte.
—
Chosome sonrió.
—
—Es lo que hacen los amigos.
—
Ashley nunca olvidó esa respuesta.
La habitación volvió lentamente.
—
Ashley abrió los ojos.
—
Y por primera vez desde la muerte de Erword...
sonrió un poco.
—
Solo un poco.
—
Porque acababa de recordar algo importante.
—
Antes de Neuro//Rival.
Antes de la tragedia.
Antes del dolor.
—
Hubo alguien que apareció en una parada de autobús con un paraguas inútil.
—
Y decidió quedarse.
—
Ashley observó la puerta de la habitación.
—
Del otro lado seguía estando Chosome.
Probablemente sin dormir.
Probablemente preocupado.
Probablemente esperando.
—
Como siempre.
—
Entonces se levantó lentamente.
—
Caminó hasta la puerta.
—
Y la abrió.
—
Chosome casi se cae hacia atrás.
—
—¡AH!
—
Ashley lo observó.
—
Y por primera vez en mucho tiempo...
rió.
—
Una risa pequeña.
Cansada.
Pero real.
—
Chosome parpadeó sorprendido.
—
Y entonces sonrió también.
—
Porque aunque el dolor seguía ahí.
Aunque Erword ya no estaba.
Aunque Neuro//Rival continuaba siendo una pesadilla.
—
Aquella noche...
Ashley recordó que todavía tenía a alguien.
—
Y Chosome recordó que seguir esperando había valido la pena.