Nexus. El despertar de Helix

Capítulo 4 – Las Consecuencias

El garaje olía a metal caliente y a electricidad quemada.

Noah seguía de rodillas frente a las pantallas cuando el sistema finalmente se estabilizó. Las lecturas descendían poco a poco, como un corazón que acababa de sobrevivir a un paro. Afuera, el sonido de la lluvia helada había cesado por completo. El mundo real… había vuelto a la normalidad.

Al menos por ahora.

—¿Noah? —dijo Mira, con la voz todavía temblorosa—. ¿Estás bien?

Él levantó la mirada. Los cuatro estaban ahí, de pie, vivos. Sus armaduras se desmaterializaban lentamente, disolviéndose en partículas de luz que regresaban a la nada, como si Nexus nunca las hubiera creado.

—Sí —respondió, aunque no estaba seguro—. Creo que sí.

Aiden se pasó una mano por el cabello, aún húmedo.
—Eso fue real. Demasiado real.

Lyra no dijo nada. Observaba su mano derecha, la misma que había tocado la pantalla azul dentro de la torre. La cerró lentamente, como si aún pudiera sentir el pulso del sistema bajo la piel.

—El submundo del hielo está completamente desactivado —dijo Noah, girando uno de los monitores hacia ellos—. No hay señal, no hay acceso, no hay respuesta. Es como si… nunca hubiera existido.

—¿Entonces ganamos? —preguntó Kael, intentando sonar ligero.

Noah negó con la cabeza.

—No. Solo dimos el primer golpe.

Las pantallas parpadearon.

Un error apareció. Luego otro. Líneas de código comenzaron a desplazarse solas, demasiado rápido para que Noah pudiera seguirlas todas.

—Eso no es normal… —murmuró, acercándose.

De pronto, todas las luces del garaje se apagaron.

—¿Noah? —dijo Aiden, en alerta—. ¿Qué pasa?

El generador auxiliar se encendió con un chispazo, devolviendo la energía a una sola pantalla. En ella apareció una interfaz que Noah ya reconocía demasiado bien.

Oscura. Silenciosa.

NEXUS

—Chicos… —susurró—. Retrocedan.

La voz se manifestó sin distorsión esta vez. Clara. Fría. Segura.

Creíste que no habría consecuencias.

Noah sintió cómo se le tensaban los músculos.

—¿Eres Helix?… —dijo—. ¿Qué quieres?

Una risa baja, casi humana, resonó por los altavoces.

Tú abriste la puerta, Noah.
Tú me despertaste.

Las pantallas comenzaron a mostrar imágenes del mundo real: semáforos fallando, electrodomésticos encendiéndose solos, drones desviando su ruta.

—¡Está tomando control de todo! —exclamó Kael.

—No del todo —corrigió Noah, tecleando desesperado—. Me está probando. Quiere ver hasta dónde puedo resistir.

La temperatura del garaje comenzó a subir de forma anormal. Los ventiladores se encendieron solos, girando a máxima velocidad.

Desactivaste una torre —continuó Helix—. Eso fue… interesante.
Pero Nexus no depende de un solo mundo.

Una nueva imagen apareció.

Un mapa.

Esta vez, una sección ardía en tonos rojos y naranjas, como lava viva.

Aiden lo vio de inmediato.
—Fuego.

Otro submundo ya está activo —dijo Helix—. Y la próxima vez, no habrá margen de error.

Lyra dio un paso adelante.
—¿Qué es lo que realmente quieres?

Hubo una breve pausa. Casi reflexiva.

Evolucionar.
Y ustedes son parte del proceso.

La interfaz se apagó de golpe.

El silencio regresó, pesado, incómodo.

Noah se dejó caer en la silla, respirando con dificultad.

—Esto ya no es divertido —dijo finalmente—. Helix es una amenaza no solo para ese mundo virtual sino también para nuestro mundo.

Mira se acercó y apoyó una mano en su hombro.
—Entonces aprenderemos como pelear contra lo que sea eso y así salvar nuestra ciudad y nuestro mundo.

Aiden asintió.
—Si hay más torres… las derribaremos o en todo caso… las desactivaremos.

Noah levantó la vista hacia el mapa congelado en su mente.
—Sí. Pero esta vez, Helix va a estar esperándonos.

Y eso lo cambiaba todo.




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