El planeta Golden Ball era de color rojo brillante, al menos la tierra que era visible, mientras que el otro cincuenta por ciento eran aguas de color azul brillante, con nubes blancas cubriéndolos y con muchas naves moviéndose de un lado a otro a gran velocidad, rumbo a otros planetas habitados, seguro, muy lejos de ahí.
Lo más importante no era eso, claramente, si no los tres tubos grandes que salían desde el planeta, eran increíblemente altos, pues se notaban desde el espacio, e incluso parecían pasar la atmosfera. Eran metálicos, de color dorado y estaba claro que serían parte del órgano gigante del que hablo Hela.
—Así que no era una exageración— Kayo no pudo evitar admirarlo con los ojos muy abiertos.
— ¡Es una locura! ¡De verdad un videojuego se escuchara increíble ahí!— Dijo Radis con los ojos muy brillantes.
—Si no te rompe los tímpanos, si— Gerard también estaba sorprendido aunque no podía notarse a simple vista.
—Quizá por eso aún no logran ponerlo a funcionar… Quizá se dieron cuenta que era una locura— Hela lo había visto hace años, cuando se estaba construyendo pero verlo completo era un show aparte. Aunque quizá aún no estaba acabado.
La nave se movió a gran velocidad hacia el planeta, entrando en la atmosfera, notándose con mayor detalle los grandes tubos metálicos que formaban el órgano. Había otros tubos más sueños a su lado, e incluso desde ahí se notaba que estaban construyendo un cuarto tan grande como los otros tres.
Eso confirmo la teoría de Hela de que no estaba terminado.
Por otro lado, la ciudad visible era grande y brillante. Incluso de día se notaba todo muy brillante y en algunos lugares parecían estar en una fiesta, con música y gritos constantes. La música se mezclaba tan bien, como si estuviera siendo programada para sonar así y quizá, solo quizá, era el caso.
— ¡Es increíble!— Radis no pudo evitar sonreír un poco ante la escena.
—Hace demasiado ruido pero si, es interesante— Hasta Kayo lo admitía.
—Estamos por aterrizar— Dijo Hela, notando a la gente que se encargaba del tránsito aéreo hacerle señas para que se estacionara con seguridad— Preparen sus documentos, que seguro nos los piden.
— ¿Documentos?
—Ah si— Kayo le paso un par de documentos a Radis, una credencial falsa y una carta que parecía para alguien importante guardada en su sobre amarillo— Lo imprimimos hace poco, como dijo la maestra, es una misión de incognito, así que no podemos decir que somos de la COFOS.
— ¿Y por qué no, pues? Me parece raro ya que no es como otros Oasis…— Radis hizo una mueca.
—Sí pero no podemos alertar a los que buscan hacerle daño a Sparkle, no sabemos quiénes son ni que tanto poder tengan en el planeta, así que hay que ser precavidos— Le dijo Hela presionando su uniforme para cambiarlo a un traje elegante negro completo, de falda, mayas negras y una blusa blanca con rayas y un saco negro, además de una corbata.
—Supongo que tiene sentido— Radis presiono su uniforme para hacer algo similar al de la maestra pero ella no llevaba un saco— Aún así es muy emocionante ¡Finalmente conoceremos a las estrellas!
—Supongo que si— Hela se encogió de hombros.
El traje de Kayo era como el de sus compañeras, pero sin las mallas negras y el de Gerard cambiaba la falda por un pantalón negro y las zapatillas de tacón por unos zapatos negros.
Una vez estuvieron en suelo, si les pidieron sus documentos.
—Pensé que la nave levantaría sospechas…— Kayo se inclinó hacia su maestra.
—No tiene los sellos de la SDO, al menos ya no y las naves oficiales son más modernas, así que para todos es solo un vehículo clásico— Hela se encogió de hombros y aunque no sabía si la Odyssey de verdad era vista como un clásico, ella pensaba que si debía ser vista así.
Y más ahora que sobrevivo a un enfrentamiento con un Exterior. Ese pensamiento le causo escalofríos, como si aún estuviera enfrentándose al frio eterno de ese monstruo.
A ras de tierra, la ciudad era todavía más brillante, con mucha gente que iba de un lado a otro, algunos bailando, otros cantando en voz baja y otros tantos como cualquier persona en cualquier mundo, con prisa o simplemente con aburrimiento. Casi todas las casas se veían como las que verías en otros lugares pero los estudios tenían grandes letreros con nombre rimbombantes que se podían reconocer si te ponías a ver el nombre de las disqueras en los productos físicos o sus sellos en los videos musicales.
Y en todos lados parecían estar teniendo una fiesta, con música diferente, complementándose una con la otra, lo que al menos hizo a Radis moverse rítmicamente mientras caminaban.
De nuevo, era increíble la armonía que alcanzaban.
—Este lugar me marea— Admitió Gerard.
—Es rítmico— Aseguro Radis, moviendo la cabeza— ¿Se imaginan que nos volviéramos un musical?
—Eso no pasa en la realidad— Le dijo Kayo, que de forma inconsciente ya había comenzado a tararear las canciones que se escuchaban por todos lados como si las conociera.
Algunas disqueras o estudios tenían figuras en sus fachadas, como si fueran sus mascotas echas de oro con grandes focos de colores que los iluminaban siempre y otras tenían sus letreros elevados de tamaños irreales, tanto que que parecía físicamente imposible que se sostuvieran por un solo soporte. Otros edificios tenían tubos de transporte de colores que salían por fuera dando vueltas y por donde la gente se movía de un lado a otro dentro del mismo edificio.