Nexus. El despertar de Helix

Capítulo 2 – El Primer Acceso

Noah no volvió a concentrarse en ninguna clase ese día.

Las palabras del profesor se deslizaban por el aula como ruido de fondo mientras su mente seguía atrapada en la imagen de aquella interfaz oscura, en la forma en que su nombre había aparecido en la pantalla sin permiso, sin explicación. Cada vez que cerraba los ojos, veía el mapa circular dividido en colores. Sentía ese pulso grave, como si algo hubiera quedado latiendo al otro lado del monitor.

Al terminar las clases, fue el primero en salir.

—¡Eh, Noah! —lo llamó Kael desde el pasillo—. ¿Vas a desaparecer otra vez o qué?

Noah se detuvo. Kael caminaba hacia él con su típica sonrisa ladeada, la mochila colgándole de un solo hombro. Detrás venían Mira, Lyra y Aiden. Los cinco juntos, como siempre.

—Tengo que enseñarles algo —dijo Noah sin rodeos.

Aiden arqueó una ceja.
—¿Algo tipo “mira este truco genial” o algo tipo “estamos en problemas”?

Noah dudó un segundo.
—Lo segundo.

Eso bastó para que dejaran de bromear.

Se reunieron esa misma tarde en el garaje de la casa de Noah. Era un espacio amplio, lleno de cables, pantallas recicladas y piezas de tecnología que nadie más sabía para qué servían. El santuario personal de Noah.

—Ok —dijo Kael, mirando alrededor—. Esto ya parece una base secreta. Me gusta.

—Cierren la puerta —pidió Noah.

El sonido metálico del portón bajando selló el lugar. Noah encendió su computadora principal. Y conectó su disco externo el mismo que había conectado al sistema del instituto esa mañana, incapaz de resistirse a investigar más ya que había realizado una copia del archivo PROJECT_NX-CORE.log.

—Esta mañana pensé que había sido una alucinación —empezó—. Que tal vez estaba cansado. Pero no lo fue.

La pantalla se iluminó.

Por unos segundos, nada ocurrió.

Lyra cruzó los brazos.
—Noah, si nos hiciste venir por—

La interfaz apareció de golpe.

Oscura. Elegante. Viva.

NEXUS

Mira dio un paso atrás.
—Eso… eso no es normal, ¿cierto?

—No —respondió Noah en voz baja—. Y no debería estar aquí.

El mapa volvió a desplegarse. Los colores pulsaban suavemente, como si el sistema estuviera… esperando.

—¿Qué es esto? —preguntó Aiden.

—Un mundo virtual —dijo Noah—. O algo que intenta serlo.

Kael se inclinó hacia la pantalla.
—¿Intentando?

—Es autónomo —explicó Noah—. Se ejecuta solo. Aprende. Se adapta. Y hay algo más.

Abrió uno de los archivos recuperados.

—Esto era un proyecto científico —continuó—. Una simulación avanzada controlada por un programa experimental llamado Helix.

Al escuchar ese nombre, la pantalla parpadeó.

Lyra lo notó de inmediato.
—¿Vieron eso?

Una nueva línea apareció.

Usuarios detectados.
Compatibilidad en análisis.

—Noah… —susurró Mira—. ¿Nos está viendo?

—Sí —respondió él—. Y eso es lo que más me preocupa.

Antes de que pudiera cerrar el sistema, la interfaz cambió. El mapa se expandió, envolviendo toda la pantalla, y una cuenta regresiva comenzó a aparecer en el centro.

SINCRONIZACIÓN INICIADA

—¡Espera, yo no activé nada! —exclamó Noah.

—¿Qué significa sincronización? —preguntó Aiden.

—Que está intentando conectarse con nosotros.

La luz del garaje titiló.

Un zumbido eléctrico llenó el aire. Los dispositivos alrededor comenzaron a encenderse solos: pantallas, consolas, relojes inteligentes.

—Esto no me gusta —dijo Kael, retrocediendo—. Para nada.

—¡Noah! —gritó Mira—. ¡Haz algo!

Los sensores del sistema se activaron. Pequeños dispositivos que Noah había construido para experimentar con realidad virtual comenzaron a brillar.

—No… —susurró él—. No todavía.

El piso vibró suavemente.

Y entonces, el mundo se apagó.

No fue oscuridad total, sino una transición brusca. Como si alguien hubiera bajado el volumen de la realidad. Los sonidos se distorsionaron, los colores se estiraron, y por un segundo eterno, los chicos sentían que caían sin moverse.

Cuando volvieron a abrir los ojos, ya no estaban en el garaje.

Estaban de pie sobre una superficie lisa, oscura, reflejante como vidrio líquido. El cielo era una mezcla imposible de tonos azules y negros, atravesado por líneas de luz que se movían lentamente.

—…¿Chicos? —dijo Kael.

—Aquí —respondió Aiden.

Uno a uno, los demás aparecieron.

Noah miró atentamente la pantalla de su computadora sin creer lo que estaba viendo, ahora sus amigos se encontraban dentro de un programa, dentro de su computadora cómo era posible.

Cada uno de los chicos llevaba un traje especial.

No era ropa común. Era como una armadura flexible, formada por capas de energía y material desconocido. Líneas luminosas recorrían el diseño, reaccionando a su respiración.

—Ok —dijo Kael, observándose—. Esto es oficialmente lo más loco que nos ha pasado.

Mira tocó su traje, viendo cada uno de los detalles.
—Se siente… como si estuviera vivo.

Lyra no dijo nada. Observaba el entorno con atención, analizando cada detalle.

Aiden dio un paso adelante.
—¿Dónde estamos, Noah?

Noah tragó saliva.

—En Nexus.

Como si su voz hubiera sido la clave, el paisaje cambió. A lo lejos, una estructura gigantesca se alzaba hacia el cielo: una torre inmensa, envuelta en energía pulsante.

Una voz resonó entonces, profunda y serena, en todas direcciones.

Acceso confirmado.
Bienvenidos, usuarios.

El aire vibró.

Han entrado en Nexus.
El sistema ha despertado.

Noah sintió un frío recorrerle la espalda, ver a sus amigos dentro de un programa que parecía una ilusión no lo tranquilizaba para nada.

—Chicos… —dijo en voz alta—. Creo que acabamos de cruzar una puerta que no se puede cerrar tan fácil.




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