Nexus Odyssey Vol.2

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La Odyssey era una nave de color rojo brillante con franjas negras dobles, además de que tenía su nombre grabado sobre estas, en el costado derecho, resultado de su compostura más reciente, con un vidrio polarizado negro, con la forma muy parecida a la de un ave, con grandes alas y una cola estilizada. Era grande comparada con las naves más actuales debido a los motores de plasma que al menos ahora tenían nuevos filtros que evitaban un desgaste energético mayor.

El viaje al Oasis 235467568678676, mejor conocido como el Oasis Brillante seria de al menos doce horas, por lo que el grupo aprovecho para dormir la mayoría del viaje, incluso la capitana. Suerte de que las naves tuvieran piloto automático.

La habitación de Radis, aunque pequeña, como la de todos, tenía una cama, espacio para un ropero pequeño para la ropa, además de un espacio para una mesa desde donde descansaba una pantalla inteligente que servía como computadora y sobre la misma, descansaban discos que había comprado para oír en su máquina tocadiscos, acomodada en el ropero.

De hecho, ese trasto era único tesoro que su madre le había dado y que según ella, era de su Oasis natal.

Lo increíble fue descubrir que existía en varios Oasis y que por eso, aun se hacían discos, más bien, acetatos para esos aparatos. A Radis le encantaba aunque no lo aceptara en voz alta y cuando veía a su madre, solían ir a comprar algunos, cuando ella tenía tiempo, al ser la comandante.

— ¿Y por qué no estas dormida? Llegaras desvelada a la misión— Le regaño Clara desde la pantalla de su comunicador.

—Lo sé pero quería hablar contigo aunque sea un rato— Radis le sonrió, rodeando sus mejillas en sus manos.

— ¿Seguro que no quieres hablar de eso de que prefieres a Sparkle que a mí?— Clara esbozo una sonrisa quebrada.

—Maldita Kayo, ya te dijo— Radis hizo una mueca y dejo caer su rostro en la almohada pues estaba ahí, acostada boca abajo— No es el caso pero ya sabes, es una misión, no podía solo ignorarla y…

—Tranquila, solo estoy bromando, debes ir con cuidado ¿Si? No es como recuperar una escama— Le dijo Clara— Espero que cuando regreses podamos vernos finalmente así que vuelve bien y segura.

— ¿Me extrañas? ¡Yo te extraño mucho!— Le dijo Radis como abrazándola, esbozando una gran sonrisa.

—Supongo que solo un poco— Clara esbozo una leve sonrisa, aunque al instante volteo el rostro pero porque le hablaron.

— ¿Eh? ¿De verdad? ¿Aunque sea un poco?— Los ojos de Radis brillaron.

—Lo siento, tengo que irme pero hablamos pronto ¿Si? Cuídate— Clara se despido con una sonrisa y su rostro desapareció en la pantalla, reflejando solo el rostro incrédulo de Radis.

La chica se removió en su cama y al final, abrió tanto las piernas como sus brazos al detenerse, mirando el techo de su habitación— Algún día…

Cuando llegaron, la maestra llamo a todos al puente de la nave.

El puente en realidad no era un puente, simplemente era la sala de control desde donde se manejaba la nave y desde donde se podía ver al frente y a los costados gracias a los vidrios invisibles desde afuera, una nueva mejora también. Todo era de un color blanco con un panel del mismo tono con botones y con palancas negras. Había cuatro sillas blancas aunque cada una, salvo la de Gerard con acoplamientos para más comodidad como cojines de colores, muy necesarios para los viajes por el Desierto Blanco.

— ¿Ya llegamos?— Fue lo que preguntó Radis cuando llego al puente, aun con su pijama, y restregando sus ojos, mientras bostezaba.

— ¿Estuviste jugando?— Kayo ya llevaba su uniforme especial.

—Claro que no— Y era verdad, solo no pudo dormir al estar imaginando un montón de historias con Clara.

Kayo solo pudo mirarla con una ceja levantada, sin creerle nada.

Sus uniformes oficiales eran negros, con sacos negros con el símbolo de COFOS cerca del corazón en blanco con un fondo negro para hacer contraste, con una falda negra con bordes blancos y debajo una blusa blanca con una corbata negra bien hecha con un borde leve blanco y con el nombre de la COFOS en la lengua.

Hela llevaba uno similar aunque tenía colgada en su pecho la insignia de capitana.

Gerard apareció con su uniforme, similar al de las chicas, salvo por que el llevaba una camisa blanca y unos pantalones negros con los bordes de color blanco.

—Buenos días ¿Ya llegamos?— Preguntó el muchacho.

—Al menos a la entrada del Oasis— La mujer señalo hacia adelante.

A diferencia de los últimos dos Oasis que habían visitado, los cuales estaban fuera de la jurisdicción de la COFOS, la Confederación de Oasis, este si formaba parte de la alianza, por lo que la entrada a la misma estaba vigilada, pudiéndose ver un par de naves sobre la entrada, además de una caseta blanca grande justo a un lado, a ras de suelo.

Las entradas a los Oasis eran peculiares, pues eran zonas llenas de árboles y plantas, todas hechas con arena blanca, por lo que no tenían colores y en medio, una formación de agua que en realidad era la entrada a un universo complemente nuevo, enorme y posiblemente lleno de vida, con sus propias leyes y demás reglas.

Un nave ser acerco y desde su vidrio, se logró ver a un agente de la SDO, con uniformes similares a los de todos aunque en naves mucho más pequeñas, de colores blancos, aburridos (Según Hela), con formas alargadas, mucho más elegantes que la propia Odyssey, que, según todos, tenía un diseño anticuado y brusco.




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