Nexus Parte I V: La Singularidad

Recuerdos grabados en fuego.

Amapola Campell no podía recordar su infancia con claridad, más bien su tiempo en la Singularidad pero si podía recordar los tres reinicios que habían pasado en el Oasis 1001 con demasiada claridad. Una claridad dolorosa.

Amapola era una pequeña niña cuando ocurrió el primero. Ni siquiera era consciente de lo que pasaba hasta que fue demasiado tarde.

Le hubiese gustado advertir a su mamá pero incluso si lo hubiese hecho, no habrían logrado hacer nada.

— ¿Qué pasa, mi pequeña?— Pregunto Tiana Campell, notando como esta miraba el cielo con interés.

La mujer era pelirroja, de largo cabello, rasgo que heredo a Amapola aunque esta lo traía corto en ese momento. Era de tez clara, alta, de ojos castaños, de labios gruesos, nariz respingada. Era delgada y de buena figura.

Llevaba un vestido sencillo amarillo con un sombrero de paja que decidió usar cubrirse del sol de ese día para su caminata.

— ¿Qué pasa en el cielo?— Amapola miro a su mamá, denotando aquel número uno en sus ojos, algo que dejo sorprendida a la mujer y bastante alarmada pero no tuvo tiempo ni de acercarse a ella para observarla más de cerca.

Amapola se parecía mucho a su mamá, solo que ella tenía pecas sobre la nariz y unos brillantes ojos azules que por un momento se volvieron rojos gracias a la aparición del número. 

Meteoritos salidos de la nada fueron la medida que se tomó durante ese primer reinicio. Rápido e indoloro, seguramente fue lo que pensaron cuando lo hicieron.

El mayor conflicto ocurrió durante el segundo y tercer reinicio.

Fue ahí cuando los conoció.

Durante el segundo, la humanidad había creado el sistema Oracule, un sistema informático que conectaba no solo todas las redes del mundo, si no que unificaba sistemas que prácticamente nadie pedía que se unificaran pero esto no era para la población si no para los más poderosos y su control mediático.

Desde tener acceso a las cosas más simples como alarmas de carros, sistemas de seguridad privados y públicos, sistemas de entrega de paquetes, publicidad hasta cuentas bancarias y cuentas de redes sociales privadas, el sistema Oracule unificaba todo.

Era el futuro para todos, facilitaba la vida pero también era el parque de diversiones para los hackers que buscaban darse la buena vida o incluso aquellos que solo les gustaba saber más de todos.

Pero incluso entre esos, existían grupos que buscaban derribar al sistema Oracule, sacando a relucir sus usos corruptos, los tratos con la mafia, experimentos inmorales y demás.

Ahí estaba un pequeño grupo de Hackers que buscaba justo esto y que habían estado llamando bastante la atención.

Amapola era de los hackers que solo quería darse la buena vida así que su objetivo era cazarlos para entregárselos al gobierno, esperando una jugosa recompensa que de hecho, ya había sido lanzada al aire en la red.

Esos chicos revolucionarios y tontos habían enojado a peces muy peligrosos— Tarados…

— ¡Baja a comer!— Grito su mamá.

— ¡Voy!— Respondió la chica quitándose los cascos y bajando a comer con su mamá.

Ellas eran de clase media pero eso cambiaría pronto. Lo único que quería la pelirroja era que su mamá estuviera bien y tomando en cuenta los sacrificios que hizo para conseguirle esa computadora, era su deber pagárselo de alguna forma.

Aunque mejor no mencionarle como se lo pagaría.

Cuando terminaron de comer, Amapola se centró en su celular pero este no reaccionaba.

— ¿Y esto qué?— Amapola comenzó a moverle con fuerza.

— ¿Ya lo rompiste?— Preguntó su mamá, al notar que estaba peleando con su celular— Y era el más nuevo…

— ¡No!— Amapola levanto la voz, un tanto nerviosa— Seguro solo se trabo, lo reiniciare ¿Si? Escuche que estos modelos salieron con este desperfecto pero en cuanto haga la actualización, todo terminara.

—Ah, bien, entonces me voy, te deje dinero en la barra para que cenes, me toca cubrir turno esta noche, esos Hackers terminaron destruyendo una planta de energía para evitar peligros pero lo único que hicieron es hacer un caos— La mujer parecía agotada pero no tenia de otra.

—Seguro pronto los atrapan— Le dijo Amapola— Ve con cuidado.

Amapola seguía peleando con su celular mientras subía a su cuarto— Mierda, mierda, reacciona…

—“Lo siento, estabas con tu mamá y no quería que se asustara si comenzaba a hablar con esta voz distorsionada”— Hablo su bocina, lo que por poco la hace saltar. Su computadora ahora tenía el símbolo de un lobo plateado— “Supongo que no necesitamos presentarnos, Amapola Campell”

—Silver Wolf, el grupo de Hackers— Dijo la chica, reconociendo el símbolo enseguida.

—“Tienes diez”— Dijo la computadora— “Notamos que no solo has estado buscando información en lugares interesantes y peligrosos si no que lograste burlar un sistema de seguridad de uno de nuestros puntos de vigilancia… Y que aparentemente te gusta ese conejo deforme”

— ¡¿Cómo que conejo deforme?!— Preguntó la chica verdaderamente ofendida— ¡El conejo Burger es increíble!




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