Nexus Parte I V: La Singularidad

Un simple sensor de energía.

— ¿Y bien? Sácalo de tu alma— Le dijo Diego sentándose ahora en el lugar que ella ocupaba— Necesitaremos otro sillón para que todos podamos sentarnos en estos casos ¡Este está muy cómodo aunque el color no me convence!

— ¿Tu que vas a saber de decoración de interiores?— Preguntó Alejandro, mirándolo con una ceja levantada. Él había escogido el color. 

— ¿Qué sabes tú?

—Ejem, chicos— Celeste los interrumpió.

—Por favor, continua— Le dijo Hela.

—La verdad es que… No sé por dónde empezar— Amapola se sentó en la silla. No tenía muchas ganas de hablar de los tres samsaras que había vivido, al menos de momento así que pensó entonces en el origen de todo— Ya saben lo del desierto blanco y eso así que… Bueno, yo fui creada dentro de la Singularidad, no soy parte de ningún Oasis o universo.

Todos se quedaron sorprendidos.  

—Sí, se podría decir que soy una humana artificial, una de las tantas creaciones de Madre— Aseguro la chica.

— ¿Madre?— Preguntó Diego— La señora Tiara…

—No— Amapola negó con la cabeza— Madre es otra variante de Edwina, solo que esta se centró en la investigación biológica, algo sobre perfeccionar a los seres humanos, la cosa es que yo soy uno de los cientos de miles de homúnculos que creo para dejarlos implantados en los Oasis.

—Creía que todos eran físicos…— Señalo Ulises.

—Si pero ¿Qué harías ahora que has alcanzado la cúspide de tu ciencia y tienes casi todo el tiempo del mundo? Centrarte en otra cosa— Amapola hizo una mueca— Los cinco líderes son maestros en otras ciencias, además de la física. Mi madre es una de ellas.

—Pero…— Hela no supo cómo preguntarlo.

—Los homúnculos no tienen otra función que servir de sensor, su cuerpo está adaptado para sentir fluctuaciones de energía, hasta las más leves y por todo el Oasis, por lo que una sociedad que llega a nivel 2 o 3, es rápidamente identificable por la Singularidad, entonces comienzan su plan de reinicio…— Aseguro la chica— No soy espía, no tengo cámaras ni mucho menos.

—Nunca lo pensamos— Aseguro Alejandro.

—La verdad es que Edwina nos explicó esa parte— Aseguro Celeste, tranquilizándola con una sonrisa.

— ¿De vedad? A mí no me dijo nada— Diego hizo una mueca— Aunque prefiero escucharlo de Amapola.

—No es peligrosa, ni un espía, así que sean buenos con ella, el resto se los dirá ella, seguro— Les dijo Edwina antes de que tomaran el vehículo para llegar a la cabaña desde la Ciudad del Cielo.

—Te creemos— Dijo Navier tomando la mano de Amapola para tranquilizarla.

—Pero ¿Estarás bien? Iremos por ellos, incluyendo tu mamá— Dijo Edward mirándola con atención.

—Como vieron, es la cuarta vez que este Oasis es reiniciado así que…— Amapola apretó su pantalón— Ya no quiero pasar por otro reinicio, si puede evitar que ellos sigan destruyendo vidas e intentare detenerla, detenerlos.

—Suena desesperanzador— Dijo Diego, haciendo una mueca.

— ¿Por qué?— Alejandro hizo una mueca.

—Ella dijo que lo intentará, no que lo lograremos.

—Yo también lo entendí así— Ulises asintió.

—Ni me sorprende, son hermanos…— Agrego Gabino.

—Cállese la boca, viejito— Le dijo Ulises.

—Chicos— Roció negó con la cabeza y también tomo la mano de Amapola quien no pudo evitar apretarla con fuerza, pero a la primera ni le molestaba— ¿Podremos lograrlo? Tú qué sabes un poco más, se honesta…

—Las cuatro variantes que quedan son seres que parecen rosar lo divino— Amapola recordaba muy bien a Madre, una mujer que podía alterar a la humidad y a los seres vivos a su antojo— Sera como enfrentar en parejas a un Kraj.

Eso no ayudo a subir la moral.

— ¿Las cuatro variantes que quedan? ¿Habían más?— Pregunto Alejandro, horrorizado.

—Cinco pero Edwina ya está de nuestro lado, de eso hablo. No hay más, tranquilos— Amapola asintió y todos parecieron aliviados.

—Aun me parece increíble todo eso ¿No? Muchos Schrödinger en un solo lugar— Hela se quedó pensativa. Miles de Krajs no eran mejores.

—Tranquilos, como dije, solo los líderes son como dioses, el resto son gente que se dedica a la investigación dentro de la singularidad, aspirando a convertirse en dioses pero, como ya vieron, pocos lo logran— Amapola los tranquilizo— Aunque si hay algunos que han entrenado para combate, no creo que causen problemas.

Todos se quedaron pensativos.

—Pero bueno…— Diego levanto la voz para sacar a todos de su ensoñación— Estamos de vacaciones ¿No? Deberíamos disfrutarlo en lugar de estar aquí sentados mirándonos con extrañeza.

—Hay que ver que vamos a cenar, mucha plática ya me dio hambre— Dijo Gabino, estirándose en su lugar.

—Tú siempre tienes hambre, si no pregúntale al chorizo del Ale— Dijo Ulises irónicamente.

—Paso de nuevo— Le dijo Alejandro a Diego, quien no pudo evitar reírse.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.