Nexus. El despertar de Helix

Capítulo 1 – El Error

El primer día de clases siempre había sido aburrido para Noah.
Demasiado ruido, demasiadas caras nuevas y una sensación constante de que el tiempo se movía más lento dentro de los pasillos del instituto. Ese lunes no parecía distinto… hasta que su computadora decidió contradecirlo.

El aula de informática estaba medio vacía. La mayoría de los estudiantes aún no había llegado, y los que sí lo habían hecho se entretenían revisando redes sociales o quejándose del horario. Noah, en cambio, ya estaba sentado frente al equipo del fondo, su lugar de siempre, con la mochila tirada a un costado y los auriculares colgándole del cuello sin música.

Encendió el computador con la misma rutina automática de siempre.

Pantalla negra.
Logo del sistema.
Carga normal.

Hasta que algo apareció donde no debía.

Un parpadeo apenas perceptible cruzó la pantalla, como si alguien hubiera escrito y borrado una línea de código demasiado rápido para ser vista. Noah frunció el ceño y se inclinó hacia adelante.

—Eso no estuvo bien… —murmuró.

Abrió el administrador del sistema. Todo parecía en orden. Demasiado en orden. Ningún proceso extraño, ningún consumo excesivo de memoria. Aun así, esa sensación incómoda se le instaló en el pecho, la misma que tenía cada vez que algo no cuadraba.

Conectó su disco externo sin pensarlo demasiado. No debía hacerlo en un equipo del instituto, lo sabía, pero la curiosidad siempre le ganaba a la prudencia.

Tecleó rápido, preciso.
Buscó registros antiguos del servidor local, archivos que casi nadie usaba ya. El sistema del instituto era viejo, parcheado una y otra vez durante años. Un cementerio de programas obsoletos y carpetas olvidadas.

Entonces lo vio.

Un directorio oculto.

No tenía nombre.
Solo una secuencia de caracteres incompleta, como si alguien hubiera intentado borrarlo… Y fallado.

El corazón de Noah dio un pequeño salto.

—¿Qué eres tú…?

Abrió la carpeta.

Decenas de archivos aparecieron en pantalla. Algunos corruptos. Otros en formatos que no reconocía del todo. Fechas antiguas, muy antiguas. Demasiado para un sistema escolar.

Uno de los archivos llamó su atención:
PROJECT_NX-CORE.log

Noah tragó saliva.

NX.

Hizo doble clic.

El archivo tardó unos segundos en abrirse. Cuando lo hizo, el texto llenó la pantalla como una avalancha de datos incompletos, líneas interrumpidas y comentarios escritos por distintas personas.

“Simulación estable al 47%.”
“Capacidad de adaptación superior a lo previsto.”
“Advertencia: comportamiento autónomo detectado.”

Noah sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Esto no es un proyecto escolar… —susurró.

Siguió leyendo.

Entre los fragmentos logró reconstruir una historia inquietante: un grupo de científicos, una simulación avanzada, pruebas de entornos virtuales interconectados. Elementos. Torres de control. Algoritmos evolutivos.

Y una palabra que se repetía más de lo que le gustaba:

Helix.

Antes de que pudiera seguir leyendo, la pantalla se oscureció de golpe.

—¿Qué…?

Pensó que el computador se había apagado, pero no. La luz del monitor seguía encendida. Entonces apareció algo nuevo.

Una interfaz.

No era del sistema operativo.
No era de ningún programa que Noah hubiera visto antes.

Fondo oscuro. Líneas finas de luz azul recorriendo la pantalla como venas digitales. En el centro, una palabra parpadeaba lentamente:

NEXUS

Noah se quedó inmóvil.

—Yo… no programé esto.

Sus dedos temblaron apenas cuando tocó el teclado. Intentó cerrar la ventana. Nada. Intentó forzar un reinicio. El comando no respondió.

La interfaz cambió.

Ahora aparecía una especie de mapa abstracto, dividido en secciones circulares. Cada una brillaba con un color distinto: azul profundo, rojo incandescente, blanco helado, gris eléctrico, entre otros.

En el borde inferior, una línea de texto comenzó a escribirse sola.

Inicializando sistema…
Sincronización incompleta.
Usuario detectado.

El aire del aula pareció volverse más denso.

—No, no, no… —murmuró Noah, levantándose de la silla.

Un sonido suave, casi imperceptible, emergió de los auriculares que aún colgaban de su cuello. Una vibración grave, constante, como un pulso.

La pantalla mostró un nuevo mensaje.

Error crítico.
Protocolo de contención fallido.

Y entonces, como si alguien hubiera decidido hablarle directamente, apareció una última línea:

Bienvenido a Nexus, Noah.

Su nombre.

No escrito por él.
No sacado de ninguna cuenta visible.

El corazón le golpeaba tan fuerte que podía escucharlo en los oídos.

—Esto… Esto no es posible.

El timbre del inicio de clases sonó de pronto, rompiendo el silencio. Voces y risas comenzaron a llenar el aula mientras otros estudiantes entraban sin notar nada extraño.

Para ellos, la computadora de Noah seguía igual.

Pero para él…
el mundo acababa de cambiar.

La interfaz se apagó tan rápido como había aparecido, dejando la pantalla normal, inocente. Como si nada hubiera pasado.

Noah se dejó caer lentamente en la silla.

Sabía una cosa con absoluta certeza:

Aquello que había despertado…
no había sido un error cualquiera.

Y apenas estaba comenzando.




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