Neuro Rival

NEURO//RIVAL

Capítulo 86;"Lo que no salió en lágrimas {o no quería}"

La noche seguía extendiéndose sobre Neuro//Rival.

Los pasillos estaban más silenciosos de lo habitual.

Incluso las pantallas parecían emitir menos ruido.

Como si el complejo entero estuviera recuperándose de la ronda de Ashley.

En una habitación al otro extremo del edificio, dos personas permanecían despiertas.

Kael.

E Ilya.

La habitación estaba iluminada únicamente por una pequeña lámpara junto a una de las camas.

Kael permanecía sentado, observando el techo.

Pero no estaba pensando en la ronda.

Estaba pensando en Ilya.

Porque había visto a Mashly llorar.

Había visto a Crimsno quedarse sin palabras.

Había visto a Justin bajar la mirada.

Incluso había visto a Evan quedarse callado.

Pero Ilya...

Ilya no había llorado.

No había gritado.

No había apartado la mirada.

No había mostrado nada.

Y eso era lo que más le preocupaba.

Porque Kael conocía a Ilya.

O al menos...

conocía al Ilya de antes.

El que sentía demasiado.

Giró lentamente la cabeza.

Ilya estaba sentado en su cama.

Mirando la oscuridad.

Quieto.

Demasiado quieto.

—¿Ilya?

Silencio.

—¿Qué?

La respuesta llegó varios segundos después.

Kael bajó la mirada.

—¿Por qué no reaccionaste?

Silencio.

Largo.

—¿A qué?

—A lo de Ashley.

A lo de Erword.

La habitación volvió a quedarse muda.

Ilya no respondió inmediatamente.

Porque sí había reaccionado.

Solo que nadie lo había visto.

Y eso era diferente.

Lentamente bajó la mirada hacia sus propias manos.

Entonces los recuerdos regresaron.

Como siempre.

Sin pedir permiso.

Un orfanato.

Pequeño.

Viejo.

Pero lleno de risas.

Niños corriendo por los pasillos.

Dibujos pegados en las paredes.

Comida demasiado simple.

Y tardes interminables jugando afuera.

Fue ahí donde vio a Kael por primera vez.

Ilya tenía apenas nueve años.

Y estaba sentado debajo de un árbol.

Solo.

Como casi siempre.

Hasta que una sombra apareció frente a él.

—¿Por qué estás solo?

Ilya levantó la mirada.

Un niño.

Cabello despeinado.

Rodillas raspadas.

Y una sonrisa enorme.

Kael.

—Porque quiero.

Respondió Ilya.

—Mentira.

—¿Qué?

—La gente que quiere estar sola no mira a los demás jugar.

Ilya se quedó callado.

Porque tenía razón.

Kael sonrió.

—Ven.

—No.

—Ven.

—No.

—Ven.

—No.

—Ven.

—...

—Ya gané.

Y sin entender cómo...

Ilya terminó jugando con él aquella tarde.

Y al día siguiente.

Y al otro.

Y al otro.

Hasta que un día simplemente...

Kael se volvió parte de su vida.

El recuerdo cambió.

Otra tarde.

Otro año.

Ambos más grandes.

Sentados sobre el techo del orfanato.

Mirando las estrellas.

—¿Crees que nos separen algún día?

Había preguntado Kael.

Ilya frunció el ceño.

—No.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque no quiero.

Kael soltó una carcajada.

—Eso no funciona así.

—Pues debería.

—Idiota.

—Tú también.

Y ambos habían reído.

Porque en aquel entonces...

el futuro parecía enorme.

Y eterno.

Pero entonces llegó otro recuerdo.

Uno mucho más reciente.

Mucho más doloroso.

Erword.

Cayendo.

Sonriendo.

Desapareciendo en el vacío.

Y Ashley gritando.

El eco de aquel grito todavía seguía dentro de él.

Porque le recordaba otra cosa.

Algo que llevaba años intentando olvidar.

La muerte de Edward.

Otra caída.

Otra pérdida.

Otra persona desapareciendo frente a él.

Otra vez sin poder hacer nada.

Otra vez llegando demasiado tarde.

Otra vez sobreviviendo.

Ilya cerró los ojos.

Por un instante el pecho le dolió tanto que tuvo que contener la respiración.

Pero cuando abrió los ojos...

su rostro seguía igual.

Porque había aprendido a esconderlo.

Demasiado bien.

La habitación regresó.

Kael seguía esperando una respuesta.

Ilya permaneció varios segundos en silencio.

Y finalmente habló.

—No lloré porque ya he llorado por demasiadas personas.

Kael sintió que algo se encogía dentro de él.

Porque aquella respuesta sonaba cansada.

Terriblemente cansada.

—Eso no significa que no te haya afectado.

Murmuró.

Ilya bajó la mirada.

—Lo sé.

Silencio.

Kael observó a su amigo.

No.

A la persona que había conocido en el orfanato.

Y por primera vez en mucho tiempo entendió algo.

Ilya no estaba vacío.

No estaba roto.

No estaba dejando de sentir.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.