Nexus Parte I V: La Singularidad

Una cabaña.

Las vacaciones sonaban bien pero las cosas no podían ser tan fáciles como la propia Edwina quería que fueran, pues algunos de esos chicos que debían ser héroes, ahora estaban siendo tratados como criminales.

Diego se quedaría en la base un tiempo pues iba a ser cuestionado sobre sus extrañas habilidades de curación que podrían ser útiles para la humanidad y Hela lo acompañaría pues ella también estaba bajo investigación por su deserción.  

—La fórmula es de mi invención— Aseguro Irene durante su juicio.

Ese día llevaba un traje elegante negro completo, de saco negro, blusa blanca y una falda corta con mayas negras.

—Hermanita, hermanita, no necesitas hacer esto— Diego sujeto su hombro para hacerla retroceder cosa que preocupo a la chica pero no dijo nada— Yo hice la mayoría y la tengo aquí, en mi cabeza porque la base donde estaban esos registros exploto y lo siento pero no se las daré, solo hay una persona que la recibirá y si las cosas salen bien para ella, entonces podría pensar dárselas o al menos, darles pistas para que la descubran ustedes mismos, digo, yo la hice en laboratorios viejos y abandonados así que seguro que ustedes pueden hacerlo en los laboratorios de la más alta tecnología.

Diego llevaba una playera amarilla, un pantalón vaquero y una sudadera roja.

— ¡No se trata de eso! ¡Es un avance único! ¡El futuro de la humanidad…!— Comenzó un viejo.

—Les acabo de decir que no— Diego reafirmo su postura cruzándose de brazos mientras sonreía— ¿Qué planean hacer si no se las doy? ¿Matarme? Creo que sería horrible que un héroe muriera de “causas naturales” tan solo unos días después de la victoria, además, no es por presumir pero ya no pueden matarme. En cualquier caso, mejor abriré un laboratorio propio y yo ofreceré el tratamiento.  

Hela y Edwina se rieron por lo bajo mientras el resto de viejos se veía molesto.

—Pero ¿Qué hay de la deserción de la chica?

—No abogaré por ella porque me golpearía— Diego se encogió de hombros y se sentó mientras Hela se ponía de pie— Pero déjenme decirles que ella fue clave en la batalla final y no sería bueno que la metieran a prisión.

—Eso lo determinaremos nosotros…

—De hecho lo determinaremos nosotros— Diego insistió, sonriendo.

—Mocoso insolente…

—Yo los traicione, y pese a que yo podría explicarles largo y tendido la razón detrás de eso, no será creíble así que aceptaré las consecuencias— Hablo Hela Eira con seriedad mientras apretaba sus puños— Ahora mismo quiero seguir luchando por mi mundo, por favor.

La chica tenía los cabellos largos morenos sueltos, era delgada, cosa lógica ya que era la más flexible de las niñas mágicas, de ojos color gris como una tormenta, de nariz respingada, tez clara, labios gruesos y con un gesto que permitía casi siempre visualizar uno de sus colmillos.

Llevaba una blusa negra y unos pantalones negros de mezclilla.

Los hombres intercambiaron miradas.  

—Ancianos, deben entender que la chica fue clave para derrotar al Kraj pero también es verdad que los traiciono, aun así, no pueden solo meterla en prisión aun. Recuerden que nuestros problemas acaban de comenzar— Comentó Edwina, sentada sobre la mesa que le habían asignado.

Llevaba su ropa de siempre.

Los hombres también vieron la cabeza flotante y la advertencia del fin del mundo.

—De todos modos ¿Tú quién eres?

—Edwina Schrödinger, un gustazo— Dijo al chica mientras hacia una pose de idol.

— ¿Schrödinger? Eres la del gato ¡Es imposible!

—Pero soy la misma, viejito cascarrabias— La chica volvió a hacer su pose de idol— Ni me sorprende que me reconozcan por el gato, el señor Katse tampoco se va a sorprender ¡Hice tantas cosas por la humanidad pero lo que importa es el gato!

— ¿Lo del gato fue verdad? ¿No fue un experimento mental?— Preguntó Diego, mirándola de reojo.

—Claro que fue real— Edwina le sonrió.    

—Ejem… Como sea, valoraremos su condena una vez que terminemos con ese problema— Les dijo Heldegarde. Ella llevaba una blusa blanca, su bata blanca arrugada y unos pantalones negros— Y pese a la chica no será encerrada para siempre ni mucho menos condenada a muerte, de todas formas tendrá que pasar un tiempo en prisión cuando terminemos.

Hela asintió.

Los hombres no parecían muy convencidos.

—Les dije que no iban a poder hacer nada, ni ahora ni cuando terminemos— Dijo Diego, haciendo enojar a los viejos.

Cuando salieron, Hela golpeo a Diego.

—No deberías provocarlos— Le dijo.

—No me dan miedo, ya no— Diego se encogió de hombros y luego miro a Heldegarde— Señora, entonces…

—Sí, Amapola estará lista mañana para usar la formula— Heldegarde había estado coordinando las cosas para que la chica recibiera la dosis en secreto— ¿No necesitas que hagamos otra prueba? Lo de ustedes fue en laboratorios obsoletos.

—Confió en mí y en mi hermana— Aseguro el chico y luego se giró hacia Hela— Disfruta tus vacaciones mientras tanto, iremos, espero que pasado mañana.




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