Nexus. El despertar de Helix

Capítulo 3 – La Torre

Noah supo que algo iba mal en el segundo exacto en que las pantallas se saturaron de blanco.

—¿Me escuchan? —dijo, inclinándose hacia el micrófono—. Chicos, respondan.

La señal tardó un par de segundos en estabilizarse. Demasiados.

El sistema de monitoreo que había improvisado con cables, sensores y tres monitores reciclados mostraba lecturas imposibles: temperatura bajo cero, picos de energía desconocida, coordenadas que no correspondían a ningún lugar real.

Entonces la imagen volvió.

Nexus apareció ante sus ojos… pero no como antes.

El mundo era blanco.

No un blanco limpio, sino uno hostil, infinito, atravesado por ráfagas de viento que parecían cortar incluso a través de la pantalla. Montañas de hielo se alzaban a lo lejos, y el cielo estaba cubierto por nubes densas que giraban lentamente, como si el propio clima estuviera vivo.

—Estamos en… hielo —dijo Aiden, su voz distorsionada por la interferencia.

Noah tecleó rápido.
—Submundo confirmado: Reino Glacial. Escuchen con atención, esto es importante.

Las armaduras comenzaron a adaptarse.

El traje de Aiden conservó su forma de espadachín, pero ahora estaba cubierto por placas térmicas oscuras, con líneas incandescentes recorriendo la estructura. En su mano, la katana se materializó con un brillo azulado, el filo expulsando vapor al contacto con el aire helado.

Lyra fue la que más cambió.

Su armadura de tigresa se volvió imponente, elegante y feroz. Pelaje blanco con marcas azul glaciar recorría su cuerpo, y desde sus guantes emergieron lentamente las garras, largas, curvas, afiladas como colmillos de un tigre dientes de sable.

—Puedo sentir el frío… —murmuró—. Pero no me afecta.

Mira observó su propio traje, ahora con orejas estilizadas y detalles suaves que contrastaban con el entorno hostil. En su muñeca apareció un reloj, su superficie girando lentamente, marcando un tiempo que no pertenecía a ese mundo.

Kael, envuelto en sombras densas, parecía casi fundirse con la tormenta blanca. Su armadura de guerrero oscuro absorbía la luz, y los dardos emergieron de sus muñecas con un destello venenoso.

—Noah —dijo Mira—. Ese frío… se siente demasiado real.

Noah tragó saliva.

—Porque lo es. Nexus está replicando condiciones extremas. Y hay algo más…

Cambió de pantalla.

En las noticias locales, una alerta tras otra comenzaba a aparecer.

Granizo intenso.
Descenso abrupto de temperatura.
Tormentas invernales fuera de temporada.

—El submundo está afectando al mundo real —dijo Noah, con la voz tensa—. Si no desactivamos esa torre, esto va a empeorar.

—Entonces dinos dónde está —respondió Aiden.

Noah amplió la imagen.

La Torre se alzaba frente a ellos, gigantesca, de un azul profundo, formada por hielo compacto y energía pulsante. Su superficie estaba cubierta de símbolos que se reconfiguraban constantemente.

—Esa cosa… —susurró Kael—. No me gusta.

—Concéntrense —dijo Noah—. Helix va a intentar detenerlos o eso creo.

Como si lo hubiera invocado, el viento se detuvo de golpe.

El silencio cayó sobre el reino glacial.

Y entonces, la voz resonó.

Usuarios detectados.
Interferencia no autorizada.

El aire frente a la torre se distorsionó. Una figura comenzó a tomar forma: humanoide, pero incompleta, compuesta de fragmentos de luz y sombras digitales.

Yo soy Helix.

A Noah se le heló la sangre.

Ustedes son un error.
Una anomalía que será corregida.

Criaturas emergieron del hielo: soldados formados por cristal helado y energía corrupta. Decenas. Cientos.

—¡Contacto visual! —gritó Aiden—. ¡Nos rodean!

—¡Aiden, avanza! —ordenó Noah—. Kael, flanco izquierdo. Mira, mantén el escudo activo. Lyra… tú vas a la torre.

—¿Qué? ¿Por qué voy yo a la torre? —preguntó Lyra dudando de la situación.
—Es lo que me indica el programa, tu solo hazlo —respondió Noah mirando el mapa y los enemigos.

La batalla estalló.

Aiden avanzó como una llamarada contenida, su katana cortando el hielo como si fuera aire. Kael desaparecía y reaparecía entre sombras, lanzando dardos que paralizaban a los enemigos. Mira activó su reloj; una burbuja de energía los envolvió mientras el tiempo de los atacantes se ralentizaba hasta casi detenerse.

Lyra corrió.

Cada paso la acercaba más a la torre. Sus garras destrozaban a cualquier cosa que se interpusiera, su mente clara, enfocada.

—Lyra, cuidado —advirtió Noah—. Helix está redirigiendo energía hacia la entrada.

—Que lo intente —respondió ella.

Al llegar a la torre, Lyra tuvo indicaciones de Noah donde debía ingresar a dicha torre y buscar el núcleo. Lyra no entendía muy bien su misión pero si sabía algo, sus amigos estaban en peligro, sin temor alguno ingreso a la torre, dentro de la misma a lo lejos se pudo visualizar el núcleo, cada paso que daba resonaba dentro de la estructura hasta que por fin una pantalla azul emergió del hielo.

Lyra levantó la mano derecha.

La apoyó sobre dicha pantalla.

Las letras comenzaron a aparecer.

Cod Lyra
Cod Nexus

El mundo tembló.

Helix gritó, una distorsión violenta que sacudió todas las pantallas de Noah.

NO.
ESTE MUNDO ES MÍO.

La torre se fragmentó.

El cielo se quebró como vidrio.

Y entonces… todo desapareció.

Noah cayó de rodillas cuando la señal se cortó.

Un segundo después, los cuatro aparecieron en el centro del garaje, jadeando, cubiertos de escarcha que se desvanecía lentamente.

Las pantallas mostraron un último mensaje:




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