Capítulo 86;"Lo que no salió en lágrimas {o no quería}"
La noche seguía extendiéndose sobre Neuro//Rival.
Los pasillos estaban más silenciosos de lo habitual.
Incluso las pantallas parecían emitir menos ruido.
Como si el complejo entero estuviera recuperándose de la ronda de Ashley.
—
En una habitación al otro extremo del edificio, dos personas permanecían despiertas.
—
Kael.
E Ilya.
—
La habitación estaba iluminada únicamente por una pequeña lámpara junto a una de las camas.
Kael permanecía sentado, observando el techo.
Pero no estaba pensando en la ronda.
—
Estaba pensando en Ilya.
—
Porque había visto a Mashly llorar.
Había visto a Crimsno quedarse sin palabras.
Había visto a Justin bajar la mirada.
Incluso había visto a Evan quedarse callado.
—
Pero Ilya...
—
Ilya no había llorado.
No había gritado.
No había apartado la mirada.
No había mostrado nada.
—
Y eso era lo que más le preocupaba.
—
Porque Kael conocía a Ilya.
O al menos...
conocía al Ilya de antes.
—
El que sentía demasiado.
—
Giró lentamente la cabeza.
Ilya estaba sentado en su cama.
Mirando la oscuridad.
—
Quieto.
—
Demasiado quieto.
—
—¿Ilya?
—
Silencio.
—
—¿Qué?
—
La respuesta llegó varios segundos después.
—
Kael bajó la mirada.
—
—¿Por qué no reaccionaste?
—
Silencio.
—
Largo.
—
—¿A qué?
—
—A lo de Ashley.
A lo de Erword.
—
La habitación volvió a quedarse muda.
—
Ilya no respondió inmediatamente.
—
Porque sí había reaccionado.
—
Solo que nadie lo había visto.
—
Y eso era diferente.
—
Lentamente bajó la mirada hacia sus propias manos.
—
Entonces los recuerdos regresaron.
—
Como siempre.
—
Sin pedir permiso.
Un orfanato.
—
Pequeño.
Viejo.
—
Pero lleno de risas.
—
Niños corriendo por los pasillos.
Dibujos pegados en las paredes.
Comida demasiado simple.
Y tardes interminables jugando afuera.
—
Fue ahí donde vio a Kael por primera vez.
—
Ilya tenía apenas nueve años.
—
Y estaba sentado debajo de un árbol.
Solo.
—
Como casi siempre.
—
Hasta que una sombra apareció frente a él.
—
—¿Por qué estás solo?
—
Ilya levantó la mirada.
—
Un niño.
—
Cabello despeinado.
Rodillas raspadas.
Y una sonrisa enorme.
—
Kael.
—
—Porque quiero.
—
Respondió Ilya.
—
—Mentira.
—
—¿Qué?
—
—La gente que quiere estar sola no mira a los demás jugar.
—
Ilya se quedó callado.
—
Porque tenía razón.
—
Kael sonrió.
—
—Ven.
—
—No.
—
—Ven.
—
—No.
—
—Ven.
—
—No.
—
—Ven.
—
—...
—
—Ya gané.
—
Y sin entender cómo...
Ilya terminó jugando con él aquella tarde.
—
Y al día siguiente.
—
Y al otro.
—
Y al otro.
—
Hasta que un día simplemente...
Kael se volvió parte de su vida.
El recuerdo cambió.
—
Otra tarde.
Otro año.
—
Ambos más grandes.
Sentados sobre el techo del orfanato.
—
Mirando las estrellas.
—
—¿Crees que nos separen algún día?
—
Había preguntado Kael.
—
Ilya frunció el ceño.
—
—No.
—
—¿Cómo lo sabes?
—
—Porque no quiero.
—
Kael soltó una carcajada.
—
—Eso no funciona así.
—
—Pues debería.
—
—Idiota.
—
—Tú también.
—
Y ambos habían reído.
—
Porque en aquel entonces...
el futuro parecía enorme.
—
Y eterno.
Pero entonces llegó otro recuerdo.
—
Uno mucho más reciente.
—
Mucho más doloroso.
—
Erword.
—
Cayendo.
—
Sonriendo.
—
Desapareciendo en el vacío.
—
Y Ashley gritando.
—
El eco de aquel grito todavía seguía dentro de él.
—
Porque le recordaba otra cosa.
—
Algo que llevaba años intentando olvidar.
—
La muerte de Edward.
—
Otra caída.
—
Otra pérdida.
—
Otra persona desapareciendo frente a él.
—
Otra vez sin poder hacer nada.
—
Otra vez llegando demasiado tarde.
—
Otra vez sobreviviendo.
—
Ilya cerró los ojos.
—
Por un instante el pecho le dolió tanto que tuvo que contener la respiración.
—
Pero cuando abrió los ojos...
su rostro seguía igual.
—
Porque había aprendido a esconderlo.
—
Demasiado bien.
La habitación regresó.
—
Kael seguía esperando una respuesta.
—
Ilya permaneció varios segundos en silencio.
—
Y finalmente habló.
—
—No lloré porque ya he llorado por demasiadas personas.
—
Kael sintió que algo se encogía dentro de él.
—
Porque aquella respuesta sonaba cansada.
—
Terriblemente cansada.
—
—Eso no significa que no te haya afectado.
—
Murmuró.
—
Ilya bajó la mirada.
—
—Lo sé.
—
Silencio.
—
Kael observó a su amigo.
No.
—
A la persona que había conocido en el orfanato.
—
Y por primera vez en mucho tiempo entendió algo.
—
Ilya no estaba vacío.
—
No estaba roto.
—
No estaba dejando de sentir.